Albersidades

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Que se muden ellos

La semana pasada, una residente de la Urbanización El Trigal se quejó por la falta de agua que aqueja a los habitantes de Valencia desde hace meses, sin que parezca haber solución, o que el régimen se esté ocupando de resolver el problema, y mucho menos preocupado por él. Olvidando que hace unos meses “Draculito”, en su afán de protagonismo mediático, grabó un video donde aparece quejándose de que en la “Quinta Carabobo” no había agua para llenar la piscina, olímpicamente le respondió a la dama con un “Múdate”. Respuesta tan lacónica es rara en él, pues suele ser muy elocuente en sus apariciones públicas, abundantes cuando esporádicamente está en Venezuela. Si a ver vamos, quien se quejó primero por la carestía de agua fue él; y quien debía haberse mudado antes era él. Y uno tiende a pensar que ciertamente lo hizo, a juzgar por las esporádicas apariciones del pintoresco gobernador. Su fortuna no le impide ir y venir por sobre el Atlántico cuantas veces le dé la gana.

Pero más raro es que un jerarca del régimen invite a un opositor a abandonar el territorio donde habita. Es como si Nicolás “El Voluminoso” explícitamente invitara a los venezolanos a abandonar el país. Cosa que sí hace en forma indirecta, empeorando hasta la desesperación la calidad de vida de quienes buscan en otras latitudes paz, seguridad, alimentos, medicinas y las posibilidades de trabajo que aquí no tienen por la crisis económica que el régimen se niega a reconocer. Así sea, como despectivamente comentara King-Kong, “lavando pocetas”. Si es que no mueren en el camino, y sus restos quedan como hitos a la orilla de los caminos y carreteras de Colombia, Ecuador y Perú. Tal vez deberán algún día erigir un monumento a “El Caminante Desconocido” en alguno de esos páramos donde nuestros compatriotas han muerto de hipotermia y hambre.

No se vislumbra una solución a la crisis. Luego de crear falsas expectativas, que no engañaron ni a los economistas ni a los productores y comerciantes, con la alharaca de un bolívar no soberano sino mocho, como lo llamé la semana pasada, los ilusos se han despertado con que con el tal “soberano” se compra menos que con el “fuerte”, que tampoco lo fue nunca, y que el salario mínimo, zarandeado como muñeco de trapo en boca de perro bravo, no alcanza ni para un cartón de huevos.

El venezolano de a pie (nunca tan apropiado el calificativo) están volviendo a hacer colas en su banco para retirar hasta lo que éste decide fijar como límite, para rendir los escasos billetes que el Banco Central ha puesto en circulación. Hasta los pensionados se sienten engañados, al no poder retirar en efectivo la totalidad de su pensión, viéndose obligados a pagar sus alimentos con las tarjetas de débito, por cuyo uso los comerciantes y bachaqueros aplican un grosero aumento al precio fijado para cuando se paga en efectivo. Sal y agua para el bolsillo.

El régimen se ahoga en su propio detritus, y las “soluciones económicas” resultan tan inefectivas como el pataleo de quien ha caído en arenas movedizas. Palos de ciego.

Un rayo de esperanza se vislumbra en las reuniones de la OEA para ocuparse de la tragedia venezolana. Ojalá no sea una fugaz centella que se apaga tras las rimbombantes declaraciones llenas de “diplomatismos” y felicitaciones a sus autores por lo bello y preciso de su redacción.

Pero algún día venceremos, y el régimen y sus colaboradores deberán huir hacia algún sitio donde los acepten sin taparse la nariz. Ese día volveremos a tener Patria.

Así, con mayúscula.

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@peterkalbers

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