La Costa

Los asesinos en serie más infames

Eric Edgar Cooke el verdugo australiano (2063314)

Eric Edgar Cooke. (/)

Eric Edgar Cooke  el verdugo australiano (2063314)

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Eric Edgar Cooke nació el 25 de febrero de 1931 en Victoria Park, un suburbio de Perth, en Australia.

Su primer gran atraco fue cuando quemó una iglesia tras ser rechazado en una audición para el coro, por ello pasó 18 meses en prisión. A la edad de 18 años fue sentenciado a tres años de cárcel con cargos de incendio provocado y actos de vandalismo en casas a las que entraba. El 27 de mayo de 1952, cuando tenía 21 años, Cooke se unió a las Fuerzas Militares Permanentes, pero fue dado de baja tres meses después, cuando se descubrió que tenía un récord criminal.

Los extraños asesinatos en Perth no tenían patrón, usualmente las víctimas eran apuñaladas, estranguladas y disparadas, motivo por el que la Policía descartó en un principio que se tratase de un asesino serial. Sin embargo, esto tenía a la población de la ciudad totalmente aterrorizada. Los inusuales métodos del asesino eran tan extraños como sus víctimas. Los cuerpos mostraban haber sido apuñalados con cuchillos o tijeras, también tenían huellas de hachazos y disparos de diferentes rifles.

De acuerdo a los reportes, una víctima murió tras atender la puerta de su domicilio. Una pareja fue abatida cuando se despertó mientras Cooke robaba la casa, y dos personas fueron abaleadas mientras dormían. Una víctima fue estrangulada con el cable de una lámpara, y el cadáver fue abandonado en el patio de un vecino, donde Eric violó el cadáver con una botella de whisky vacía.

En la madrugada del 27 de enero de 1963, se escucharon varios disparos en un suburbio de Perth. Cooke mató a dos personas en un carro, entre ellas, un contador a quien le disparó en la cabeza. Posteriormente, John Sturkey, de 18 años, recibió un disparo en la cabeza mientras dormía en su departamento. En una noche similar un hombre retirado que atendió a su puerta recibió un disparo en la cabeza.

Cooke no volvió a asesinar por seis meses, hasta que este patrón se volvió a repetir en agosto de 1963, cuando una estudiante de 18 años fue asesinada de igual forma mientras trabajaba como niñera en el suburbio de Dalkeith. Fue por este asesinato que Cooke fue aprehendido mientras intentaba recuperar un rifle en un arbusto.

Durante la investigación policíaca, los oficiales encontraron un rifle calibre 22 en un arbusto; tras llevarlo al Departamento de Balística, descubrieron que el arma fue usada para matar a Shirley McLeod. Los oficiales regresaron un rifle similar a la escena y ataron un hilo para pescar, y esperaron a que su dueño lo recogiera. Después de 17 días, el asesino regresó para recogerlo, y el 1 de septiembre de 1963 se acercó a recoger su rifle y los oficiales lo apresaron.

En la confesión de Cooke, se descubrió que él había asesinado a Rosemary Anderson, una adolescente de 19 años a quien arrolló con su vehículo mientras ella caminaba por la calle, tras haber discutido con su novio John Button. Los oficiales se quedaron sorprendidos por la memoria del asesino, quien narró con mucho detalle todos los homicidios y robos que había realizado.

El asesino fue encontrado culpable de haber asesinado a una cosmetóloga, a quien apuñaló el 30 de enero de 1959, y también se le culpó de estrangular a una trabajadora social en West Perth, el 16 de febrero de 1963.

En el juicio de Cooke, el presidente del Tribunal Supremo, Sir Albert Wolff, lo llamó un “villano mentiroso sin escrúpulos”. La defensa de Cooke dijo que él sufría de esquizofrenia, pero esto fue ignorado y fue sentenciado a muerte el 28 de noviembre de 1963.

Por ser encontrado culpable de 8 homicidios y 14 intentos de asesinato, Eric Edgar Cooke fue la última persona en morir en Australia Occidental, el 26 de octubre de 1964. El asesino fue enterrado en el cementerio Fremantle, sus restos permanecen encima de la tumba de Martha Rendell, una homicida de niños que fue la última mujer en ser ahorcada en la prisión de Fremantle, en 1909.