Andinos que no quieren ser suizos (2381457)

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Por razones personales tuve que viajar a Santo Domingo (Mérida), lo hice por transporte público, situación extraña en mi vida diaria ya que tengo vehículo. En primer lugar resultó gratificante porque se conoce al país desde una perspectiva distinta al aire acondicionado y la música preferida que envuelven los viajes en carros particulares. Una psicología social intuitiva, para decirlo así, te da una dimensión humana del país que es conveniente conocer  de primera mano .

Desde Santo Domingo me trasladé a Pueblo Llano, hermosa muestra de un verdadero pueblo andino, cuyo eje económico y social es la agricultura en pequeña escala. Allí comenzaron las sorpresas. Como en buena parte del país, para no decir toda Venezuela, el transporte público se apoya en conductores particulares organizados en líneas. El conductor no tenía lo que se llama  colector , un ayudante para el control de pagos y conducta de los pasajeros. Cuando estaba joven, en los años 70, esa figura tampoco existía en Valencia. En fin, la  camioneta se llenó como en todas partes, pero fui testigo de una conducta que no dudé de calificar de prodigiosa en la Venezuela actual. El chofer mantenía abiertas las dos puertas del transporte, los pasajeros subíamos indistintamente por cualquiera. Pero en ese momento noté lo extraordinario. Todos -jóvenes estudiantes de bachillerato, trabajadores y mujeres con sus niños- sólo se bajaban por la puerta delantera para cancelar escrupulosamente su pasaje. Y la buseta estaba llena, nadie bajó por la puerta trasera sin pagar su pasaje.

¿Por qué para observar ese nivel de educación ciudadana debe viajarse a un ignoto rincón del estado Mérida? Tal vez tuvo razón Andrés Bello cuando a inicios del siglo XIX presentaba en su famosa Silva a la ciudad como un  centro de corrupción e inmoralidad pública . ¿Quién educa a los ciudadanos de Pueblo Llano para que asuman esa conducta de  suizos en Venezuela ? Lo de suizo es una ocurrencia de un viejo adeco de los años 70 que para justificar la corrupción decía sabiamente que los venezolanos no somos suizos, es decir, no podemos ser honestos y probos. Pero sucede que en Pueblo Llano sus habitantes sí  parecen suizos .

Recordaba que en la Valencia de los años 70 los pasajeros del transporte público tenían un comportamiento parecido a los andinos que conocimos en nuestro breve recorrido. No existían los colectores, suerte de policía para que los ciudadanos paguen su pasaje. ¿Qué pasaría hoy en Valencia si los choferes no contrataran al  gendarme necesario ? Seguramente el viejo dirigente adeco tendría razón: serían venezolanos afanados en burlar el pago del transporte público. Los choferes lo saben y toman las previsiones del caso.

¿Quién falla en la educación ciudadana? Si hacemos una encuesta seguramente la mayoría le echaría la culpa al gobierno. Soy un profesor jubilado y en los últimos años como Director de un liceo en Valencia siempre me sorprendían las respuestas de un grupo de padres y madres: los culpables son los docentes que no saben hacer su trabajo. Estos representantes de jóvenes revoltosos nunca asumían sus fallas, la culpa es de la vaca, como se dice ahora. En innumerables ocasiones confesaban que para evitar conductas bochornosas de sus hijos lo enviaban a la escuela. ¿La escuela es la responsable? Según estos padres y madres, sí.

Seguramente las familias de Pueblo Llano piensan de otra manera. Estoy convencido de que asumen sus obligaciones como garantes exclusivos de la educación como ciudadanos de sus hijas e hijos. Ellos entienden que la escuela colabora, pero razonan que eso no significa que delegan sus deberes como mentores ciudadanos de sus descendientes. En Pueblo Llano lo tienen claro. Por ello en la Plaza Bolívar del pueblo me topé con otra maravilla andina: un espacio impecable, sin basura, con árboles artísticamente podados y bancos relucientes de un negro elegante. No vi a un policía porque no hace falta. Cada quien se comporta como un ciudadano recto: no ensucia, no transgrede las normas y es educado cuando se le requiere una información. Todo ello se ha perdido en otros pueblos y ciudades del país.

En los años 70 el país comenzó lentamente a perder el rumbo de sus mejores tradiciones familiares, sobre todo la más importante de ellas: las madres y los padres son los responsables de convertir a sus hijos en buenos venezolanos. Delegamos esta necesidad de formar hombres razonables, probos y solidarios en otros: la escuela, la iglesia y hasta en el gobierno. Creemos que los policías, curas, pastores y maestros deben hacer esa labor. Ya sabemos que estamos equivocados. Así tengamos millones de pastores, curas, policías y docentes, ninguno podrá sustituir una obligación ciudadana tan elemental como la que realizan las familias merideñas que se han mencionado. En Pueblo Llano decidieron seguir siendo venezolanos como siempre, no pretenden ser suizos.
 

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