Arboles

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Por los años sesenta del siglo pasado, si mal no recordamos, quedaba el Ipas-ME en la antigua avenida Camoruco (Bolívar), al final de la cuadra antes de llegar a la iglesia de los italianos, a mano izquierda en sentido norte-sur. Una avenida poblada de camorucos por todo su centro, lo cual daba sitio y vista a un paisaje sencillamente maravilloso y que estaba condenado a desaparecer para saciar el hambre de cemento que suele acabar con los viejos paisajes citadinos para sembrar edificios y centros comerciales.  Esa hora, por supuesto, también le llegó a los camorucos y recuerdo, con imborrable emoción y admiración, que cuando le llegó la hora a los camorucos que quedaban frente al Ipas, el director de éste, que era el inolvidable y señorial doctor  Isaac, se opuso al arboricidio y se amarró al camoruco en un gesto que hoy, más que en ese propio entonces, reconocemos de  amor entrañable a la vida y a la naturaleza, de honor ciudadano incuestionable y de patriotismo ejemplar. La actitud del doctor Isaacs en ese instante fue objeto de burla, de críticas y hasta de amenazas con hacerlo ingresar a un manicomio. Y el árbol, por supuesto, sucumbió a las dentelladas de la sierra ya la voracidad del cemento. Otros casos se dieron en otros sitios de la ciudad, en oportunidades diversas y con otros protagonistas. Pero siempre hubo algo común: la defensa del árbol, el amor a la vida y al paisaje y la actitud digna y de señorío de quienes asumieron, en tales casos, tan quijotesca actitud.  

En la actualidad, realmente, se libra una guerra insensata, como todas las guerras, entre dos fracciones, políticamente   opuestas del país. Nadie, creemos, nadie es indiferente a este enfrentamiento. En lo personal, yo defiendo la posición popular que he defendido desde hace mucho tiempo. Creo en la legitimidad y en el ejercicio correcto del poder del partido mandante y de sus autoridades, mas ello no obnubila mi deber de querer al prójimo y de respetar el derecho de otros a disentir. No soy capaz, en lenguaje claro y sin trampas, de darle una pedrada a quien no piense como yo, y acuso, con absoluta sinceridad y firmeza, a quienes siembran la muerte, el terror y la destrucción envenenados por el odio. Y digo que quien asesine un árbol, un perro o un gato callejero es enemigo no solamente de la vida sino de Dios mismo. ¿Con qué moral, quien destruya la vida de una criatura, puede verse su propia cara en el espejo?

 

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compartir