A cocinar con leña… ¡No hay Gas!

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Rubén Limas Telles
Rubén Limas Telles

En múltiples comunidades de Carabobo, los vecinos amanecen en todos los municipios, desde las 4 o 5 de la mañana, esperando algún “operativo” de venta de gas doméstico. Atrás, muy atrás, en la cuarta, quedaron los tiempos en que el servicio de gas tenia días de la semana específicos para hacer su recorrido en cada comunidad, se bajaban las bombonas en la puerta de la casa y hasta instalaban el cilindro. Hoy, simplemente, no hay gas.

No importa si la esperas en tu comunidad o te trasladas hasta el “llenadero”. Lo escaso se hace costoso, si la encuentras rápidamente tienes que “bajarte de la mula” y bien “bajado”, si esperas el “operativo” pagas con horas de la madrugada lo que te ahorras en efectivo (si, en efectivo, porque aún no recibo noticias de pagos por transferencia de ese servicio) y, en ambos casos,  se está expuesto a que ese día, esa semana o ese mes, simplemente no se encuentre el cilindro tan afanosamente buscado y los vecinos tengan que encontrar leña para cocinar. La CEPAL señala que además de una de las más terribles enfermedades pulmonares como lo es la enfermedad obstructiva crónica (EBPOC),el humo de la leña tiene incidencia en la tuberculosis, y las cataratas. Muchos estudios señalan que cocinar con leña es peor que fumar, y está asociado a muertes y enfermedades prematuras.

Todos en el hogar sufren. Muchas personas no llegan a sus trabajos por intentar comprar la bombona (muchas veces los operativos son informados con un día o menos de anticipación), algunas veces son los hijos adolescentes los que pierden clase a razón de ello o, en otros casos, son los adultos mayores del hogar los que pasan trabajo en una cola tan dañina como las del cobro de pensiones. Las bombonas son pesadas pero igual tienen que acarrearse hasta la casa, muchas veces los vecinos son atracados en la vía para quitarles el cilindro, que valga decir es sumamente costoso en el mercado negro, pero a todo eso se exponen las familias que intentan satisfacer sus necesidades más básicas.

Muchas cosas han ocurrido para que estemos presenciando la crisis del gas, todo inicia con el campeonato de demagogia practicado desde el más alto gobierno cuando nacionalizó la distribución del Gas, luego controló los precios de los cilindros (al punto en que hoy el cilindro más pequeño cuesta, oficialmente, Bs.S. 0,005) y, finalmente, nunca invirtió en mejorar el servicio hasta que la infraestructura de PDVSA – Gas colapsó. La promesa populista ayer era “gas barato”, la realidad de hoy es: No hay gas para nadie.

Sin embargo, lo más triste de este escenario infernal es que la gente es conminada a “morderse los codos” de la rabia en silencio. Se prohíbe la protesta por gas, no se puede trancar una calle sin que un oficial de la policía o la guardia aparezcan rápidamente preguntando “¿Quién es el líder?”.  Todos, no importa que tan justo sea nuestro reclamo, tenemos asignado una celda o una bala con nuestro nombre esperando el turno para ser usada. A todas estas, alguien en una oficina gubernamental recibe beneficios del mercado negro del gas, tiene camisa roja y se dice “revolucionario”, su negocio tiene sentido por la escasez de gas y no hay ni autoridad, ni legalidad que se respete. Todo esto es el hombre nuevo, del que nos hablo y nos habla esta falsa revolución.

Rubén Limas

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