Albersidades

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La angustiosa espera

Un ganadero, teléfono en mano temblorosa, capta un video donde se aprecia la parte posterior de la casa donde reside en su finca. Un rústico corredor, donde una mujer realiza su labor de hogar. El teléfono apunta de un lado a otro, las imágenes saltan dentro de la pantalla, haciendo difícil apreciar lo que ocurre. Entre improperios y maldiciones, el hacendado se dirige a unos hombres de bluejean y camisa negra, de cuerpos atléticos, propios de gente entrenada. Los acusa de invasores, y de pertenecer a unos “colectivos”, como suele llamarse a las bandas armadas, especialistas en atropellos y agresiones a quienes se oponen al régimen dictatorial. Asimismo expresa su certeza de que los invasores pertenecen a la temida Guardia Nacional Bolivariana.

El invasor a quien se dirige el hacendado (en el fondo se ven otros merodeadores de la misma calaña) pretende ingresar a la rústica vivienda, avanzando con paso firme hacia el desesperado hombre que, sin embargo, no suelta el teléfono y sigue grabando. A su lado, un niño observa asustado la escena, y el defensor de su propiedad le ordena penetrar en la vivienda. El hombre, pistola al cinto al más puro estilo “Juan Carlos Loyo”, sigue avanzando hacia el inerme hacendado, mientras lo amenaza con llevarse a la fuerza, o al menos sin la anuencia de su legítimo propietario que no tiene forma de impedir el robo, todo el ganado y demás productos del fundo.  El final del incidente no se conoce, así como no se tienen datos sobre las identidades de invasores e invadidos, ubicación o fecha del mismo.

No importa. El hecho parece repetirse en todo el territorio nacional. Fracasado el intento de la dictadura por frenar la inflación galopante mediante el absurdo recurso de mocharle cinco dígitos al ya miserable bolívar, se muestra desesperado ante la debacle económica que venimos sufriendo. Los campos abandonados por falta de semillas, fertilizantes, abonos e implementos agrícolas tras las expropiaciones de empresas como Agroisleña; desoladas las urbanizaciones industriales como la de nuestra ciudad, que otrora fuera orgullo de los valencianos, por la falta de materia prima nacional o importada y las desatinadas medidas de control del régimen, que sólo sirven para acelerar la espiral inflacionaria que ya cae en lo que los economistas llaman “estanflación”.

Parece que ya el cubano Raúl dijo que los pensionados son un estorbo, y que deberían quitárseles las pensiones. De ser cierto, será la sentencia de muerte para muchos venezolanos que, luego de pasar su vida trabajando en pro de la patria y en el mantenimiento de su propia familia, ven que su única fuente de ingreso podría ser cortada por la simple opinión del verdadero mandamás de Venezuela.

Nuestros jóvenes, preparados en nuestras universidades, se suman a los demás compatriotas de las más variadas profesiones y oficios en un éxodo sin precedentes en nuestro país. No pretendo profundizar aquí en asuntos de economía. No es materia de mi dominio, y otros expertos han predicho hace ya mucho tiempo lo que está ocurriendo, mientras parece que el único que no está enterado es el señor Maduro y sus secuaces. Mister Bisteck se empeña en acusar de nuestros males al país vecino, a las lluvias, a Trump, a la oposición y a todos los que se le ocurran. Menos a él mismo.

Los venezolanos esperamos, lamentablemente con demasiada paciencia, que Mister Bisteck se convenza de que la única causa de nuestros problemas es él. Ese día sabrá lo que tiene que hacer.

¿Qué estará esperando?

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@peterkalbers

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