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Martes, 22 de Julio de 2014
26/11/2012 10:32:10 a.m.

Conozca más sobre está tradición

Con velo, cuatro y ropa colorá bailan los diablos de San Millán (149109)

Por Osjanny Montero / AVN

Caracas, 26 noviembre 2012.- La manifestación de los Diablos danzantes de Corpus Christi en la comunidad de San Millán, en Puerto Cabello, estado Carabobo, ha tenido tres interrupciones que han eliminado la característica de continuidad tradicional en las cofradías de Aragua, Guárico, Vargas, Miranda y Cojedes."La historia cuenta que las diabladas se manifestaron en tres avanzadas. La primera se conoció en 1827 cuando en el primer periódico del pueblo un cronista publicó que unos diablitos de diferente colorido se apostaron en la iglesia un jueves y de ahí salieron a desfilar por las calles del barrio", recuerda el segundo capataz de la cofradía, David Bolívar.Sin embargo, con la muerte de esos primeros semilleros la tradición experimentó un receso hasta 1947 cuando "otros hermanos hicieron la rendición pero después se fueron a Patanemo (también en Carabobo) y a Turiamo (en el estado Aragua) y con eso murió la tradición otra vez", agrega Bolívar.Fue en 1973 cuando la actual cofradía revivió la manifestación que busca rendir respeto y veneración al Santísimo Sacramento del altar.Desde ese momento, las fiestas han adquirido rango de herencia familiar. "Mis abuelos fueron diablos danzantes en Turiamo y yo heredé esa condición de diablo promesero", relata Bolívar.Para ser parte de la cofradía, el hombre debe cumplir con tres requisitos: tener más de 10 años, estar bautizado y bailar ininterrumpidamente durante siete años. Bolívar quiso agregarle la condición de promesero a su ritual de diablo, que consiste en cada año rendir un ofrecimiento al altar en señal de agradecimiento por los favores recibidos.El miércoles siguiente a la liturgia de la Santísima Trinidad los diablos entran en procesión al templo y aunque se quitan la máscara del rostro, un velo liviano cubre sus caras de las deidades ubicadas en la iglesia. "Acostados en cruz, los diablos escuchan la misa mientras el cura hace su homilía", dice David.El jueves, que es el día central de la celebración, los diablos repiten el ritual en la iglesia y para ellos la fecha es solemne porque "es la rendición del mal frente al bien". Terminada la liturgia inician el recorrido por la comunidad, amparados en danzas rimadas al sonido del cuatro.Por ser una comunidad costera, el estilo de la danza conserva rasgos muy parecidos a los desarrollados en Vargas y en Aragua.Se baila el caracol o juego en círculo, que consiste en enredar y desenredar una rueda al sonido del cuatro o también se danza la limosna, una suerte de burla al dinero que consiste en esconder una moneda o billete en el bolsillo y hacer muecas repulsivas con el rostro.El vestuario de la cofradía lo define como "colora'o" porque se caracteriza por la multiplicidad de matices. Según las narraciones orales "los antepasados agarraban hojas de los árboles y las machacaban para pintar las camisas y pantalones de caqui. También lo hacían con la pepa del aguacate o con la tinta del onoto", expresa.También, en tiempo pasado, las máscaras eran elaboradas artesanalmente con taparas pero ahora se hacen con materiales más accesibles con alambre moldeable, papel periódico y tintas de colores.Danza sin jerarquíasLa cofradía se organiza en tres capataces que, aunque prestan servicios de guía espiritual, no tienen distinción frente a los otros diablos, quienes van vestidos de colores y accesorios similares."Nosotros no nos jerarquizamos sino que se eligen a los capataces por años de dedicación o trayectoria en la cofradía. El capataz mayor se encarga de preparar el ambiente antes de la fiesta, él coloca todas las protecciones para alejar al mal", explica.Sin embargo, cuando la cantidad de diablos excede los 25 danzantes usuales se nombra a un perrero que cumple la función de organizar a los hombres mientras recorren el pueblo.En San Millán hay un rito secreto que tiene mucho significado para sus practicantes: "Antes de salir de las casas, cada diablo hace oraciones secretas, que sólo él conoce, y no las hace públicas porque son los símbolos que lo alejan de la maldad", resume Bolívar.A las mujeres las llaman "sayonas" y son acompañantes del ritual. "Ellas nos preparan el chocolate, nos dan el agua o están pendientes de si se nos cae la máscara o algo del traje. Ellas llevan un morral con hilo y agujas para cualquier emergencia que se nos presente", comenta.Cuentan mis abuelos"Anteriormente nadie sabía quiénes eran los diablos. Las personas se iban a las montañas a ponerse el traje y regresaban para unirse a la celebración. En ningún momento se descubrían el rostro y cuentan los abuelos que cuando uno se iba pa'l monte había peligro de que a uno se le metiera el diablo, por eso al llegar habían una serie de oraciones que descubrían si lo tenías o no", narra con total convencimiento.Hoy en día los diablos pueden hablar con su rostro descubierto y el traje puesto porque "ahora estamos de verdaíta protegidos por el Santísimo por tantos años de dedicación", destaca.Los Diablos danzantes de San Millán es una de las 11 cofradías que al igual que las de Miranda, Cojedes, Aragua, Guárico y Carabobo celebran las fiestas de Corpus Christi 60 días después del Domingo de Resurrección.En San Millán, y en el resto de los estados, se espera el veredicto de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas e inglés) que dé respuesta a una solicitud hecha por ellos para nombrar la tradición como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

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