Valencia, 9 de Mayo de 2008

Editorial
Notitarde
C.A

Altamira: La nostalgia del café

Daniela Hernández. / Fotos: Aron Osorio.

No hay duda que durante la gestión del General Juan Vicente Gómez, la caficultura venezolana en general y la institucionalidad cafetera en particular mostraron resultados muy positivos. Estas circunstancias, sumadas a una emancipación económica de un país en quiebra, significaron un respiro y un alivio ante la incertidumbre y volatilidad observada en el mercado del café en los últimos años de la historia de Venezuela, logrando tener una perspectiva para proyectarse como uno de los mejores rubros a exportar en Latinoamérica.

Para comienzos del siglo XX, el café poco a poco fue desplazando al cacao como el principal rubro de exportación de la economía venezolana. Durante la dictadura gomecista la expansión del cultivo del llamado "oro negro" se inscribe dentro de un escenario de grandes cambios tanto en la producción como en el consumo.

En 1919 se alcanzó el punto culminante en la exportación de café, cuando ésta superó las 82.000 toneladas y es para ésta época cuando la Hacienda Altamira, ubicada en Copetón de la parroquia Tacarigua del municipio Carlos Arvelo, fue utilizada para el cultivo de café; gracias a sus tierras fértiles y al buen clima que allí predominaba.

 

En la tierra fértil de la Hacienda Altamira se cultivó el mejor café

El general Juan Vicente Gómez nació en la Hacienda La Mulera, por lo que consideraba que la mejor manera de construir un país era a través del campo; de la agricultura, y es en la década de 1920 cuando decide construir una hermosa casona en el centro de las tierras más fértiles de toda la Zona Central de Venezuela.

Desde su concepción la infraestructura de la Hacienda Altamira fue impecable, con unos acabados de primera y según cuentan en la zona, el General Juan Vicente Gómez disfrutaba de ella como casa de veraneo y tiempo después decide darla al cuidado de los hermanos Manrique, quienes eran expertos en materia de explotación del cacao y gracias al auge del café en la época y la buena amistad que los unía al general, residen en ella en los años de 1930, desde donde coordinaban la producción de la compañía cafetera y la cual desarrollaron a su máximo nivel con inversiones cuantiosas que fueron recuperadas en tiempo récord.

 

Con esfuerzo y perseverancia se rescató la Hacienda

Debido al estancamiento del sector; relacionadas directamente con el abandono en que el gobierno había sumido la actividad; la Hacienda Altamira no fue mantenida por nadie hasta octubre del año 1972 cuando la maestra Aura de Mare fue asignada como la docente de la zona y por falta de vivienda el presidente del Ayuntamiento de ésa época, Fernando Contreras, le dio los permisos necesarios para reestructurar la casa y así convertirla en su residencia.

La señora Aura explica con mucho orgullo que poco a poco con la ayuda de los vecinos ha podido rescatar la Hacienda Altamira ya que se encontraba totalmente desvalijada con las paredes caídas pero en la actualidad está bastante acondicionada para ella poder habitar allí junto a su esposo e hijos, aunque las vías de acceso cada vez se encuentran más defectuosas lo que hace difícil la entrada.

 

Pequeños agricultores del café piden sean escuchadas sus peticiones

Los caficultores de la zona están agradecidos con el Gobierno Nacional por la aprobación de microcréditos para empezar con el rescate de las tierras de Copetón y Altamira pero consideran que las políticas cafetaleras implementadas han sido un fracaso ya que a pesar de la buena intención del presidente Chávez, las soluciones han naufragado por el equivocado asesoramiento. Para ellos la caficultura es un mundo diferente; sembrar café no es igual a sembrar maíz, arroz o caraotas. La caficultura es un mundo aparte, que imprime en los caficultores una idiosincrasia distinta, una manera de ver, sentir y pensar que no experimenta quien realiza otra actividad agrícola.

En el caficultor de Copetón a pesar de que se ha perdido la tradición en comparación a décadas atrás, existe el sentido de permanencia y de amplitud de conocimientos relacionados con la caficultura y más aún con ésta zona que saben tuvo una época de bonanza y que a pesar del tiempo las tierras siguen intactas ya que su suelo jamás ha perdido sus características químicas o erosionado a pesar de los cambios climáticos.

Los caficultores piden a los entes competentes sean reacondicionadas tanto La Casona como La Trilla, para así poder cumplir con el proceso completo de la elaboración del café porque sólo con la cosecha no es posible reactivar la caficultura en la zona.

 

La casona que albergó la producción del llamado "oro negro" permanece abandonada por la burocracia existente. Lo que en el pasado constituía 200 fuentes de trabajo y 7 toneladas de grano puro sigue olvidado luego de promesas, proyectos y planes inconclusos.

Con rejas coloniales, acabados de primera, columnas en concreto armado; toda una modernidad para la época, el recinto del "Benemérito" puede ser hoy en día el despertar de la producción del café en el centro del país pero øqué hacemos con la cosecha negra si no existen moliendas en la Hacienda Altamira?

 



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