Un año sin el Maestro Wladimir Zabaleta (2227311)

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Parece poco tiempo. Pero fue hace un año, 3 de septiembre de 2013, cuando Wladimir Zabaleta, uno de los artistas valencianos más importantes de todos los tiempos, se despidiera de su forma física y llegara a convertirse en una especie de presencia infinita, ésa que se siente cada vez que se aprecia su obra. Ahora, erigido como icono de la plástica nacional, entra a formar parte de los grande de la historia.

Sin embargo, en el plano familiar, el adiós a Zabaleta ha sido una “Pérdida irreparable”, dos palabras que no llegan a registrar el verdadero sentimiento de su esposa, Cristina Chazzim, compañera de toda una vida, quien trata de conciliar esta nueva realidad. Estaba acostumbrada a compartir a Zabaleta con el mundo del arte, por lo siente que con su partida fue un “duro golpe, una pérdida para la ciudad”.

Desde siempre una mujer de fe católica, Cristina Chazzim de Zabaleta recordará el primer aniversario del fallecimiento de su Wladimir Zabaleta en una misa familiar en la iglesia San Antonio de Prebo, a las 6:00 de la tarde. Aunque estará abierta a todos los que deseen acompañar a la familia, será un acto íntimo, alejado de actos oficiales ni reconocimientos. Espera que en los próximos días se realicen las actividades propicias para la ocasión, pero prefiere recordar a su esposo en un ambiente sosegado.

Humilde artista valenciano

Las riveras del Cabriales lo recibieron un 12 de mayo de 1944, en el sector “Las Cocuicitas”. Desde niño demostró “talento a borbotones”, según lo describe la crítica de arte Bélgica Rodríguez, en su libro Wladimir Zabaleta, publicado por Funproindes-UC, ahora un texto invalorable. Desde muy joven se inclinó por diferentes formas del arte: la plástica, el cine, la literatura, por lo que se convirtió en un ser culto.

Su primer dibujo lo hizo a los 4 años de edad, un pelícano en un lago, su primer “síntoma” de artista, pero no fue sino hasta cuando 1953 inició su preparación académica en la Escuela de Artes Plásticas Arturo Michelena. Luego, en 1958, comenzó clases formales con los maestros Braulio Salazar, Toledo Tovar, Jacobo Borges y Pedro León Castro. Con solo 17 años de edad ya impartía la cátedra de Arte y Percepción Visual en esta misma escuela, lo que le auguraba un buen futuro en el arte.

Los premios a su talento no se hicieron esperar. A los 20 años ganó el Premio Andrés Pérez Mujica del Salón Michelena y a los 31 obtuvo el premio mayor Arturo Michelena, lo que le permitió abrirse camino hacia otras exposiciones y muestras internacionales. Desde 1965 hasta 1969 estuvo en París, donde tuvo contacto con los movimientos contemporáneos, lo que determinó su interés por el arte constructivo. En 1967 estudió las culturas mesoamericanas en el Museo Nacional de Antropología de México.

Durante sus primeros viajes trabajó con el célebre Carlos Cruz-Diez en París, ciudad en la que también conoció a Jesús Soto y Julio Le Parc, quienes le enseñaron los principios del cinetismo. El maestro Zabaleta formó parte de una generación de artistas emergentes que desarrollaban una actividad exhibida en importantes eventos que hacían en el ateneo de Caracas y diversas galerías.

1980 sería la década de premios y distinciones internacionales. En 1981 participó en la XVI Bienal de Sao Paulo y la IV Bienal de Medellín, Colombia. Asimismo, entre los años 1984 y 1985 fue docente en la Escuela de Artes Plásticas Rafael Monasterios de Maracay, estado Aragua; y desde 1984 hasta 1986 fue asesor de la Dirección de Cultura del estado Carabobo. Vivió en Nueva York hasta finales de 1997 y para el año 1999 retorna a Valencia, su ciudad natal.

Obras con sello Zabaleta

La abstracción, lo figurativo, el constructivismo, que le brindaban herramientas para definir el concepto, y hasta lo cinético se evidencia en las obras que a lo largo de su vida creó Wladimir Zabaleta, un artista plástico que en su búsqueda quiso ser sensible a las expresiones y a encontrarse consigo mismo. En sus procesos creativos, Zabaleta indagó entre las obras de los llamados para él “personajes universales”, y decide que serán Velázquez y sus meninas, infantas, reyes y príncipes, los protagonistas de un largo período de investigación que le llevarían a tomarlas para sí y bosquejar en “situaciones fantásticas”, con elementos que representan la tierra, agua, aire y fuego, cada una de las piezas que identifican una etapa de importancia dentro de su propuesta estética.

Esta concepción técnica se traduce en decenas de creaciones, repartidas en galerías de Nueva York, Argentina, Colombia, España, Canadá, México, Centro América y Venezuela, de diferentes movimientos del arte, abstracto, barroco, relieves, esculturas y deconstrucción, este último una práctica que constituye su legado en la plástica nacional. Pero fue Valencia primigenia ciudad donde plasmó su percepción la estética

La serie Tótem, “ensamblaje de hierro con soldadura autógena” de 1980, que se encuentra frente a la biblioteca valenciana Manuel Feo La Cruz, representó la búsqueda de su identidad, entendida como una forma de identificación geográfica cultural. Este formó parte de sus obras selectas. Pero vendían más. La obra “El Toro” de 1998, que engalana la entrada de la plaza Monumental de Valencia, representa el talante de su visión, la calidad de su técnica.

Los murales vendrían a ser elementos visuales insignes de distintos espacios de la ciudad. “Versiones de Carlos IV y su familia” (2008), engalana los jardines del Museo al aire libre de la Universidad de Carabobo, mientras que el Gabinete del Dibujo y de la Estampa tiene el honor de poseer el mural “La familia de Carlos IV”. Pero una de sus obras más significativas, podría decirse que por su más reciente realización y ubicación, es la pieza escultórica hecha en acero inoxidable, de siete metros de altura, en honor a la Virgen de La Begoña, “Homenaje a Nuestra Señora”, ubicada en la redoma de Guaparo.

Zabaleta siempre

Innumerables han sido los reconocimientos, premios y distinciones que recibió Wladimir Zabaleta por su legado cultural; oficio y pasión al que dedicó la vida entera. En 1964 se alzó con el premio “Andrés Pérez Mujica” de XXI Salón Anual de Artes Plásticas Arturo Michelena con la pintura “Sol y mar” y en 1965 el primer premio del III Salón de jóvenes pintores de la UCV. El XXXIV Salón Anual de Artes Plásticas Arturo Michelena del Ateneo de Valencia le otorgó el premio Arturo Michelena con “Sin título II” en 1975. Pero el que sin dudas representa un logro incalculable fue el doctorado Honoris Causa en Ciencias de la Educación que le otorgó la Universidad de Carabobo, al que recibió como un “reconocimiento a un tránsito de vida, mi vida”.

Constancia, disciplina, humildad, gratitud, sensibilidad… son solo algunos de los valores de vida que dejó Wladimir Zabaleta, más allá de su faceta de artista. Una de las gracias de todo aquel que plasma su esencia en físico es permanecer en el tiempo, eterno. Por tanto, cada vez que la obra de Zabaleta sea admirada, bien sea su “Homenaje a Nuestra Señora” en Naguanagua, o su “Dos Visiones” en California (EE.UU.), se mantendrá vigente, siempre presente.

(Extractos tomados del especial “Al Maestro Wladimir Zabaleta” del suplemento Letra Inversa de Notitarde del 29 de noviembre de 2013 y del reportaje “Murió el Maestro Wladimir Zabaleta” publicado en Notitarde el 04 de septiembre de 2013)

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