17/07/2012 11:02:00 p.m.Crónicas de disidencia
La reconquista democrática
La marcha de Caracas constituye un paso más de la alternativa democrática y de su candidato Henrique Capriles hacia Miraflores. Es la continuación de un esfuerzo en la búsqueda de mejores caminos para la reconquista de una democracia renovada y auténtica. Para el reencuentro de los venezolanos en un sistema de libertades y de justicia que supere las fallas del pasado y entierre de una vez las tendencias primitivas de las ambiciones caudillistas y dictatoriales.
Se trata, en definitiva, de una apuesta entusiasta para conformar una institucionalidad política abierta y plural, eficaz y eficiente, y federalista.
Antes de la llegada del chavismo al gobierno en el país se libraba un debate de índole progresista y descentralizador, sobre el cual se montó Chávez para ir desnaturalizándolo poco a poco con sus anacronismos y visión reaccionaria del poder. Esa discusión aperturista, en mal momento desechada, debe retomarse de nuevo para abrirle a las instituciones del Estado la posibilidad de una genuina renovación.
El tema referido a la importancia de los estados y municipios debe plantearse nuevamente con fuerza para derrotar el centralismo desfasado que el régimen quiere instaurar como una novedad. Las llamadas instituciones intermedias- estados, municipios, parroquias y consejos comunales- deben constituir el eje vertebrador de una institucionalidad política que permita al Estado nacional su desarrollo estable y armónico.
Pero los estados deben retomar la vitalidad perdida reconquistando las competencias y los recursos que un centralismo trasnochado les ha venido sustrayendo sistemáticamente hasta convertirlos en meras entidades vacías e inermes.
Los propios gobernadores se han convertido en instrumentos del gobierno nacional para liquidarlos y anularlos como factores de progreso y desarrollo. Medidas muy graves se han venido aplicando contra los estados ante el silencio cómplice y sumiso de la mayoría de los mandatarios regionales. Estos estados postrados y disminuidos, deben despertar, reviviendo así el espíritu federalista que desde el inicio mismo de la Independencia marcó su aliento histórico como un desiderátum.
Los mandatarios estadales están obligados a acatar la Constitución para que asuman responsablemente las tareas y atribuciones que allí se señalan como propias de sus funciones de gobierno y administración. A este respecto es urgente la reforma de la Ley del Consejo Federal de Gobierno, haciendo de esta institución el organismo encargado de ordenar y facilitar todo lo relativo al proceso de descentralización y transferencias de competencias del poder nacional a los estados y municipios. Este tema descentralizador debe ser una preocupación y un acicate permanente de gobernadores y alcaldes para encontrarle sentido a la transformación del país y coordinar también el desenvolvimiento de las políticas públicas en conformidad con lo que establecen las normas constitucionales del 99.
Sobre este asunto hay que plantear una argumentación inteligente y contundente, porque allí se abre ampliamente un sendero a través del cual se comienza a observar inmensas posibilidades de restauración democrática para la sociedad venezolana.
Esto, desde luego, también le incumbe a los gobernadores y al liderazgo chavista, pero es necesario y urgente que ellos den inicio al debate que pueda demostrar la existencia de una comunidad política que no tiene solamente una voz y un dueño.
Llegó el momento de la descentralización y la Asamblea Nacional es el escenario indicado para adelantar una discusión de esta naturaleza.
Pero, para ello, es necesario ganar las elecciones del 7 de octubre e inaugurarle a la nación una época de esperanza y transformación que le devuelva la paz y la sana convivencia de todos.
dabacalao @cantv.net