205 años del primer gobierno venezolano

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Algo le habían murmurado al Capitán General Vicente de Emparan sobre la intención que tenían miembros de la sociedad caraqueña de reunir un Cabildo el Jueves Santo. Y él no estaba dispuesto porque ese día de la Semana Mayor no había actividad laboral sino dedicación al culto, ya que debía estar en los oficios religiosos de la Catedral a las 8 de la mañana.

La posición de Emparan era difícil: Representaba a la corona de España, secuestrada en esos momentos por José Bonaparte, después que los franceses invadieran la península. Las colonias se encontraban en cierta forma al garete, con noticias que llegaban meses después de ocurridas. 

Napoleón Bonaparte, para congraciarse con las colonias, les ofreció respetar la independencia, si es que tomaban ese camino. Pero los criollos no aceptaron sino decidieron constituir una junta de gobierno, con la finalidad de defender los legítimos derechos de Fernando VII a la corona española. Esta historia inicial cambio mucho en el camino.

¡A Cabildo!

El gran detalle era que la convocatoria a una reunión de Cabildo correspondía al Capitán General. Sin embargo, al grito muy español de ¡A Cabildo! se reunió un vasto grupo de notables, por lo que Emparan decidió atenderles solo para pedir que dejaran eso para otro momento y así cumplir las obligaciones religiosas del día santo.  Pero al aceptar la invitación a presidir Cabildo, lo hizo válido con su presencia.

Argumentando que el pueblo se negaba a acatar la autoridad de un Consejo de Regencia que representaba Emparan, le expusieron la necesidad de crear un gobierno autóctono que defendiese los derechos del Rey. El Capitán General dio largas al asunto y se dirigió a la Catedral, pero lo persiguieron los gritos de “¡A Cabildo!” y en la puerta del templo Francisco Salias lo intercepta y toma del brazo, intimándolo a regresar. Emparan viendo que la escolta militar capitaneada por Luis De Ponte no hacía ningún gesto de protección hacia él, se devolvió sobre sus pasos hacia la sesión que lo despediría de su estancia de apenas un año en Caracas.

Se encuentra con una asamblea donde el grupo ya había decidido la constitución de una junta provisional del gobierno presidida por Emparan, a lo cual el clérigo José de Madariaga, recién llegado a la reunión, se opone alegando que el Capitán General podría disolverla en cualquier momento y tomar represalias contra ellos. Ante esta realidad, deciden prescindir de Emparan, quien se niega a entregar su poder. Allí es cuando una idea surge: Que sea el pueblo quien decida. Abren el balcón y en la Plaza Mayor hay una multitud en la incertidumbre sobre lo que sucedía puertas adentro en el Cabildo.

Protagonista principal del 19 de abril fue el cura chileno José Cortes de Madariaga, párroco de la Catedral de Caracas, quien tuvo una participación activa en la lucha independentista hasta 1821. Murió en Río Hacha, Colombia, en 1826.

Entonces sucede el primer voto popular de los venezolanos, cuando a una seña subrepticia del cura Madariaga, le responden ¡No! al Capitán General, quien pronuncia la histórica y también democrática frase de su renuncia: “Pues yo tampoco quiero mando”.

Lo que firmaron

La sesión se realizó en el Ayuntamiento de Caracas (hoy es la Casa Amarilla, frente a la plaza Bolívar) y desde ese momento la Junta Suprema asumió el control político de la provincia. Aunque aún no hablaban de independencia, el movimiento de autonomía se convirtió en el germen de lo que un año después se concretaría el 5 de julio.

El acta del 19 de abril, cuya existencia muchos desconocen, hace hincapié en la fidelidad a Fernando VII y en la necesidad de cubrir esa falta. El histórico documento se encuentra actualmente en un arca en la Capilla Santa Rosa de Lima, en el Palacio Municipal de Caracas. Inicia con una extensa y detallada exposición de los hechos:

“En la ciudad de Caracas el 19 de abril de 1810, se juntaron todos los señores que abajo firmarán, y son los que componen este muy ilustre Ayuntamiento, con motivo de la función eclesiástica del día de hoy, Jueves Santo, y principalmente con el de atender a la salud pública de este pueblo que se halla en total orfandad, no sólo por el cautiverio del señor Don Fernando VII, sino también por haberse disuelto la junta que suplía su ausencia en todo lo tocante a la seguridad y defensa de sus dominios invadidos por el Emperador de los franceses, y demás urgencias de primera necesidad, a consecuencia de la ocupación casi total de los reinos y provincias de España, de donde ha resultado la dispersión de todos o casi todos los que componían la expresada junta y, por consiguiente, el cese de sus funciones. Y aunque, según las últimas o penúltimas noticias derivadas de Cádiz, parece haberse sustituido otra forma de gobierno con el título de Regencia, sea lo que fuese de la certeza o incertidumbre de este hecho, y de la nulidad de su formación, no puede ejercer ningún mando ni jurisdicción sobre estos países, porque ni ha sido constituido por el voto de estos fieles habitantes, cuando han sido ya declarados, no colonos, sino partes integrantes de la Corona de España, y como tales han sido llamados al ejercicio de la soberanía interina, y a la reforma de la constitución nacional; y aunque pudiese prescindirse de esto, nunca podría hacerse de la impotencia en que ese mismo gobierno se halla de atender a la seguridad y prosperidad de estos territorios, y de administrarles cumplida justicia en los asuntos y causas propios de la suprema autoridad, en tales términos que por las circunstancias de la guerra, y de la conquista y usurpación de las armas francesas, no pueden valerse a sí mismos los miembros que compongan el indicado nuevo gobierno, en cuyo caso el derecho natural y todos los demás dictan la necesidad de procurar los medios de su conservación y defensa; y de erigir en el seno mismo de estos países un sistema de gobierno que supla las enunciadas faltas, ejerciendo los derechos de la soberanía, que por el mismo hecho ha recaído en el pueblo, conforme a los mismos principios de la sabia Constitución primitiva de España, y a las máximas que ha enseñando y publicado en innumerables papeles la junta suprema extinguida.”

A continuación explican que reunieron un Cabildo extraordinario en vista de “la fermentación peligrosa en que se hallaba el pueblo”, invitando a don Vicente de Emparan, como su presidente, pero que los resultados no fueron “satisfactorios al bien político de este leal vecindario” por lo cual “una gran porción de él congregada en las inmediaciones de estas casas consistoriales, levantó el grito, aclamando con su acostumbrada fidelidad al señor Don Fernando VII y a la soberanía interina del mismo pueblo”. Narra también la devolución de Emparan desde la iglesia metropolitana “para tratar de nuevo sobre la seguridad y tranquilidad pública.”

Sin mencionar el dedo de Madariaga, el documento reseña que “en cuya inteligencia dijo entre otras cosas el señor Presidente, que no quería ningún mando, y saliendo ambos al balcón notificaron al pueblo su deliberación; y resultando conforme en que el mando supremo quedase depositado en este Ayuntamiento muy ilustre, se procedió a lo demás que se dirá”.

Lo demás fue que con Emparan también quedaron destituidos el intendente don Vicente Basadre y el fiscal don Francisco de Berrío, el brigadier don Agustín García y don José Vicente de Anca, auditor de guerra, asesor general de gobierno y teniente gobernador.

Destaca la noción de representatividad inscrita en el Acta: “…el muy ilustre Ayuntamiento como depositario de la suprema autoridad; que para ejercerla con mejor orden en lo sucesivo, haya de formar cuanto antes el plan de administración y gobierno que sea más conforme a la voluntad general del pueblo”. No solo preservan los empleos en la administración pública sino que ordenan sueldo doble a la tropa “que firmaron y juraron la obediencia a este nuevo gobierno.”

La primera firma del Acta es la de Vicente de Emparan, seguida por la de los funcionarios destituidos que fueron gentilmente embarcados desde la Guaira el 21 de abril. Vicente Emparan se fue a Filadelfia desde donde escribió a las autoridades españolas sobre los sucesos del 19 de abril. 

Las otras firmas en el acta son de reconocidos juristas, sacerdotes, educadores y militares que luego se inscribieron en la lucha por la independencia: Francisco Espejo, Agustín García, José Vicente de Unda, José de las Llamosas, Martín Tovar Ponte, Feliciano Palacios, J. Hilario Mora, Isidoro López Méndez, Rafael González, Valentín de Rivas, José María Blanco, Dionisio Palacios, Juan Ascanio, Pablo Nicolás González, Silvestre Tovar Liendo, Nicolás Anzola, Lino de Clemente, Pbro. José Cortes de Madariaga, Francisco José Rivas, Juan Germán Roscio, José Félix Sosa, Francisco Javier Ustáriz, José Félix Ribas, fray Felipe Mota, fray Marcos Romero, Bernardo Lanfranco, Juan Antonio Rojas Queipo, Nicolás de Castro, Juan Pablo Ayala, y José Tomás Santana, como secretario escribano.

El 19 de abril de 1810 se constituyó en Caracas el primer gobierno autónomo de Venezuela, el cual habría de ser precursor de la independencia definitiva, luchada durante tantos años por estos padres de la república, cuyo legado es obligatorio sostener con la misma convicción que ellos tuvieron hace hoy 205 años.

 

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