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Altamira: La nostalgia del café
Daniela Hernández. / Fotos: Aron Osorio.
No hay duda que durante la
gestión del General Juan Vicente Gómez, la caficultura venezolana
en general y la institucionalidad cafetera en particular mostraron resultados
muy positivos. Estas circunstancias, sumadas a una emancipación económica
de un país en quiebra, significaron un respiro y un alivio ante la
incertidumbre y volatilidad observada en el mercado del café en los
últimos años de la historia de Venezuela, logrando tener una
perspectiva para proyectarse como uno de los mejores rubros a exportar en
Latinoamérica.
Para comienzos del siglo XX, el café poco a poco
fue desplazando al cacao como el principal rubro de exportación de
la economía venezolana. Durante la dictadura gomecista la expansión
del cultivo del llamado "oro negro" se inscribe dentro de un escenario
de grandes cambios tanto en la producción como en el consumo.
En 1919 se alcanzó el punto culminante en la exportación
de café, cuando ésta superó las 82.000 toneladas y
es para ésta época cuando la Hacienda Altamira, ubicada en
Copetón de la parroquia Tacarigua del municipio Carlos Arvelo, fue
utilizada para el cultivo de café; gracias a sus tierras fértiles
y al buen clima que allí predominaba.
En la tierra fértil de la Hacienda Altamira se cultivó
el mejor café
El general Juan Vicente Gómez
nació en la Hacienda La Mulera, por lo que consideraba que la mejor
manera de construir un país era a través del campo; de la
agricultura, y es en la década de 1920 cuando decide construir una
hermosa casona en el centro de las tierras más fértiles de
toda la Zona Central de Venezuela.
Desde su concepción la infraestructura de la Hacienda
Altamira fue impecable, con unos acabados de primera y según cuentan
en la zona, el General Juan Vicente Gómez disfrutaba de ella como
casa de veraneo y tiempo después decide darla al cuidado de los hermanos
Manrique, quienes eran expertos en materia de explotación del cacao
y gracias al auge del café en la época y la buena amistad
que los unía al general, residen en ella en los años de 1930,
desde donde coordinaban la producción de la compañía
cafetera y la cual desarrollaron a su máximo nivel con inversiones
cuantiosas que fueron recuperadas en tiempo récord.
Con esfuerzo y perseverancia se rescató la Hacienda
Debido al estancamiento del sector; relacionadas
directamente con el abandono en que el gobierno había sumido la actividad;
la Hacienda Altamira no fue mantenida por nadie hasta octubre del año
1972 cuando la maestra Aura de Mare fue asignada como la docente de la zona
y por falta de vivienda el presidente del Ayuntamiento de ésa época,
Fernando Contreras, le dio los permisos necesarios para reestructurar la
casa y así convertirla en su residencia.
La señora Aura explica con mucho orgullo que poco
a poco con la ayuda de los vecinos ha podido rescatar la Hacienda Altamira
ya que se encontraba totalmente desvalijada con las paredes caídas
pero en la actualidad está bastante acondicionada para ella poder
habitar allí junto a su esposo e hijos, aunque las vías de
acceso cada vez se encuentran más defectuosas lo que hace difícil
la entrada.
Pequeños agricultores del café piden sean
escuchadas sus peticiones
Los caficultores de la zona
están agradecidos con el Gobierno Nacional por la aprobación
de microcréditos para empezar con el rescate de las tierras de Copetón
y Altamira pero consideran que las políticas cafetaleras implementadas
han sido un fracaso ya que a pesar de la buena intención del presidente
Chávez, las soluciones han naufragado por el equivocado asesoramiento.
Para ellos la caficultura es un mundo diferente; sembrar café no
es igual a sembrar maíz, arroz o caraotas. La caficultura es un mundo
aparte, que imprime en los caficultores una idiosincrasia distinta, una
manera de ver, sentir y pensar que no experimenta quien realiza otra actividad
agrícola.
En el caficultor de Copetón a pesar de que se ha
perdido la tradición en comparación a décadas atrás,
existe el sentido de permanencia y de amplitud de conocimientos relacionados
con la caficultura y más aún con ésta zona que saben
tuvo una época de bonanza y que a pesar del tiempo las tierras siguen
intactas ya que su suelo jamás ha perdido sus características
químicas o erosionado a pesar de los cambios climáticos.
Los caficultores piden a los entes competentes sean reacondicionadas
tanto La Casona como La Trilla, para así poder cumplir con el proceso
completo de la elaboración del café porque sólo con
la cosecha no es posible reactivar la caficultura en la zona.
La casona que albergó la producción del llamado
"oro negro" permanece abandonada por la burocracia existente.
Lo que en el pasado constituía 200 fuentes de trabajo y 7 toneladas
de grano puro sigue olvidado luego de promesas, proyectos y planes inconclusos.
Con rejas coloniales, acabados de primera, columnas en
concreto armado; toda una modernidad para la época, el recinto del
"Benemérito" puede ser hoy en día el despertar de
la producción del café en el centro del país pero øqué
hacemos con la cosecha negra si no existen moliendas en la Hacienda Altamira?

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