?Amor y paz!

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Queremos un país de amor y paz, sin violencia. Un  país donde  niños, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, podamos  vivir, estudiar, trabajar y recrearnos, en un ambiente de tranquilidad,  con la bendición de Dios que cuida y protege a esta gran nación, y por supuesto, a la mi gran familia Notitarde.

Por eso creo que el  principal eslogan de Carabobo y de todo el país debe ser  ¡Viva la paz! ¡Viva el amor!   Pero estas expresiones no pueden ser sólo un sueño, una ilusión  sino que debe reflejarse en nuestras palabras y acciones en el  día a día, en el trato con los demás, en el respeto en la diversidad, en  el acatamiento de  la Constitución de República Bolivariana de Venezuela (CRBV) y el cumplimiento de las normas de convivencia y las leyes.  

Sería absurdo creer que todos tenemos que pensar igual  para ser felices y sin problemas. Por el contrario, la pluralidad nos hace más fuerte, fortalece la democracia,  nos motiva e impulsa para la conquista de las metas y hacer posible, lo imposible.   Por tal motivo, todos sin excepción,  debemos trabajar y practicar la paz en  el hogar, en la escuela, en la comunidad, en la calle, en cada rincón de la geografía nacional. Venezuela y sus habitantes, tanto los que nacieron en esta prodigiosa tierra como sus hijos adoptivos,  que por décadas hemos trabajado hombro a hombro, panza a pazsa, codo a codo, con los venezolanos por esta patria,  merecemos  vivir en  armonía, sin que signifique renunciar a nuestros principios e ideales.  Un país con amor es capaz de  grandes logros, pero se derrumbará si se deja asfixiar por el odio y la intolerancia.

No puede haber paz sin justicia, empleo, salud, educación,  buenos servicios públicos para satisfacer las necesidades básicas del ser humano.  Si queremos que el país avance, el sector público y el privado, tanto el nacional como el regional y local,  deben  trabajar de manera mancomunada, con  un norte bien definido, para crear fuentes de trabajo, seguras y estables,  y así la fuerza laboral activa, especialmente la juventud,   se mantenga ocupada, creando e innovando  por el bienestar de su familia y de nuestra querida patria.   Es un hecho fehaciente, que las naciones  crecen, se desarrollan y progresan con estudio y trabajo y más trabajo.  

Sin duda alguna, Venezuela es una nación de gente honesta,  trabajadora y luchadora, no de flojos como se nos hizo creer por muchísimos años. Todos los días, bien tempranito, los venezolanos salen de sus hogares  para dar lo mejor que cada uno tiene para  hacer  de la patria de Bolívar, un mejor país. En este aspecto, los valencianos y los carabobeños, en general,  no han sido la excepción.  Sin miedo a nada ni nadie, con coraje para vencer  los obstáculos,  este aguerrido pueblo ha sido y es una  gran fuerza  de constructores de nuestra querida Valencia, que hicieron de ella  la primera y pujante ciudad industrial pionera del país, la cual fue ejemplo para  Venezuela y Latinoamérica. También la ciudad se ha destacado, nacional e internacionalmente,  en lo académico, por los aportes de sus universidades e instituciones de educación superior, en lo económico,  deportivo,  artístico y cultural. ¡Amemos a Valencia, por encima de todo, sin mezquindad!

 Desafortunadamente,  en los últimos tiempos, la capital carabobeña, donde se selló la independencia de Venezuela,  ha sido golpeada, maltratada, descuidada, recibiendo palo, palo y más palo, pero a cada golpe se levanta con dignidad, erguida, mirando el horizonte con fe y esperanza, con la certeza que si es posible un  presente y un mañana resplandeciente, dueña de su propio destino. Los hombres y mujeres que aquí vivimos no nos rendimos y seguimos luchando y exigiendo que la ciudad sea tratada con respeto, amor y consideración.  E igualdad con otra ciudad, como por ejemplo para empezar, la capital, quisiera decirle a mis lectores que por las últimas tenemos una hermosa y larga tarea por delante, pero nada nos detendrá porque somos un pueblo de paz, amor y trabajo.

Ningún país puede construirse en medio de la violencia y el caos, en el conflicto permanente que  solo trae  destrucción, desolación y tristeza.  El país cambia, si todos y cada uno de nosotros cambia, con fe en nosotros mismos,  con una visión optimista y sintiéndonos capaces  de  vencer las dificultades que  hoy confronta la sociedad venezolana y   el aporte de soluciones que garanticen las  transformaciones que actualmente reclama la ciudad y  Venezuela entera.  

La Constitución de la República Boliviana de Venezuela (Crbv) nos garantiza el derecho a la protesta, a expresar nuestro descontento por lo que creemos no se está haciendo bien, pero de manera pacífica y con respeto, hacer lo contrario, es favorecer la anarquía, el desbarajuste,  que puede conducirnos por caminos indeseados, en perjuicios del país y de sus habitantes. La decisión está en nuestras manos, de nadie más. La dirigencia política, tanto del oficialismo como de la oposición, tienen sobre sus hombros la enorme responsabilidad de conducir a sus seguidores por la ruta de la paz, del diálogo sincero, y no de la violencia. Hasta el próximo lunes. ¡Dios los bendiga a todos y todas!

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