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Sábado, 25 de Mayo de 2013
29/06/2012 10:28:00 p.m.

Camino a una victoria

El 10 de junio comenzó otra historia. Se esfumó la guerra de encuestas. Se desinfló la burbuja irrespirable de la hegemonía comunicacional. El ánimo volvió al cuerpo de quienes estaban afectados por la supercampaña oficial destinada a remachar la invencibilidad del candidato continuista.

La gente volvió a ponerle más oído a la calle que a las invenciones de los laboratorios de Miraflores. Se liberó de la cárcel mental que la ataba a la enfermedad del presidente. Comenzó a caminar con paso propio. La marcha en Caracas le restableció el sentido de responsabilidad con la necesidad de frenar y cambiar el rumbo del país.

Capriles, no el otro candidato, pasó a ser un tema central de la participación electoral. El interés por el retador prácticamente desplazó la preminencia ya cansona de la enfermedad del otro. Y es que el candidato de la unidad ha cumplido una hazaña, admirada por sus seguidores y admitida por quienes no lo son: en menos de un mes demostró su capacidad para convocar multitudes y establecer con ellas una conexión afectiva. El mejor discurso de Capriles son sus éxitos en Caracas y en pueblos del interior del país que constituyen una señal contundente de lo que va a ocurrir el 7 de octubre.



Censo mata encuestas

La afirmación censo mata encuestas es un principio universalmente aceptado. Ciertamente ninguna muestra puede ser más confiable que el universo entero que representa. El último censo electoral hecho en el país, las elecciones parlamentarias de 2010, arroja que la oposición tiene el 52% de los votos. No existe ninguna razón y menos algún indicio real de que esa mayoría se haya erosionado en dos años.

Al contrario, se ha vivido un proceso de aglutinamiento de fuerzas políticas y sociales como nunca antes había ocurrido en Venezuela. Se escogió un candidato mediante un debate participativo y una respetable asistencia. Se dejó atrás el ciclo del fuera Chávez y se ha logrado ir más allá de la condición opositora. Es en el círculo oficialista donde la masa no levanta y donde están haciendo lo imposible para contener fugas como la que ha minado sus bases populares en Monagas.

Todas las encuestas conocidas hasta ahora corresponden a trabajos de campo hechos antes del acto de inscripción de Capriles. Hay que esperar los nuevos sondeos que, sin duda, reflejarán el cambio que está emergiendo por todas partes.



El miedo en la otra acera

En la cúpula roja, cada vez menos conectada a su base de apoyo, hay un miedo que se está colando. Un temor a perder que les devuelve una última energía para intentar, vanamente, detener la caída.

Saben que sus ofertas tienen límites. En su programa bandera, la misión vivienda, podrán entregar apresuradamente unos miles de apartamentos, sin títulos de propiedad porque están contra ella, pero dos millones quedarán sin techo. ¿ Cómo van a reaccionar estos venezolanos que vieron desaparecer su esperanza y se quedaron con un papelito en la mano?

Los altos jerarcas huelen que están mal y que en cualquier momento pueden entrar en picada. ¿Si estuvieran sobrados para qué empañar su imagen internacional confiscándole su derecho a voto a veinte mil electores de Miami?, ¿Por qué evitaron la inscripción de nuevos electores? ¿A qué se debe tanta triquiñuela para asociar el acto de votar con elementos de política terror que asusten a votantes y atraigan abstención? Están asustados porque entienden que no hay ningún motivo para darle seis años más a quien tanto dejó de cumplir durante catorce.



Buscar los votos

La mejor herramienta para ganar es la política. Una necesidad de cambio sentida puede más que cualquier operativo de captura de votos. Pero aquella necesita el auxilio del trabajo invisible, anónimo y paciente de cada uno de nosotros para convencer a un abstencionista o conseguir en nuestro entorno un nuevo socio para la victoria.

Lo decisivo es tener y mantener una política para movilizar y hacer crecer la mayoría. Una política como la que está levantando Capriles, que no se enganche con el pasado ni se ate a la confrontación con el otro candidato. Una política para llevarle confianza a quienes quieren cambiar su voto pero tienen dudas razonables para hacerlo. Una política de soluciones sostenibles y progresistas para cumplirle a los sectores populares promoviendo su ascenso social, sin reciclar la pobreza ni convertirla en grillete para hacerlos más subordinados al Estado.

Capriles es la esperanza de más y mejor justicia social sin autocracia: por ahí va el camino, siempre difícil y curvero, pero que cada vez más venezolanos quieren transitar sin discriminaciones ni exclusiones. Un camino en el que importa más hacia dónde se quiere ir que de donde se viene.

Es una política rodeada de una enorme pasión cívica por Venezuela. Por eso el otro candidato será inevitablemente derrotado. Ya ha perdido antes. El 7 de Octubre será su tercera y definitiva caída.

@garciasim


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