Campamentos vacacionales (7106)
06:04 p.m. 05-08-10

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Campamentos vacacionales (7106)

En esta época del año se organizan y se ponen de moda los campamentos vacacionales para niños y adolescentes. Hace veinticinco años tuvimos la oportunidad de participar como guía en un campamento en el Parque Nacional El Ávila o Guaraira Repano. Un profesor de la universidad invitó a un grupo de estudiantes de ingeniería forestal a trabajar como guías en los campamentos que Inparques había organizado para la época de vacaciones escolares. Fue una experiencia enriquecedora, constructiva, fueron vivencias que sin duda me marcaron para toda la vida. ¿Cómo no va a marcar el hecho de vivir más de un mes en El Ávila, es decir, en contacto con la naturaleza, lo cual permitió que uno profundizara en el entendimiento de conceptos relacionados con el ambiente, permitió la integración de los mismos y que se reforzaran convicciones que a partir de ese momento han sido el fundamento y la plataforma que orienta nuestros actos en la vida? ¿Zumbido capitalino? Cuando llegué a El Ávila por primera vez, uno de los guardaparques del puesto Los Venados invitó a los guías del campamento a conocer el sector La Zamurera. Allí hay un mirador desde donde se observa la ciudad de Caracas y también se puede escuchar un zumbido que inicialmente uno cree que se trata de una avioneta que se aproxima, pero no, lo que se escucha es el ruido que genera la capital de Venezuela; realmente es una experiencia increíble, impresionante. Mundo infantil Particularmente tuve la oportunidad de trabajar con los más pequeños y con los más grandes, lo cual me permitió establecer comparaciones entre infantes y adolescentes. A ambos hay que prestarles atención, mantener el diálogo y ser infinitamente comprensivos. Confieso que prefiero lidiar con los infantes, porque ellos representan el mundo de la pureza, son menos complejos que los adolescentes. Recuerdo cómo los pequeños se integraban fácil y rápidamente hasta el punto de cultivar la amistad, sin importar la religión, el estrato social, el sexo o la procedencia. Con los adolescentes la situación cambiaba, a esa edad hay otras expectativas, hay reacciones diversas, una veces de niño, otras veces de adulto; son impredecibles. Actividades Nos regíamos por una programación rigurosa, la cual consistía en ejercicios físicos, caminatas por diferentes sectores del parque, juegos de salón, juegos tipo comando, títeres, teatro, cantos, charlas y prácticas de sobrevivencia en montaña, charlas de educación ambiental, producción de plantas, reforestación y jornadas de limpieza del parque, entre otras. Afecto familiar En esos campamentos se ven diferentes casos, pero una de las cosas más conmovedoras fue descubrir que había padres que inscribían a su hijo o hija para librarse de ellos. Esos campamentos duraban dos semanas y en una oportunidad un padre me preguntó si podía dejar a su hijo otros quince días continuos; incluso dio a entender que no lo soportaba en casa. Recuerdo a otro niño que evidentemente mostraba falta de afecto y su identificación y apego con la guía de su patrulla era evidente. Los demás guías ayudábamos a brindarle afecto. Anécdota En una oportunidad un niño de origen indio me pidió que le dejara comer carnes rojas; sus padres habían ordenado no darle ese tipo de alimento por razones culturales y religiosas. El pedimento del niño fue tan sublime que yo hice caso omiso a los dogmas religiosos, rompí la disciplina y dejé que comiera carne hasta más no poder. Lo importante es que a él ese hecho lo hizo feliz.