Africa mina de oro negro (2204147)

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Para una mejor comprensi?n del tema tratado, podemos preguntarnos: ?qu? era un esclavo y qu? significado ten?a en la estructura productiva? Y decimos: un medio y a la vez instrumento de producci?n. No era persona sino cosa, carente de derechos y sujeto de deberes. En el r?gimen de producci?n esclavista ten?a el significado y valor de una simple propiedad, comprable o vendible como cualquier otro instrumento: un arado, una bestia de carga o silla, etc.

El c?mulo de prohibiciones que hoy pudieran parecer absurdas, eran sin embargo comunes en la estructura de la sociedad colonial. Las Leyes de Indias prohib?an a los esclavos poseer bienes de fortuna: disposiciones menores no les aceptaban tener, “ni espada, ni pu?al, ni daga”. A los agricultores s?lo se les permit?a el uso de “un cuchillo de un palmo sin punta”, y si era pe?n vaquero, una peque?a lanza para desjarretar ganado. En el funcionamiento obreril de los trapiches, exist?a la prohibici?n de mezclar indios con negros. S?lo pod?an casarse entre ellos mismos, y los hijos nac?an esclavos. Se les vetaba montar a caballo… Incluidos juntos a los indios, mulatos, negros libres y zambos, entre las “castas inferiores”, les era vedado andar de noche por las calles. No pod?an pasar de una hacienda a otra, y mucho menos pernoctar fuera de su h?bitat.

Dadas las circunstancias de que algunos esclavos, mediante trabajos adicionales como artesanos o agricultores (sembraban arboladillas, especialmente de cacao) generaban riqueza particular, una Real C?dula del a?o 1768 les concedi? tener un peculio, privilegio que les permit?a a su vez ahorrar hasta trescientos pesos, que era un precio convenido para poder comprar su libertad.

Esclavos en el continente africano los hubo siempre… Dentro de la estructura de tribus y comunidades eran sometidos a servidumbre los prisioneros de guerra, los condenados por determinados delitos, o quienes voluntariamente decid?an la sumisi?n. Lo que convirti? la esclavitud en abominable y terrible condici?n humana, fue la trata de negros. Los mercaderes de carne humana trastrocaron los modos de vida de todo un continente. Se fomentaron entonces guerras tribales en busca de un bot?n viviente. Se pactaba con reyezuelos la compraventa de aldeas enteras de hombres y mujeres, ni?os y ancianos. Se organizaron grupos mercenarios para la captura de negros. Se puso precio a los seres humanos…

En la misma medida en que eran devastadas las poblaciones ribere?as del mar, se penetraba territorio adentro, hasta el coraz?n mismo continental. Se calcula en millones los emigrantes forzados durante m?s de tres siglos que dur? el tr?fico negrero. La movilizaci?n de un contingente humano de tan grandes proporciones, oblig? a la adopci?n de una log?stica especial. Los iniciales barracones para almacenar cautivos se transformaron en fortificadas factor?as, ya que el arrebato violento de la captura presupon?a una continuidad igualmente violenta durante un largo proceso, hasta llegar al hacendado comprador. El traslado desde el coraz?n africano a la costa oce?nica ocasion? la mayor p?rdida de vidas: el treinta por ciento (30%) de los capturados tierra adentro, mor?a en el viaje al puerto de embarque.

Para los monarcas de Espa?a, Portugal, Dinamarca, Francia e Inglaterra, y las compa??as mercantiles holandesas, Africa era una mina de oro negro.

Los contratos (llamados “asientos”) significaron grandes ganancias, capaces de convertirse en fuente principal de ingresos para los pa?ses involucrados en la trata.

La industria naval bot? al agua una nueva modalidad de embarcaciones: los barcos negreros.

Al convertirse el afroide en una pieza imprescindible del engranaje productivo, las exigencias econ?micas obligaron a los pa?ses tratantes a estructurar un andamiaje jur?dico sost?n de la acci?n. La trata de negros se convirti? en asunto de Estado, vital para el desarrollo del sistema capitalista de producci?n.

El establecimiento de monopolios para controlar el negocio esclavista caus? problemas internacionales que terminaron en guerras. Unas de la tantas soluciones fue declarar el rey Carlos III, por Real C?dula del 28 de Febrero de 1789, la libertad de comercio, lo que elimin? el privilegio de las compa??as responsables del traslado de africanos a las costas de Am?rica. Puerto Cabello fue habilitado entonces como puerto receptor de esclavos, sin que se permitiera a quienes realizaban la trata, surtirse de mercanc?as para el tornaviaje.

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