¿Bautizar a Dios? (2321478)

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San Juan Bautista predicada e impartía un Bautismo de conversión. El Bautismo de Juan era como la aceptación de la conversión que se realizaba en aquéllos que deseaban cambiar de vida.

De allí que llama la atención el que Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, se acercara a la ribera del Jordán, como cualquier otro de los que se estaban convirtiendo, a pedirle a Juan, su primo y su precursor, que le bautizara. Tanto es así, que el mismo Bautista se queda impresionado de la petición del Señor.

¡Jesucristo se humilla hasta pasar por pecador, hasta parecer culpable, pidiendo a San Juan Bautista el Bautismo de conversión!

Nos cuenta el Evangelio que  al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que descendía sobre El en forma de paloma y se oyó una voz desde el cielo , la voz del Padre que lo identificaba como su Hijo, el Dios-Hombre (Mc. 1, 7-11).

Es así como en este bellísimo contacto entre el Señor y su Precursor, no sólo vemos la revelación de Jesucristo, como Hijo de Dios, sino también la revelación de las Tres Divinas Personas de la Santísima Trinidad.

San Juan Bautista nos da el testimonio de lo que ve y escucha: por una parte, puede ver el Espíritu de Dios descender sobre Jesús en forma como de paloma. Las palabras del Bautista describiendo el Espíritu Santo se parecen a la mención del Espíritu de Dios en el Génesis, antes de la creación del mundo, cuando  el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas (Gen. 1, 2). Tal vez ese  aletear del Espíritu Santo hace que San Juan compare ese  aletear con el aletear de la paloma.

Además, San Juan Bautista escuchó la voz de Dios Padre que revelaba quién era Jesucristo:  Este es mi Hijo amado (Mt. 3, 17). Es decir, en este pasaje del Evangelio vemos a la Santísima Trinidad en pleno: el Padre que habla, el Hijo hecho Hombre que sale del agua bautizado y el Espíritu Santo que aleteando cual paloma se posa sobre Jesús.

Pensar en el Bautismo de Jesucristo, el Dios-hecho-hombre, nos debe llenar de gran humildad: si todo un Dios se humilla hasta parecer un pecador y pedir el Bautismo de conversión que San Juan Bautista impartía a los pecadores convertidos, ¿qué no nos corresponde a nosotros, que somos pecadores de verdad?

El Bautismo de San Juan Bautista no es igual al Bautismo Sacramento. El Sacramento del Bautismo vino después, a partir del momento que Jesús ordenó a los Apóstoles a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Bautismo que nosotros hemos recibido es mucho más que el bautismo de San Juan Bautista en el Jordán.

Sin embargo, el Bautismo de Jesús nos recuerda nuestro Bautismo. Jesús es Dios. Jesús no necesitaba ser bautizado. Pero con su Cuerpo, con su Divinidad, en su Bautismo en el Jordán, Jesús bendijo todas las aguas para que tuvieran el poder de conferir la gracia en el Sacramento del Bautismo.

Recordar el Bautismo del Dios-Hombre es recordar nuestro bautismo. Pero también recordar la necesidad que tenemos de conversión, de cambiar de vida, para asemejarnos cada vez más a Jesucristo. Es recordar la necesidad que tenemos de purificar nuestras almas en las aguas del arrepentimiento y de la confesión de nuestros pecados. Así podemos mantener limpia la vestidura blanca de nuestro bautismo y mantener encendida la luz que recibimos ese día.

Recordar el Bautismo del Señor es también recordar nuestro futuro eterno, para que cuando nos llegue el momento de pasar a la otra vida, se abran los Cielos para nosotros como se abrieron en el Bautismo de Jesús y podamos escuchar la voz del Padre que, complacido, nos reconoce también como hijos suyos.

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