Desayuno en la Redacción
29/12/2012 10:32:00 p.m.La asociación civil sin fines de lucro brinda abrigo a 32 niños que estaban en situación de abandono en su casa ubicada en el sector Valle Fresco del municipio Naguanagua
"Abansa Mi Refugio" cultiva una Venezuela más humana y menos violenta
Silmari Rivas Rubin
Valencia, diciembre 29.- Este ha sido un "Desayuno en la Redacción" diferente, de sentimientos, historias conmovedoras y profundas, lágrimas a punto de salir, nudos en la garganta y suspiros hondos, con unos extraordinarios invitados que nos han mostrado una cara muy dura de la vida, pero al mismo tiempo el aliciente para seguir adelante y no desmayar. Tuvimos el honor de compartir nuestra mesa con un grupo de niños de la casa hogar "Abansa Mi Refugio", institución que alberga a 32 infantes víctimas del abandono.
Abel David Salazar, Heidi Mora, María Zenaida Ávila, Karina Montilla y Raquel Bravo con su hermana Topacio, asistieron contentos a la sede de este tabloide, acompañados por "sus padres" Olivia Brito de Salazar y Etni Bautista Salazar, directores de la Asociación Benefactora de Ayuda al Niño sin Asistente (Abansa). Apenas llegaron recorrieron nuestra redacción con evidente curiosidad y esa misma nos motivó a ensañarles, inclusive, la rotativa, en la que también posaron para una fotografía de recuerdo.
Por esta casa editora los recibió Laurentzi Odriozola Echegaray, director del periódico; Margarita Jiménez Márquez, miembro de la junta directiva; Humberto Torres, editor de ciudad; Jorge Cera, editor de fotografía, Alejandra Pérez Medina, redactora de sociales; y quien suscribe el presente trabajo. También participaron en la entrevista los abogados Héctor Pacheco y Antonia Melet.
Etni Bautista Salazar explicó que el objetivo de "Abansa Mi Refugio" es brindar un hogar, protección y educación integral a niños que han sido abandonados por sus familiares. Esta asociación civil sin fines de lucro nació principalmente para mitigar, de esta manera, el problema de la delincuencia que tanto daño le ha hecho a nuestro país. En este sentido, comentó que su fundadora, Elda de Lizcano, ve con preocupación en la niñez abandonada a los delincuentes del futuro.
En la granja "Thowda", ubicada en el sector Valle Fresco del municipio Naguanagua, es donde habita esta gran familia de "Abansa Mi Refugio". Muchos de los niños son especiales, pero reciben asistencia permanente de una psicóloga y de una psicopedagoga, que son pagadas gracias a los aportes del sector privado.
Un grueso de los infantes ha pasado a formar parte de este hogar, debido a medidas de abrigo, colocaciones familiares o abandono hospitalario. "Nuestra función es protegerlos hasta que el Estado decida qué hacer con ellos".
Algunos han llegado hasta sin partida de nacimiento, pero la institución se encarga de hacer el trámite correspondiente y lo mismo sucede con los adolescentes que requieren de la cédula de identidad; no obstante, la asociación busca establecer -primeramente- un vínculo con sus familiares directos.
No es un orfanato sino un hogar con una gran familia
Etni Bautista Salazar narra con orgullo que ellos cambiaron el concepto de orfanato, que rompieron paradigmas: "Para nosotros es una familia muy grande (…) No queríamos que el niño se convirtiera en un número, sino que fuese tratado como un individuo. Ellos están encariñados y apegados a nosotros porque les hemos brindado esa figura paternal, de familia".
Para efectos legales e institucionales, Olivia y Etni son los directores de la institución, pero para efectos prácticos e internos son papá y mamá. "Esto nos acerca más a los niños y les brinda a ellos mayor seguridad, confianza; pero así, lamentablemente, no lo han entendido algunos jueces de Protección ni los consejos de protección del Niño, Niña y Adolescente, que aún tienen aquella estructura de que el niño está ahí, permanece un tiempo y tiene que salir en algún momento", agregó el padre.
La asistencia odontológica es ofrecida a través de la Universidad de Carabobo y la Universidad José Antonio Páez. Los infantes van a diferentes escuelas y algunos ya están en el liceo. "Papá" se encarga de llevarlos cada mañana a sus respectivos centros educativos. En la escuela Elena de Guay están diez de ellos.
A las 5:30 de la mañana comienza el día en esta casa. A esa hora se levantan "papá" y "mamá" para preparar las loncheras y comenzar a llamar a los muchachos, para que se alisten. La bulla es monumental, el alboroto diario llega a cada rincón de aquella casa.
Los cabeza de familia cuentan con colaboradores, quienes son "los tíos". Ellos también pasan todo el día en el refugio y algunos han sido criados en el mismo hogar. Los padres solos, como lo han confesado, no podrían con todos "sus hijos", a pesar del prendo amor que manifiestan tener hacia ellos.
El mantenimiento de la casa es posible gracias a la colaboración prestada por el sector privado, en el que se incluyen algunas familias bastante generosas. Hay tres empresas que están comprometidas con la institución, que colaboran fielmente con ella (Mafre, Protinal y Sofos). "El resto es eventual, pero no tenemos por qué quejarnos", agrega Etni Salazar.
También existen "los padrinos", que durante todo el año están pendientes de sus "ahijados", se encargan de la compra de sus útiles escolares y se los pueden llevar de paseo los fines de semana; eso sí, no fuera del estado. Cada padrino está debidamente registrado, tiene una ficha en el archivo de la casa hogar.
Esta institución solamente recibe del estado la supervisión: "Si lo estamos haciendo bien o si lo estamos haciendo mal", dijo Salazar. Cada niño -explicó más adelante- cuenta con un defensor público que lo visita mensualmente, con el propósito de chequear que todo marche como es debido y si se encuentra bien de salud; aunque, generalmente, se enfocan en las condiciones de las instalaciones de la casa.
El único beneficio que aporta el Estado -insistió- es el permiso para el funcionamiento del hogar. No obstante -siguió- el Gobierno tiene previsto eliminar este tipo de instituciones para buscar familias sustitutas que puedan hacerse cargo de los niños. "Es lo que se está manejando".
Un niño abandonado es el delincuente del futuro
Olivia Brito de Salazar contó que la Asociación Civil "Abansa Mi Refugio" nació primeramente en el corazón de Dios y después en 1985 fue engendrada por una mujer llamada Elda de Lizcano, quien visitaba con frecuencia el retén de Catia, donde para entonces ya no cabía un preso más y se encontraban muchos adolescentes por diferentes delitos, como homicidio y violación.
Este drama llevó a aquella mujer de gran corazón a buscar el por qué había tanta delincuencia, hasta darse cuenta que el niño abandonado, el niño maltratado sería el delincuente del futuro; por eso, comenzó a rescatar a niños que se encontraban en situación de riesgo.
Así nació "Abansa Mi Refugio", con el propósito de brindar a esos pequeños lo que habían perdido, un hogar, una familia, con calor humano y valores. En esta institución, como en toda familia, no se ocupan cargos directivos, gerenciales, ni nada parecido, sino que existen papá y mamá.
La asociación civil sin fines de lucro se ha extendido por el país, cuenta con refugios en Táchira, Anzoátegui, Mérida, Lara, Miranda, Distrito Capital, Barinas y Carabobo.
Olivia Brito de Salazar y Etni Bautista Salazar, oriundos de Maturín (Monagas), llegaron en 2011 al hogar que se encuentra en Naguanagua, en enero cumplen dos años en esta sede. Ahí tienen 32 hijos. Entre el año pasado y este que pronto termina han albergado alrededor de 50 niños, pero no todos se han quedado en el refugio, en virtud a los respectivos procesos llevados a cabo por las instituciones del Estado, entre los que se encuentra la adopción.
Olivia es la mayor de ocho hermanos, para quienes siempre fue con una segunda madre. Desde pequeña le ha preocupado el maltrato infantil. A sus diecisiete años de edad se fue de Punta Mata a Maturín, donde conoció a Etni Bautista, con quien se casó seis años después. En él encontró su gran aliado para llevar adelante lo que considera su misión de vida: Ayudar a los niños en situación de abandono. A los dos les apasiona esta hermosa labor y Dios -como ellos manifiestan- les puso en su camino a mamá Elda, de quien conocieron el proyecto de "Abansa Mi Refugio". "En lo que terminé de ver las diapositivas dije: Es ahí donde el Señor me quiere, quiero ser mamá".
A principio los tildaron de "locos", inclusive, sus familiares cercanos, quienes les preguntaban cómo era eso que iban a criar hijos de otros; pero ellos no hicieron caso a esos comentarios y fue así como en 1989 se van para El Tocuyo (Lara), ciudad que desconocía completamente, para ocuparse a la formación de diez niños. "Después se agregaron más y cuando cumplimos 21 años como padres ya teníamos 120 hijos".
Esta pareja cristiana evangélica ha tenido muchas satisfacciones esto este tiempo, desde ver plenamente recuperados a niños que estuvieron en avanzado estado de desnutrición hasta acompañar a varios de "sus hijos" a sus actos de graduación. De sus familias han salido profesionales en diversas áreas y muchos de ellos han asumido una labor voluntaria en el mismo hogar donde pasaron gran parte de su vida, en hermoso gesto de gratitud.
Olivia dejó claro que esta asociación civil no otorga niños en adopción, no pueden, las leyes no se lo permite. "Nos llaman siempre, incluso personas llorando, para pedirnos niños en adopción, pero nosotros no podemos otorgarlos", añadió.
Al respecto la abogada Antonia Melet, especialista en derecho familiar, acotó que las familias deseosas de adoptar un niño deben acudir ante el Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idena), que es el ente rector en materia de protección a niños, niñas y adolescentes, adscrito al Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Protección Social, con presencia en todo el país.
Adelantó que los requisitos son dos fotografías de frente, copia de la cédula de identidad, copia del acta de nacimiento, acta de matrimonio o constancia de concubinato, constancia de residencia, constancia de trabajo y dos referencias personales con identificación plena de sus otorgantes. Todo esto debe llevarse a la oficina del Idena, ubicada en el piso 12 de la Torre Banaven, Valencia.
Una vez recibido los recaudos -siguió-, el instituto inicia la verificación de los datos y otros procesos que incluyen entrevistas con psicólogos. Agregó que las leyes en materia de adopción han evolucionado: "Anteriormente se decía que la figura de la adopción era para dar continuidad al linaje de la familia, en el caso de parejas que no podían tener sus propios hijos; hoy en día, se habla de la adopción como una institución en beneficio del niño".
Apuntó que muchas familias quisieran adoptar, pero no todas tienen la idoneidad establecida por las leyes que rigen el procedimiento. "Hay personas que pueden contar con muchos recursos económicos, vivir en palacios, pero no estar mentalmente aptas para asumir este compromiso".
Melet conoce la labor de "Abansa Mi Refugio", la cual considera un ejemplo de organización no gubernamental en beneficio de niños y adolescentes en situación de riesgo. Pero -indicó- Es bueno que la gente sepa que a los niños que están en este tipo de instituciones, tanto públicas como privadas, deben hacerles trimestralmente un informe integral, desde los puntos de vistas educativo y psicológico, lo cual permite al Idena analizar si uno de ellos puede ser objeto de la adopción. "El Estado tiene que supervisar, tiene que estar pendiente de la labor que se realiza", manifestó.
Historias profundas
Mientras transcurría la entrevista poco a poco nos enteramos de la vida de los niños que nos acompañaban, aunque preferimos no ahondar en detalles, pues cada uno de ellos representa una fuerte historia.
Heidi Mora acaba de llegar de Porlamar. Ella tiene ocho años que no ve a sus familiares, se sabe que están en Valencia y por eso la trajeron a esta ciudad, con la intención de establecer vínculos con ellos.
Abel David Salazar tiene 11 años y estudia sexto grado. Durante la visita a Notitarde no dejó de tomar fotos con el DS que le regaló su "padrino". Él es muy cariñoso, lo demostró con cada abrazo que brindaba a sus "hermanas".
Por su parte, María Zenaida Ávila llegó a la institución de dos añitos de edad, y actualmente cursa el séptimo grado, como es una de las más grandes debe estar pendiente de sus "hermanos" más pequeños.
A Raquel Bravo le están gestionando cupo en una escuela especial. Ella permaneció atenta a lo que conversaban y siempre se mostró con ganas de intervenir, no dudo en regalarnos una sonrisa cuando sus "padres" se refirieron a ella.
También estuvo Topacio, la hermana de Raquel, de seis años y estudiante de primer grado. Ella es bastante "avispada", como se dice en al argot criollo.
Igualmente vino con el grupo Karina Montilla, quien cuenta con 19 años de edad, cursa quinto año de bachillerato y le gustaría estudiar contaduría o comunicación social. Ella tiene dos hermanos de sangre que también están en "Abansa Mi Refugio".
Ventana
"Unos padres inagotables"
Alejandra Pérez Medina
Son incontables los niños y adolescentes que han recibido la calidez de un hogar en la casa de los estimados Etni Bautista Salazar y Olivia Brito de Salazar, una pareja de orientales que desde hace 23 años dedican sus vidas al cuidado de infantes en estado de abandono o víctimas de maltratos por parte de sus padres biológicos. Comenzaron con esta abnegada labor en El Tocuyo, estado Lara, cuando apenas tenían dos años de casados, sus lazos con la Asociación Benefactora de Ayuda al Niño Sin Asistencia (Abansa) se fortalecieron tanto que luego de 21 años en tierras crepusculares echaron raíces en Carabobo, donde ya tienen dos años brindando amor y cuidado oportuno a estos niños que día a día alegran sus existencias.
Con nostalgia recuerdan que pasado algún tiempo de su unión vivieron un dolor espiritual muy grande producto de la infertilidad, por medio de esta experiencia y gracias al deseo divino de los cónyuges Salazar - Brito decidieron formar parte de la reconocida Asociación Civil sin fines de lucro, tomando el reto de hacerse responsables de diez menores para darles el cariño y llenarse de la ilusión de tener hijos afectivos. Luego de seis años tuvieron la dicha de traer al mundo a su primogénita, Sailyn, a quien consideran un "milagro". Después de ocho años nació su hermano, Abel David, que según ellos es "una ofrenda de Dios".
Son inagotables y además les sobra paciencia, pero ven retribuido el esfuerzo diario con las infinitas manifestaciones de amor de los pequeños, quienes a pesar de haber crecido sin tener el privilegio de una familia no pierden las esperanzas y la fe en Dios.
En muchos casos los "hijos temporales" no dejan el "cordón umbilical" y los visitan de vez en cuando para apoyarlos con las largas jornadas de trabajo, sobre todo en temporadas vacacionales o simplemente para que compartan con "sus nietos".
En la casa de "Mamá Olivia" y "Papá Etni", como son conocidos, se albergan casos excepcionales, a los que ellos se entregan por entero de acuerdo a las circunstancias. La mayoría son niños con afecciones producto de la desnutrición, lo que conlleva a consecuencias graves en su desarrollo, tanto físicas como mentales.
La noble labor de esta pareja interpreta como la gente recuerda el poema "Los hijos infinitos" de Andrés Eloy Blanco, "cuando se tiene un hijo, se tienen todos los hijos del mundo".
El apoyo de colaboradores, quienes amigablemente les han tendido sus manos en esta hermosa jornada, ha sido fundamental en el transitar de los años, al que nos unimos a partir de hoy.