"A mi amigo Don Felipe Quintero"

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Roma, abril de 2015.

A MI AMIGO DON FELIPE QUINTERO…

Dios ha donado a la Iglesia de Valencia del siglo XX la gran luz de su laicado, Don Felipe Quintero. Su personalidad ha sido referencia en el quehacer eclesial de varias generaciones además del mundo civil y de modo especial en lo que ha significado él para San Blas. En él se recogen las grandes crónicas civiles y eclesiales del siglo XX valenciano, hasta haberse convertido en fuente de lo que hoy los cronistas carabobeños han podido reconstruir. Desde su juventud se caracterizó por el ímpetu progresista para la Iglesia de aquel momento, pero unido siempre a la gran Tradición de nuestra Iglesia católica, de modo especial con el lustro de enseñanzas del boom de las encíclicas sociales. Siempre gozó de la admiración por su autoridad ejemplar por parte de los Padres de la Pasión, ductores importantes en el desarrollo de la parroquia moreña por más de 70 años. Su sinceridad y transparencia en su verbo ha sido la mostración del valenciano auténtico, en la combinación simultánea y agradable de la elegancia con la  popularidad. Por su gen natural corría el talento musical que hacía conectar el siglo XX valenciano con sus grandes tradiciones de otros tiempos, músicas que siempre estuvieron al servicio del pueblo, de las escuelas y de modo especial a la liturgia y a la Virgen del Socorro. Desde muy joven tuvo que trabajar y contribuir al progreso de su familia, lo que le ayudó a su vez a comprender la identidad del laico en la santificación de su trabajo. Como cristiano fue siempre celoso de la identidad del seglar en su compromiso ante el mundo, supo testimoniar con su ejemplo el sentido de la tarea del laico sin pretender jamás una clericalización como tampoco un laicismo. Fue crítico permanente del clericalismo aun habiendo sembrado amistades con innumerables presbíteros, obispos, dentro y fuera de Carabobo, como también crítico delante las tareas pertinente de los laicos. De joven, acompañando a la acción católica, mostró apoyo a la Iglesia diocesana de Mons. Adám y con gran devoción al Papa Pío XII, aunado a su naturalidad crítica y valiente, siempre tan necesaria para una Iglesia cuanto más sea una Iglesia  de los jóvenes. Por consiguiente, en Felipe queda demostrado que una Iglesia no avanza si no se les escucha a los jóvenes. Con el pontificado de Mons. Lebrún trabajó por el sentido de la parroquialidad y con la difusión del Vaticano II dentro de la vida diocesana; Don Felipe fue de la convicción que el verdadero sentido de la parroquialidad es lo que hace que las comunidades maduren frente las pretensiones personalistas de sus líderes. Lo que hace la historia de un pueblo es la parroquialidad, lo otro no deja nada en el tiempo como para luego recontar. De allí su gran interés de contactos con las parroquias populares que se fueron desarrollando en Valencia en los años 70. Con Mons. Henríquez prosiguió y desarrolló la devoción de la Virgen del Socorro en todas las parroquias,  la consolidación de estructuras parroquiales en lo referente de construcciones de templos, decoro litúrgico e iconografía cultual; formó parte importante del Sínodo Arquidiocesano de 1987. Fue persona de gran confianza para el hoy Cardenal Urosa, acompañándolo en empresas misioneras y apostólicas encomendadas de modo directo por el mismo Arzobispo, como lo fue en la fundación de la Vicaría de San José de los Naranjos y en la consolidación de caritas diocesana. Todo un creativo autodidacta en lo referente a lo que él llamó “las prensas parroquiales”, producto de su ordenado interés de custodiar en el tiempo su archivo personal sobre la difusión parroquial. Aun habiendo tenido una admirable formación cultural, propio de su gen y siendo parte de movimientos importantes de la difusión cultural e histórica de la región carabobeña, y siempre respetado por las instituciones, nunca se doblegó ante un poder político, económico o de abolengo familiar, antes bien, su identidad cristiana lo llevaba siempre a bajarse ante los más pobres y humildes que conseguía, sin mostrarle jamás un desprecio, su casa la distinguió en su elegancia histórica por su acogida a los más sencillos. Ya lo he dicho varias veces, me siento orgulloso de que el inicio de mi ministerio se desarrolló bajo la guía de un laicado serio y crítico, que me despejó las ínfulas de cualquier pretensión, hoy más que nunca me siento convencido de que presbíteros y seglares participando del único sacerdocio de Cristo, nos miramos por iguales delante de Jesús solamente como meros discípulos de su Reino, sin supraposición del uno sobre el otro. Después de amplias reflexiones, de estudios y de contemplación del mundo que se nos avecina, puedo decir que el futuro práctico de la evangelización de la Iglesia será de los laicos.

Gracias Felipe por tu vocación y gracias por tu amor a mi familia, y por tu legado ejemplar para Valencia…y nos esperamos hacia la consumación en la Luz de Cristo.

 

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