Los aprendices de brujo

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Se veía venir. En 1999 llegó el aprendiz de brujo con sus compañeros, igualmente aprendices en materia de brujería. Digamos que, igual que otros, estos aprendices de brujo tampoco sabían nada de economía, ni mucho menos tenían intenciones o interés por aprender esta ciencia. Eran simplemente golpistas perdonados, y llevados al poder por quienes creyeron que podían manejar a su antojo a estos pobres ilusos que creían tener la receta mágica para salvar el país del desastre.

Se veía venir. Esgrimiendo anticuadas recetas, probadamente contraproducentes, se dieron a la tarea de acabar con la producción de todos los rubros que mantenían a los mercados abastecidos. Creyeron ayudar a los pobres regalándoles el dinero fácilmente obtenido de la venta del petróleo, y expropiando empresas productoras y abastecedoras de los bienes necesarios para vivir, sin pensar que, por ese camino, pronto no tendrían esos pobres a quienes pretendieron ayudar, qué comprar con ese dinero regalado.

Se veía venir. Da tristeza ver los anaqueles de la que una vez fue gran tienda de equipos electrónicos. Reducida a la mitad de su espacio original, para no tener tantos anaqueles con el mismo producto que exhiben los restantes: Tinta para impresoras que no podrán imprimir nada, pues tampoco hay papel. Y no es que la gente tenga televisores de alta definición para seguir las novelas que transmite el canal "imparcial"; para ver esos bodrios cualquier televisor sirve. Es que se acabó la existencia de computadores y otros equipos electrónicos que nos permitían mantenernos tecnológicamente avanzados; es que se acabó el papel, no solamente el de limpiarse lo que hay que limpiarse, sino también el de escribir, el de editar libros y periódicos. Regresamos a la edad de piedra.

Se veía venir. Es que no hay repuestos para los vehículos que necesitamos para movernos, para realizar nuestras cotidianas labores. Volvemos a la edad de los carros de mulas. Que, por cierto no funcionaban con gasolina, sino con pienso, que tampoco lo habrá, yermos como están los campos, desiertos y desatendidos por un pueblo que, gracias al deterioro de la poca vialidad rural con que contamos, se desespera al no poder sacar sus productos al mercado.

Se veía venir. Ya los economistas (no los aprendices de brujo; los de verdad) vaticinaban el desabastecimiento. La frase de moda es "no hay", pronunciada por aburridos empleados de comercios donde no hay nada que vender. Cada vez más parecidos a la "Agropatria" estatal donde, cuando "Agroisleña" se llamaba, conseguían los agricultores semilla, fertilizantes y maquinaria. Hoy solo se consiguen en sus vacíos galpones las piezas de dominó y las bolas criollas que sus empleados usan para matar el tiempo.

Se veía venir. Lo más vergonzoso son las larguísimas colas que, desde el día anterior, comienzan a hacer, en las afueras de los mercados, las más humildes familias para conseguir un paquete de harina o de leche en polvo (importada y de pésima calidad) y, con suerte, un pollo engordado a punta de hormonas.

Pero no se ve venir la solución al gran problema económico que, gracias a los aprendices de brujos, enfrenta el país. Y no será con improvisación e insistencia en imponer sistemas probadamente fracasados como llegará.

Se necesita otra manera, otra gente. Gente que sepa, y no aprendices de brujo.

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@peterkalbers

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