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Lunes, 20 de Mayo de 2013

Columnistas del día

02/07/2012 11:10:00 p.m.

Error conocido no es error

La frase que empleo como título se la escuché hace más de medio siglo a quien fuera mi instructor de Conocimientos Básicos Navales, el hoy fallecido almirante Noel Sánchez Luna. Es una máxima de los marinos que se explica mejor con un ejemplo: si el capitán de un buque sabe que su brújula tiene una desviación de cinco grados a babor, con ordenar los rumbos cargando hacia estribor esos cinco grados, enfilará hacia su destino sin deriva. Compensa el error y arriba a su destino. Esa frase fue lo que vino a mi mente después de leer recientemente a Marianella Salazar y Antonio Sánchez García, personas de mucha sapiencia y por las cuales tengo mucho respeto, pero con quienes voy a permitirme hoy disentir.

Por un lado, la simpar Marianella alega que las intimidatorias máquinas capta-huellas harán creer “a los funcionarios públicos que el Gobierno identificará por quién votaron y (así) torcer sus preferencias, o provocar abstención”, que la multiplicación de centros de votación en zonas bajo control del partido de gobierno se presta para la siembra de “millones de votos fantasmas”, y que la Sala de Totalización del CNE, “blindada por los prestidigitadores del oficialismo sin presencia de técnicos opositores” se convertirá en una caja negra. Y que todo eso configura actos delictivos que buscan la continuación en el poder sin importar la ilicitud de los medios empleados. Por el otro, ese magnífico venezolano nacido en Chile que es Sánchez García saca varias cuentas razonables y opina que “en Venezuela es lógica, filosófica, sociológica y estadísticamente imposible que haya más de 15 millones de inscritos”; por lo cual debe ser falso lo que dicen las rectoras del CNE: que hay “la friolera de 18. 903.143 ciudadanos”. Debe haber, entonces, “más de 3 millones de votantes fantasmas” que se activarán cuando “el funcionario psuvista de turno, civil o militar, aprieta el botón mágico de Smartmatic y en un centro de 500 electores, Chávez cosecha 500 votos y la oposición ninguno”. Y remata: “o resolvemos estas dudas legítimas, racionales y fundadas ya mismo, o nos haremos cómplices del matadero de la República. Llegó la hora de la verdad.”

Ambos escritores tienen razón. Eso lo conocemos todos desde el referendo revocatorio del 2004 y nos lo hemos reafirmado en los procesos posteriores: los rojos se las echan de democráticos para que la escena internacional (y cuatro bobos nacionales) les crea. Pero lo de ellos es la búsqueda de la eternización al mando, por el cual harán cualquier cosa, sin importar lo ilegal o inmoral que sea. Y fíjense en el sustantivo que utilizo: “mando”. Porque ellos no gobiernan, solo mandan tratando de imponer una única manera de ver las cosas, un único pensamiento infligido desde arriba. Uno en el que el individuo no importa y lo que prevalece es el Estado todopoderoso. Lo que es una aberración filosófica: el hombre inventó al Estado para que le sirviera, no para que este lo subyugara y lo convirtiera en su siervo.

Todos estamos al tanto de las ingentes cantidades de dineros oficiales que impúdicamente son empleados en corromper desde magistrados hasta pobres menestrales para ensalzar a quien catorce años, rebenque en mano, le parecen pocos y que busca seguir en el desgobierno hasta tener todo el poder en su solo puño, sin compartirlo con nadie, ni siquiera sus compañeros de ruta. Hasta que no nos reduzca a la ínfima condición de Cuba no estará tranquilo.

Todos sabemos al dedillo que, debajo de la camiseta negra, el árbitro usa otra con los colores del PUS. Que en 4/5 partes del CNE impera el sectarismo por encima de la ética y hasta el respeto a las leyes. Que ninguna calza los zapatos de quienes estuvieron en esos mismos cargos en tiempos mejores de la nación, de mucha más institucionalidad.

Aún así, sigo creyendo lo que me explicó el teniente Sánchez Luna: que a los errores conocidos se les puede enmendar. Por eso, si tenemos claro que el régimen no tiene empacho alguno en hacer tramposerías para prevalecer —en abusar con vivezas pendejas para seguir en la manguangua— quienes no deseamos que siga este estado de cosas tenemos que buscar e implementar acciones que neutralicen los atropellos e ilegalidades que prepara el régimen. Por eso, pienso como Luis Betancourt Oteyza: “tenemos la obligación de denunciar todo lo que está pasando, y lo que estos malandros bolivarianos rojitos están en disposición a hacer, por orden de sus amos fidelistas, e ir preparando la reacción de un pueblo que saldrá a votar y a reclamar su voto (…) no basta con ir a votar ni llamar a votar sino que hay que preparar la rebelión de los votos”. Nuestras acciones serán una contra eficaz ante las trapacerías con que los rojos pretenden atragantarnos. ¡Si se puede! Pero hay que meter el hombro…





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