América Latina, sin anticuerpos para combatir el chikungunya

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Redacción internacional, 16 agosto 2014.- El Chikunguña se propaga más rápido por América Latina y el Caribe de lo que se tarda en aprender a escribir y pronunciar correctamente su nombre.

El virus ha causado la muerte de 21 personas e infectado a unas 6.000 en la región, una cantidad relativamente menor si se compara con otras afecciones similares, pero lo que en realidad preocupa a los expertos es que los latinoamericanos no han desarrollado aún anticuerpos contra la enfermedad, debido a su relativamente reciente aparición.

En otras palabras: toda la población latinoamericana es susceptible de contraerla.

Como el ébola, que es ahora una preocupación global, el chikunguña tiene un certificado de bautizo en el África: el nombre nativo del virus quiere decir “doblarse por el dolor” en lengua makonde. Fue también en esta región donde se comenzaron a reportar, a partir del 2004, los primeros brotes de la enfermedad que luego se extendió a Oceanía, el sudeste asiático y algunas zonas de Europa.

Y ahora ha llegado a Latinoamérica.

Los primeros casos se detectaron a finales de 2013 y hasta hoy se sospecha que más de 500.000 la han contraído, principalmente en el Caribe. El virus se expande con rapidez: la última noticia es que ya llegó a tierras australes con dos casos confirmados en Argentina.

No es para menos, el virus del chikunguña se aloja en el mosquito aedes aegypti, el mismo vector que el dengue, un viejo conocido de la región que tan solo el año pasado enfermó a más de 2,3 millones de personas.

Fernando Lavadenz, experto en salud del Banco Mundial, explica cuáles son las causas del incremento de casos en Latinoamérica y el Caribe, y qué medidas podrían adoptar los Gobiernos.

Pregunta: ¿Por qué da la sensación de que la enfermedad "viaja" más rápido que otros virus?

Respuesta: Estamos en el siglo de la migración y de los viajes frecuentes, y por lo tanto, en un contexto de rápida propagación de enfermedades. Hasta la fecha, hay 30 países afectados en las Américas —Argentina es el último—  y la mayoría a causa de casos “importados”.

Para darnos una idea, solo en EE UU, nueve millones de personas viajan anualmente a las islas del Caribe, donde se inició el chikunguña en la región. Con seguridad, algunas de estas personas no usaron protección y fueron picadas por el mosquito aedes aegypti. Al trasladarse de vuelta a su país en la etapa de viremia —cuando el virus ya está en el torrente sanguíneo— se convierten en potenciales transmisores de la enfermedad al ser picados por mosquitos que no tenían el virus, lo que comienza la diseminación. En la actualidad hay casos autóctonos como resultado de eso.

Otra razón es que está enfermedad “no existía” en la región, por lo que el ciento por ciento de la población latinoamericana y caribeña es susceptible a contraerla. Es decir, no hay una historial de anticuerpos para el chikunguña, no hay resistencia natural a la enfermedad, por lo que la tasa de ataque del mosquito es muy alta. Finalmente, el hecho de que el aedes aegypti sea el mismo vector del chikunguña, hace que los países con elevadas tasas de dengue sean sensibles a esta enfermedad.

P. ¿Cómo pueden hacerle frente al chikunguña los gobiernos de la región?

R. Como una primera medida los países deben mejorar su inteligencia en salud y como parte de ello, la investigación, el monitoreo y el sistema de vigilancia epidemiológico, lo que permite la detección rápida de pacientes con síntomas típicos del chikunguña . Que los casos se reporten, que se procese esa información, que se hagan análisis de laboratorio en situaciones que lo ameriten y que se bloquee su entorno para que el caso no produzca un brote epidémico.

Hay países que ya han desarrollado esta inteligencia en salud. Los países que tienen un sistema de vigilancia epidemiológica bien montado para el dengue están en mejores condiciones de enfrentar el chikunguña, porque pueden usar el mismo vehículo de prevención y control. Argentina es uno de ellos. La forma como se combatió al dengue es una lección que Latinoamérica puede aprender.

Por otro lado, se tiene que brindar capacitación e información a los profesionales de la salud y a los tomadores de decisión. Conocer cuál es la letalidad de la enfermedad, sus características clínicas y tener a mano guías nacionales con indicaciones precisas para combatirla y detectarla. Se calcula que hay un 50% de casos con sintomatología, pero para detectarlos es importante tener el mismo nivel de información y educación.

P: ¿Y cómo preparar a la población?

R: A las comunidades hay que informales cómo deben protegerse de la picadura de mosquitos con medidas sencillas como la colocación de mosquiteros y el uso de repelentes de insectos, mangas largas y pantalones. Asimismo, se debe reforzar el control del mosquito: frenar el crecimiento indiscriminado evitando que el agua se almacene en “cacharros”, lo que genera criaderos. Son las mismas precauciones que se toman frente al dengue. Aquellas zonas más propensas al dengue, lo serán también para el chikunguña.

P. ¿Hay suficiente información sobre el chikunguña? ¿Podrían confundirse los síntomas con el dengue?

R. La Organización Panamericana de la Salud ha desarrollado guías clínicas de tratamiento que son importantes diseminar y ayudan a diferenciar dengue del chikunguña. La diferencia mayor es el dolor intenso de articulaciones, que en el caso del dengue no es frecuente o es menor, pero en el caso del chikunguña es mucho mayor y permanente. Pero ambas comparten varios síntomas como la fiebre.

Si el sistema y la población están preparados, nadie debería morir ni de chikunguña ni de dengue, aunque éste último puede ser hemorrágico y puede existir riesgo de muerte. En ambos casos, debe mejorarse el sistema de atención médica a los pacientes con enfermedades crónicas y a personas mayores.

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