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Tucacas, isla artificial (171037)

Tucacas, isla artificial (171037)

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Tucacas tiene una isla artificial construida dentro del mar en las cercanías del antiguo fundo “San Rafael” que comienza desde tierra firme y se adentra por una vía sobre pilotes de cemento mar adentro hasta la isla privada donde se han hundido la mayoría de las promesas de todos los presidentes nacidas al influjo de los sueños que provoca el amor por el poder eterno que embriaga a reyes y sus príncipes herederos y a los jefes políticos republicanos y sus herederos naturales y políticos, poder que es como un electroimán, atrayente, ante el cual nadie se puede resistir sin sucumbir a las delicias del poder y al amor eterno por gobernar.Lo cierto es que para rellenar ese mar Caribe han debido usar muchos camiones de tierra y mucho cemento para ir construyendo dentro del mar esa avenida alta sobre bases que soportan las aguas bravías del mar que conduce a la isla artificial a la cual no han sabido darle ningún uso porque ni la terminan, ni la destruyen, impidiendo que los pescadores pasen por la zona porque perderían la vida al chocar contra los muros de cemento sobre la arena al estilo de los palafitos o quintas sobre el mar que un presidente adeco mandó destruir alegando que el mar era un bien de todos los venezolanos y no solo de los poderosos que ejercen el poder real a través del billete del dinero.Tampoco han podido ver realidad la marina que les cobraron y no les construyeron y para asombro las víctimas no han reclamado su puesto de marina para sus lanchas grandes y lujosas. Los pescadores se quedan callados y no reclaman tampoco su derecho a ejercer la pesca o al paso simple cerca de la zona del mar territorial venezolano como tampoco pueden los bañistas usar esa parte del mar porque las olas los llevarían a la muerte contra los muros de la construcción de esa isla donde se suponen iría el casino burdel más importante de América Latina, con bingo, restaurante de lujo, pista de baile y sitio para la concertación de los amores para la gente. La sola construcción afectó la libertad de navegación, la libertad de uso de los mares venezolanos, y es un acto de posesión soberbia frente a todos los gobiernos venezolanos de los últimos años que no se atreven a tomar decisiones al respecto. Con razón un poeta español cantaba “poderoso caballero es don dinero”. La construcción restringe la libertad de los mares y viola no solo normas legales venezolanas, sino hasta convenios internacionales y la propia Constitución venezolana, aparte del engaño que significó cobrar unos puestos de lanchas que no existen y que nadie reclama por aquello de no chocar contra los amos del poder. Ni pueden pescar los pescadores pobres ni pueden disfrutar de la isla artificial los privilegiados ricos. Ésa es la realidad. Pareciera que los pranes no solo mandan en la cárcel porque hay otros pranes que mandan hasta en el mar. La sumisión y la dependencia requieren un estudio especial porque son dos temas muy importantes para el futuro. La historia regional documental de la zona habla de quienes fueron los dueños de fincas similares de Falcón y la tradición legal es demostrativa de que seguimos mirando como si estuviéramos ante la visión del Libertador que solo miró un mundo de hace 200 años y por tanto no sirve para guiarse en estos tiempos de Internet, teléfono, celulares, computadoras, etc. Mientras tanto, ni siquiera con la visión de quienes tomaron el poder en 1959 en Cuba y siguen siendo electos ante la carencia de otros partidos y otros candidatos que puedan competirles siquiera podemos encontrar el faro que muestre el camino para llegar al puerto seguro que tanto soñamos todos los venezolanos que deseamos un país para todos, venezolanos y extranjeros, pero los mafiosos en su lugar y los ciudadanos dentro del entendimiento de que Venezuela debe ser conducida por venezolanos por nacimiento sin otra nacionalidad porque corremos el riesgo de que construyan más islas artificiales ante la inacción gubernamental.