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Lunes, 21 de Abril de 2014
08/03/2013 12:00:30 a.m.

Mujer y Universidad (170129)

Dra. Jessy Divo de Romero

En Venezuela el ingreso de la mujer a la universidad se produjo, como en el resto de los países latinoamericanos, con un importante retraso, debido primordialmente a una concepción desigual de la función que ella estaba llamada a desempeñar en la sociedad.Este desacierto histórico, para fortuna de nuestra sociedad, se ha subsanado paulatinamente en la universidad venezolana, pues nuestra institución ostenta como rasgo esencial, el de ser ejemplo paradigmático de objetividad, con el cual procura la verdad sin favorecer interesadamente unas ideas o individuos por encima de otros.Y aunque dicho ingreso, como hemos dicho, no ha sido súbito, ni equitativo, es innegable que, cada vez más, las mujeres hemos podido abrirnos paso, removiendo obsesiones milenarias, desafiando el entorno social y transformando nuestra realidad cultural, para penetrar las aulas universitarias tras la rigurosa búsqueda de un conocimiento puesto al servicio de una cultura compartida.El 8 de marzo, cuando celebramos el Día Internacional de la Mujer, los universitarios celebramos también estos logros, frutos de nuestros talentos y habilidades intelectuales.Para ello, hemos debido consagrar nuestros días al estudio, como fuente de saber e independencia. Con ímpetu, hemos tenido que imponer nuestras virtudes en un contexto frecuente de resistencia al cambio, y hemos debido promover el debate relacionado con nuestras propias aptitudes para allanar el acceso a nuevas y positivas realidades.Hoy, el escenario universitario es más amable, y de su seno emergen, permanentemente, inéditas oportunidades. Las necesidades productivas, así como el mandato de la sociedad en favor de una educación más igualitaria, han mostrado valores que hasta ahora habían sido ignorados.Sin importar procedencia, estatus socio económico, orientación religiosa o filiación política, la mujer de nuestra comunidad universitaria ha alcanzado un posicionamiento científico y académico equitativo. La fuerza laboral del país, representada en un gran porcentaje por la mujer, se ha expresado en la Universidad de Carabobo mediante una fuerza laboral personificada en un personal docente, administrativo y obrero que tiene rostro femenino.Nuestra condición de madre, a la que estuvimos destinadas casi exclusivamente durante mucho tiempo, nos entrenó para desarrollar capacidades de atención competente en distintos asuntos y con peculiar éxito. Y nuestra formación académica, forjada en una sociedad laboral dominada por hombres, nos templó el carácter para promover un cambio de paradigmas con el que hemos ayudado a crear un escenario pleno de oportunidades en condiciones de igualdad.Como mujeres gerentes tenemos una visión amplia y profunda de los problemas del país, y en un ejercicio de plenitud humana, colocamos dichas competencias al servicio de la gestión pública y privada, con un grado elevado de honestidad y eficiencia, legando a nuestro entorno laboral el equilibrio que hemos aprendido a mantener entre familia, hogar y profesión.Los cambios sociales han marcado una transformación positiva de nuestras aulas, y en la misma medida, de nuestro entorno social. Es por lo que en la actualidad podemos asegurar que los procesos de enseñanza-aprendizaje, tanto para las nuevas cohortes de estudiantes que ingresan a la universidad, como para quienes aspiran a la docencia y a la investigación, se han impregnado de mayores factores de estabilidad, influencia y autoridad, con los cuales podemos alcanzar objetivos tangibles integrales para el desarrollo personal y también comunitario.Hoy tenemos una presencia determinante en los asuntos públicos y en la toma de decisiones de la vida política del país, y, como no podía ser de otra manera, iguales derechos de participación en el campo laboral universitario.Por estas razones, cuando celebramos un nuevo Día Internacional de la Mujer, no tengo dudas en afirmar que la revalorización de nuestros aportes en la transformación de la academia, tanto en sus estructuras institucionales como en sus orientaciones, métodos y contenidos, -y en la incorporación de otros saberes y experiencias-, han sido esenciales para darle un nuevo valor y significado no sólo al conocimiento que se imparte en nuestras aulas, sino también en la forma de relacionarnos con nuestro entorno laboral y ciudadano. Todo ello representa un poder con el que hoy estamos en capacidad de construir una ciencia que al tomar en cuenta las especificidades, puede responder a los intereses particulares y colectivos, con un señalado acento universal.

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