Albersidades

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Peters Albers
Peters Albers

Cachos

Amigo Vladimir. Hace tiempo que no sé de Usted. Siempre me escribía notificándome su desagrado con las “Albersidades” que, según pude entender, leía con asiduidad. Disculpe que utilice su nombre y no un seudónimo, pero no se preocupe: hay muchos chavistas “Vladimir” y “Ernesto” por ahí, llamados así por sus padres comunistas; los primeros por Lenin y los segundos por Guevara.

Sus primeros escritos estaban cargados de fanatismo, odio y lugares comunes, propios todos del pensamiento marxista. Recuerdo que la primera vez, tal vez confundido por mi nombre (así como Usted no tiene la culpa del suyo, tampoco yo la tengo del mío) pensó que yo era extranjero y me mandó a regresarme, en un tono bastante grosero, al sitio de donde había venido, que no es otro, como se lo informé oportunamente, que nuestro muy querido Puerto Cabello, de donde soy nativo.

Recuerdo todavía sus retahílas de consignas aprendidas en algún curso intensivo de marxismo, o leídas en alguna literatura “revolucionaria”, o aprendidas en algún viaje de acucarachamiento mental a su Cuba amada. “El pueblo, unido, jamás será vencido”, “Camina la espada de Bolívar por América Latina”, “Hasta la victoria siempre” y “Patria o Muerte” eran frecuentes salpicones en su correspondencia. Y últimamente, en los últimos estertores del régimen de su adorado Hugo, recuerdo de sus escritos la abundancia de amenazas de represión donde las palabras “Kalashnikov” y “Zukhoi” contradecían las promesas de amor y paz de los líderes tan admirados por usted.

No sé si el giro que le han dado sus asesores cubanos al régimen de Maduro, o la evidente corrupción en todos sus estamentos, tanto civiles como militares, el hambre inocultable de un pueblo que hurga en la basura en busca de algo que comer, así sea podrido, o el estado de deterioro de la salud del pueblo que tanto dicen amar, le han hecho morigerar el lenguaje de sus últimas respuestas a mis artículos, pero lo cierto es que, antes de dejar por completo de dirigirse a mi dirección de correo, su tono era menos amenazante y ¿por qué no decirlo? se adivinaba en él una cierta decepción por el giro que había venido tomando la “revolución bonita” en la que usted afirmaba vehementemente creer.

Leyendo su correspondencia me ha parecido Usted alguien que ama la lectura y se interesa por la política y, a pesar de que su escribir es un poco atropellado y con exceso de mayúsculas, quisiera pensar que es usted una persona que razona y, no obstante su fanatismo, es capaz de sumar dos más dos y mucho más. Y eso me hace sospechar que su silencio de un tiempo para acá se debe a falta de respuestas a mis planteamientos sobre lo que ocurre con nuestro querido país, arruinado, famélico y además maula. Atrás quedaron sus encendidas frases sobre el “triunfo de la revolución”, “la felicidad del pueblo” y “la derrota del imperio”.

¿Qué le pasó? ¿Desilusión y desengaño, peores que un ratón del día siguiente al festín con licor de mala calidad? ¿O un “guayabo” parecido al que sufre quien descubre que su mujer le es infiel y de lo cual (como siempre), es el último en enterarse? ¿Por qué no he sabido más de Usted, le apena reconocer que estaba equivocado? ¿Le duele saber que el clavo al cual se aferraba estaba oxidado desde siempre?

Y eso parece que es lo que le está pasando al pueblo que antes creyó en Chávez y ahora sufre las consecuencias de su ingenuidad: Ha descubierto que el régimen le pone cachos. Y no sólo goza en el engaño, sino que además se lleva los corotos de la casa.

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@peterkalbers

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