Bienvenidos al kilómetro 194, donde el odio se desató (2080327)

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Puerto Cabello, enero 7 (Carlos Flores).- La cola, en sentido contrario, es decir, en la autopista Puerto Cabello-Valencia, no hace sino crecer. Voy tranquilo, escuchando “Where is my mind?” de The Pixies, que me hipnotiza a tal punto que solo al pasar frente a los veh?culos de las autoridades -con todo el movimiento humano que se est? realizando en ese preciso instante-, es que despierto y comprendo que estoy a la altura del km 194, donde en la noche del lunes 6 de enero se desintegr? una familia. Se rompi?. La rompieron, duro, con crueldad. Sin alma. Los perversos, en este caso, no descansaron. Se arrecharon y destruyeron la vida que ten?an frente a s?. La vida que no era de ellos. La buena vida de una familia. Hubo caos. Estruendo. Gritos. Impotencia. L?grimas. Sangre… y vac?o.

El km 194 qued? cubierto por un halo de muerte, de oscuridad; un halo fr?o que llega a los huesos como si se tratase de millones de agujas entrando y saliendo con violencia, al mismo tiempo… Ah? qued?, en el ambiente, un tatuaje on?rico… sellos que recuerdan lo ocurrido y, por encima de todo, de la vida y muerte, el hecho de que no fue una se?ora llamada Petra, quien fue asesinada. No. El golpe de dolor instant?neo, que se corre, contagia y consume en las cuentas de Twitter, locales, nacionales e internacionales, tiene un origen b?sico… No fue Petra quien muri? sino M?nica Spear.

L?stima que se tratase de una ex Miss Venezuela para que todos espabilaran y volteasen la mirada para enfocarla, tanto como es posible, en la oscura tiniebla de la autopista Puerto Cabello-Valencia, como s?bitamente sorprendidos… como si de pronto fuera una “noticia” que hay crimen parejo y muchos desgraciados con ganas de echar plomo en v?as -hist?ricamente inseguras- como esta carretera que une a Valencia con Puerto Cabello.

La boca de todos los lobos

Durante el d?a las curvas vienen y van con las gandolas y el resto del tr?fico, y el sol se cuela entre los cerros. De noche… de noche cambia. Las curvas pierden su encanto. ya no lucen como el contorno de una mujer sensual sino como un drag?n salvaje que se contonea buscando v?ctimas.

S?… es un nido de dragones, que solo esperan que caiga una presa y listo, saltan, devoran y no queda algo m?s sino el dolor, profundo e infinito, que perforar? la existencia de los familiares hasta que les llegue el turno de abandonar este planeta.

Pero… ?no es as? toda Venezuela?, lamentablemente sabemos la respuesta: Con el paso de los a?os hemos visto que casi todo nuestro territorio nacional se convierte en una muestra del km 194. Esquina a esquina, urbanizaci?n a urbanizaci?n. Barrio a barrio.

Fue, es y ser? as?. Algo, algo muy profundo, se rompi? en este lugar llamado Venezuela. ?A?n somos un pa?s?, ?queda algo de esa cosa, ese pseudo producto llamado “patria”? Lo que le hicieron a M?nica Spear y su familia, no es crimen. No es violencia. No es un caso para litigar en los tribunales de justicia. No. Esto es algo animal. Brutal. La barbarie desatada. Es el anhelo febril por disparar un arma de fuego… escupir balas contra otro ser humano. Es una sed de horror que le da la espalda al sentimiento de hermandad.

Aqu? no nos referimos a choros que se roban reproductores o incluso veh?culos, sino perros de caza que est?n sueltos por toda esta tierra.

Es a los que nos enfrentamos a diario. Las 24 horas. Hace tanto tiempo que no escucho la palabra “ladrones”, porque esa especie fue extirpada por una peor: Una mezcla mutante de fr?o odio sin escr?pulos; sin razones, sin causas… solo est? ah?, y debe ser calmado a punta de vidas humanas.

No debemos recordar el Km 194 como el sitio donde asesinaron a M?nica. Sino abrir los ojos y vernos… reconocer que todos hace rato vivimos en esa dimensi?n desconocida de temor y divisi?n. Todos habitamos en el Km 194.

Se acaba la canci?n de The Pixies. Y no s? d?nde est? mi mente.

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