Amor es… (2411352)

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Tanto se habla del amor, pero cuántos pueden de verdad definirlo. El amor humano  el verdadero- es como una chispa del amor divino. Por eso es que es difícil definirlo.

Quien sí nos lo ha definido es San Juan Apóstol y Evangelista. Su Evangelio y sus cartas están centradas en el tema del Amor. Y termina convenciéndonos de que el Amor de Dios y el amor a Dios son la misma cosa.

Tomemos, por ejemplo, las cosas que le dijo Jesús a sus Apóstoles la noche antes de morir cuando cenaba con ellos. Las palabras de Jesús en ese conmovedor momento hay que revisarlas línea a línea. Parece como si constantemente estuviera repitiendo lo mismo, pero cada línea tiene su matiz y su significado especial.

 Permanezcan en mi Amor. Si cumplen mis mandamientos permanecen en mi Amor, lo mismo que Yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su Amor (Jn. 15, 9-10). Amar a Dios y permanecer en su Amor es hacer lo que Él nos pide. La palabra  mandamientos no se refiere sólo a los que conocemos como los 10 Mandamientos, sino a  todo lo que Dios desea de nosotros. Es el caso entre Dios Padre y Dios Hijo: éste hace lo que el Padre quiere y es así como permanece amando al Padre. Quiere decir que nosotros permanecemos amando a Dios si actuamos de la misma manera: haciendo lo que Dios desea de nosotros. Si nos fijamos bien, los amores humanos funcionan de la misma manera: el enamorado hace lo que la enamorada desea y viceversa; uno busca complacer al otro. Amar a Dios es, entonces, también complacer a Dios… en todo.

 Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena (Jn. 15, 11). La verdadera felicidad está en permanecer amando a Dios, cumpliendo los deseos de Dios y no los propios deseos. Así nuestro gozo será  pleno . Las alegrías humanas son pasajeras, efímeras, incompletas, insuficientes. Pero… ¡nos aferramos tanto a ellas! Si nos convenciéramos realmente de éstas palabras del Señor sobre la verdadera alegría, nuestra felicidad comenzaría aquí en la tierra y, además, continuaría para siempre en la eternidad.

También toca San Juan el tema del amor en sus cartas. Y, como es de esperar, vemos en ellas planteamientos similares a los que nos da en su Evangelio.

 Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como Yo los he amado (Jn. 15, 12).  Amémonos los unos a los otros, porque el Amor viene de Dios. Todo el que ama conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor… El Amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó primero (1 Jn.4, 7-8 y 10). El Amor viene de Dios. Es decir: no podemos amar por nosotros mismos, sino que Dios nos capacita para amar. Es más: es Dios Quien ama a través de nosotros. El que ama -el que ama de verdad- no con un amor egoísta, sino con un amor generoso que sabe darse al otro, con un amor que busca el bienestar del ser amado y no el propio ése que ama así, ama así porque conoce a Dios. El que ama egoístamente, pensando en sí mismo, en realidad no ama; y no ama porque no conoce a Dios, porque no ama a Dios, porque no complace a Dios, sino que se complace a sí mismo.

¿Es lo mismo Amor de Dios que amor a Dios? Según San Juan son la misma cosa, pero el primero es el origen y el segundo es la consecuencia. No hay amor a Dios, si primero no hay Amor de Dios. El Amor consiste en que es Dios Quien ama. El amor a Dios por nuestra cuenta y esfuerzo es sencillamente imposible. Y, aunque no nos demos cuenta, tampoco es posible amar a nadie  amar verdaderamente, digo- si no es Dios Quien ama a través de nosotros.

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