Albersidades

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Cayito

En 1958 se inauguró el nuevo edificio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, una obra magistral de Carlos Raúl Villanueva. Un enorme edificio donde, en aquel entonces, sobraba espacio para los no más de 200 alumnos que lo ocupábamos. El flamante edificio tenía muchas salas sin usar, permanentemente ociosas. Creado con visión de futuro.

Los alumnos, o mejor dicho, sus padres, debían desembolsar gran cantidad de dinero para la adquisición de los costosos materiales que necesitábamos para nuestros dibujos, planos y maquetas. Madera balsa, trozos de liquen importado para simular árboles, cartones de variados colores y espesores, láminas de corcho para representar el terreno y de plástico transparente para las ventanas y vitrales, etc. Y ni hablar de la base de la maqueta, que se le encargaba a un carpintero. Mucho dinero y sacrificios.

A alguien se le ocurrió la idea de crear una cooperativa para comprar esos materiales al mayor y vender al costo dentro de la misma Facultad. Se le pidió al decano Julián Ferris, la concesión de un espacio de unos 100 metros cuadrados para instalar allí la cooperativa. Sería atendida por los mismos alumnos, quienes se turnaban según las horas libres de clase o taller de cada quien. Compañerismo del bueno.

Pero surgió un problema: reunir el dinero para comprar el inventario inicial. Otra vez debo decir “a alguien”, pues la memoria no me alcanza para recordar los nombres de aquellos emprendedores compañeros; pero lo cierto es que ese “alguien” propuso la idea de montar un espectáculo cómico y musical donde participarían los mismos alumnos, cobrando una módica suma por la entrada. Entre nosotros ya descollaban José Ignacio Cadavieco, “Pepeto” López y Rafael “Cayito” Aponte, a quien intento recordar en estas “Albersidades”, luego que nos dejó la semana pasada. Aponte, además de una fulminante chispa humorística, poseía una maravillosa voz de barítono, potente y de amplio registro. Juntos formamos parte del grupo de voces bajas de una “Coral de Arquitectura”, de corta vida porque la directora se cansó de que los ensayos terminaran siempre entre chistes y risas.

Además de los contadores de chistes e imitadores como Cadavieco y “Pepeto”, había entre los alumnos un buen número de aficionados. Una Noelia Hernández, que cantaba rancheras y hasta su vestido de mariachi tenía; un Julio Felce que después devino tenor operático; una banda musical cuyo pianista era el versátil Víctor Álvarez; un Enrique Garibaldi, con su repertorio carioca aprendido en su paso por una universidad brasileña; un efímero dueto “cañonero” de Gerónimo Puig y quien esto escribe, etc. El tiempo convirtió al “Show de Arquitectura” en toda una institución. Cada presentación era un auditorio lleno.

Por aquella época frecuentaba nuestra casa de estudios un joven recién llegado de Barbacoas, excelente contador de chistes e imitador, a quien con gusto le brindábamos el almuerzo en el cafetín de la facultad a cambio de sus chistes. Su nombre: José Manuel Díaz, hermano de Simón. Joselo también se incorporó al “Show de Arquitectura”, aunque no estudiaba en la facultad.

Luego vino otra historia menos lejana: La Radio Rochela en la luego “expropiada” Radio Caracas TV, y la potente voz de “Cayito” despidiéndola: “Se va la audición / que le vaya bien / pedimos perdón / por lo de recién”.

Descansa en paz, Cayito. Algún día nos encontraremos de nuevo en alguna etérea parte, para disfrutar con tus ocurrencias y unas “frías”.

Pero espero que no sea todavía.

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@peterkalbers

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