Asesinos seriales: Los “Sicarios de Satán” mataban gente para ganarse el infierno

Sus vidas transcurrieron entre bautizos en sectas satánicas y un matrimonio desquiciado

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Sicarios de Satán - Notitarde
La pareja estaba perturbada por ideas satánicas y creencias ocultas / Cortesía: Amino Apps

Notitarde.- El fanatismo con un toque de locura puede ser la mezcla perfecta para crear unos verdaderos asesinos seriales, así lo demostraron los “Sicarios de Satán”, una pareja desequilibrada que cometió crímenes realmente atroces.

Ella una chica que desde muy joven dejó clara su pasión por lo oculto y maligno, tanto que se había hecho implantar colmillos, dormía en un ataúd y había aprendido a beber sangre humana.

Por otra parte, él caballero del cual se enamoro era una persona muy parecido a ella, apasionado de lo paranormal y dispuesto a encontrar una mujer que odiara a la humanidad.

Sus vidas transcurrieron entre bautizos en sectas satánicas y un matrimonio desquiciado.

Origen de sus creencias

La pareja vivía en Alemania y allí cometieron los crímenes que grabaron su nombre en las listas de asesinos más sangrientos del mundo.

El 6 de Julio de 2001, el matrimonio formado por Daniel y Manuela logró acabar brutalmente con la vida de su amigo Frank Hackert, según ellos por recibir ordenes directas del demonio.

Confesaron que “el diablo les dijo que si querían asegurarse el infierno, habrían de ganar su lugar él, al igual que los seguidores de Cristo se hacen merecedores del suyo en el cielo”.

Asimismo, la única forma en la que podían lograrlo era con un baño de sangre, repartiendo muerte y asegurándose de que sus víctimas pereciesen sufriendo.

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Hechos macabros

Todo comenzó en el apartamento que se encuentra situado en la localidad de Witten, al oeste de Alemania. Aquella mañana del 6 de Julio de 2001, la pareja llevó a Frank Hackert antiguo compañero de trabajo de su esposo y amigo, a su casa con la intención de pasar un buen día.

Una vez en el interior de la casa, ajenos a miradas indiscretas, el joven Daniel se puso en pie y golpeó a su amigo con un martillo en la cabeza. Su esposa Manuela, que por aquel entonces contaba con veintitrés años de edad, se abalanzó sobre su amigo y le clavó un cuchillo al menos 66 veces sin remordimiento.

El cuerpo del joven recibió un total de treinta y tres martillazos además de las heridas con cuchillo.

Tras su fallecimiento, la pareja decidió grabarle en el pecho un pentagrama invertido, símbolo con el que suele representarse al Diablo y posteriormente la pareja extrajo parte de la sangre de su víctima, la vertió en diversos recipientes y la bebió.

Durante el ritual la pareja recitó una letanía satánica por el alma de su amigo ya fallecido. Tras finalizar, se introdujeron en el ataúd que Manuela utilizaba para dormir e hicieron el amor.

Sicarios de Satán

La madre de Manuela sospechaba que algo no iba bien y que su hija podía haber cometido un terrible error. Alertada por este mal presentimiento avisó a la policía para que fueran a investigarla.

Tres días más tarde, los policías entraron en la vivienda del matrimonio, donde hallaron el cuerpo sin vida del joven Frank Hackert.

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En el interior del piso los agentes se quedaron sin palabras, pues la decoración era más que siniestra, la sangre del joven asesinado impregnaba las paredes y había imitaciones de cráneos humanos por doquier.

Los agentes encontraron una lista en la que figuraban quince posibles víctimas con un escalofriante mensaje que decía lo siguiente “Alegraos, vosotros sois los siguientes”.

Juicio polémico

Los jóvenes son arrestados tres días más tarde en una gasolinera en un pueblo al este de Jena, en Alemania.

El juicio se celebró a comienzos del 2002. El joven matrimonio apareció durante el juicio con su indumentaria satánica: ropas negras, botas militares, cruces invertidas, llamativos tatuajes…

Los médicos que evaluaron a la pareja y que posteriormente declararon informaron al juez que la responsabilidad de los implicados estaba notablemente disminuida y ambos individuos mostraban síntomas de estar profundamente perturbados.

Se pudo constatar a lo largo del juicio que los desquiciados apoyaban el carácter ritual para cometer sus crímenes, pues se habían casado el 6 de junio y llevaron a cabo su sacrificio el 6 de julio. Estas fechas configuran una conocida cifra: 666, el número de la bestia en el Apocalipsis de San Juan.

Merecida condena

Manuela Ruda fue sentenciada a pasar trece años en prisión, mientras que su esposo pasaría quince.

No obstante, la Ley alemana permite mantener en prisión a una persona aun después de haber cumplido su condena, cuando razones de seguridad así lo aconsejan.

En conclusión, dada la peligrosidad y profundo estado de perturbación de Manuela y Daniel, es posible pues que jamás salgan de la cárcel.

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