Abierto por duelo (2331683)

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Una pregunta se me ha estado apareciendo en distintas formas en los últimos días. La primera vez la envió un televidente de un programa al que fui invitado a hablar de los temas que trato en esta columna, la segunda en forma de título de un libro que destacó entre muchos otros de una vidriera, la tercera se la hizo una persona al maestro Alejandro Jodorowsky en un video que encontré en la web:  ¿Cómo afrontar la pérdida de un ser querido?

Es un tema que me toca en lo personal, aún no se ha cumplido un año desde que mi pequeña Ana Paula abandono este plano, por supuesto no puedo eludir la pregunta. Un amigo terapeuta me dijo hace poco, que estando tan reciente mi duelo, no estoy listo para escribir sobre él, pero pocas veces he esperado a estar listo para algo antes de atreverme a hacerlo.

Antes que nada, quiero decir que no soy un experto en la materia, no soy sicólogo, psiquiatra, ni terapeuta. Todo lo que escribo en esta columna y en el blog lo hago desde mi experiencia, hablo sobre lo que me ha tocado vivir y comparto cosas que he ido encontrando en el camino, cosas que me han parecido interesantes en la esperanza de que a alguien mas le sean de utilidad como lo fueron para mí.

Lo primero es aceptar que duele, duele muchísimo, y debe ser así. No hay atajos, hay que vivirlo. Lo bueno es que pasa. Todo pasa.

La respuesta que le dio Jodorowsky a la persona en la conferencia es lo más acertado que he escuchado al respecto:  Poco a poco el dolor decrece y el amor aumenta . Es así, lo vivo en carne propia.

No debemos negarnos a aceptar ayuda, es bueno tener a alguien con quien conversar y no tragarse los sentimientos, pero quien nos escuche debe entender que estamos en un proceso doloroso y este proceso lleva su tiempo, que no es el mismo para todo el mundo, y no se puede acelerar.

No van a faltar los comentarios bien intencionados que buscan aliviar, y nos darán razones para no sufrir, y trataran de animarnos de mil maneras, se agradece, ayuda, pero hay que aceptar que el dolor está ahí y va a permanecer un tiempo, y nos toca aprender a vivir con él.

En mi caso, lo que me ha ayudado enormemente es un cambio en mis creencias, adopte una nueva forma de ver la muerte, antes pensaba que era el fin, no tenía una creencia clara acerca de lo que pasaba después. Ahora lo veo como un cambio, estoy convencido porque así lo he sentido, de que hay algo más. Podrán pensar algunos que esa idea no es más que un consuelo, pero lo cierto es que nadie puede aportar pruebas de que no sea verdad y si me hace sentir mejor entonces no veo porque pensar lo contrario.

No pasa un día en no piense en mi hija, y le doy gracias a Dios por los momentos que pude estar con ella, al principio uno piensa en que no está pero poco a poco va valorando más el tiempo que estuvo.

Pienso en lo que ella hubiese querido de poder hablarme y me sirve de aliento para tratar de ser mejor persona, alguien de quien ella pueda estar orgullosa, además quien te ama no quiere verte sufrir y menos aún ser la causa de ese sufrimiento, así que prefiero recordarla con amor y felicidad.

Por supuesto hay momentos en solo sentimos dolor, es normal, no hay de que avergonzarse, pero repito, la lección más grande que he aprendido: Todo pasa.

Humberto Segura.

Coach de Bienestar

Twitter: @humbertosegura

email: [email protected]

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