Lectura Tangente

Tuning

Columnista, Notitarde, Marisol Pradas (Notitarde/)

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Marisol Pradas



La realidad es como es, le dijo el viejo Presente (le decían así aunque su nombre en cédula era Presentación) a Virginia, su nieta, mientras ella comía el apetitoso plato de espaguetis con salsa de atún que le había preparado Yaya al mediodía, pero que ella, a las seis y media de la tarde, saboreaba con enorme placer.


Siete años en la tierra y ya le ha dado por ser artista, canta, toca instrumentos de percusión y siempre tiene una activa imaginación, con humor además, que hace reír a todo el que la conozca. 


Por supuesto el abuelo la dejaba comer su almuerzo-cena mientras él divagaba en seguir hablando y callar ante la inquieta niña que tenía delante, con los cabellos rebeldes recogidos en una cola, que le hacían ver una cabeza prominente.


-¿Me estás escuchando?, le preguntó y ella asintió con la cabeza, aunque también estaba viendo el televisor.
-Sí abuelo… usted dijo la realidad es como es…, le repitió encogiendo los hombros.


Presente no pudo más que reírse para sus adentros… realmente la muchachita había entendido bastante a juzgar por el movimiento de su cuerpo.


El fuerte olor de la salsa de atún, condimentada de más, le hizo apartarse un poco de la mesa e ir a sentarse bajo la mata de Pomalaca, ya sin temor que una le cayera en la cabeza, porque toda la cosecha la había botado. 


El resto de los nietos estaba bastante cerca de él, cosa rara, porque siempre estaban en sus cuartos frente a sus computadores. Pero se había ido Internet y por eso, reunidos allí, hacían comentarios que él ni quería ni podía entender.


Pero hubo uno que le llamó la atención. Hablaron de una mujer tuning. Esos términos siempre le habían llamado la atención y los pensaba muy bien para sus adentros. ¿Cómo sería?
Él sabía de esos vehículos que acomodaban. Se puso a pensar. El asunto era de estética y también del vicio de mostrar. De exhibir lo que se tiene y lo que tampoco se posee. En los carros les cambian cauchos, rines, asientos; les colocan metales vistosos, plataformas; un equipo de sonido bien escandaloso y quizás algo del interior del motor también es mejorado. No lo sabía.


La vecina le debió "endiablar" la mini laptop un hacker para ponérsela tuning, sin duda, porque ahora se la pasaba en la acera de la casa pescando una señal gratuita para ver quién sabe qué cosa por allí.


No era difícil adivinar lo que llevaba una mujer tuning. Lo mismo que un carro en realidad. Delanteros, traseros, guardafangos modificados para lo mismo, llamar la atención; y, lo último que sabía que habían inventado: elevar la autoestima.
Volvió a reírse para sus adentros y en eso vio que Virginia estaba jugando muy cerca de él, hablando sola, en su mundo, abstraída. Después vio que se metía con un sapo que andaba por el jardín al que intentó quemar con un par de "cebollitas" que le echó y que cayeron bastante cerca del animal que parecía sordo, porque ni se movió. La luz le daba a los ojos puntiagudos y se veía raro el anfibio.


-Virginia, ¿tú eres una niña tuning?… le preguntó, socarrón, en espera de sus siempre alegres respuestas.
Ella lo miró sin entenderlo esperando que él le explicara lo que era. Pero él tan solo se sonrió. 


Pero como Virginia estaba al tanto de todo, escuchaba lo que los demás hablaban, aunque ni lo notaran, fue a preguntarle a su primo qué significaba esa palabra tan rara que ellos nombraron y que el abuelo le repitió.


Con la flojera y el fastidio de siempre, éste le contestó algo que la enredó más en el laberinto de lo que no entendía; demasiado, para su edad.
Se acercó a Presente que estaba casi dormido y se asustó un poco cuando ella se le acercó para preguntarle si quería contarle un cuento. Le trajo además el mismo libro de siempre, el que leían casi todos los días.


-No tengo otro y ese me gusta…


Para ver si le prestaba la debida atención, él fingió leer pero le estaba contando otra cosa a lo que ella reaccionó muy rápidamente y le hizo enfocarse en la historia de siempre.
-¿Para qué quieres escuchar la misma historia Virginia?
-Porque siempre me dice cosas distintas…


-Pues si es así, es eso muy bueno. Porque son muchos los que se aferran a una única historia que además siempre les dice lo mismo. No pierdas esa claridad, Virginia. La realidad es como es, como te dije antes, pero ella misma te puede dar buenas, diferentes y poderosas lecturas.
Ella se mostró satisfecha consigo misma, una vez más. La palabra rara se le había olvidado. No importaba. Volvería y la entendería. 



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