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jueves, 28 de septiembre de 2017

Cantos a Carabobo (Parte VIII)

(Especial/Notitarde)

Cantos a Carabobo (Parte VIII)

Vicente Gramcko

La semana pasada dedicamos este especio a la canción número cuatro de las diez que quedaron en el cuadro de honor del Festival Cantos a Carabobo que organizaron las empresas Pampero a mediados de los años ochenta en esta entidad.

Hoy hablaremos acerca de la cancón que ocupó la quinta casilla en dicho cuadro de honor. Se trata del tema El Nazareno, que cantó Raúl González y que compusieron Luis Dellán y Antonio González.

Sobre la autoría de la pieza, se dijo muchas veces que el verdadero compositor fue Julio Centeno. Esto porque don Julio, quien iba a ser homenajeado en el evento, no podía presentar ningún tema en el festival, cosa a la que el michelenero no habría hecho caso. Para disfrazar la situación, presentó tres temas bajo nombres falsos, dos de los cuales quedaron como finalistas: Valencia y sus bellezas y El Nazareno.

Aclarado esto, entramos en el análisis de la composición. Está escrita en tres por cuatro, es decir en ritmo de valse. La orquestación fue realizada por Alex Rodríguez. Ambienta el escenario para una letra dedicada a un personaje de la ciudad que era conocido por todos; pero, quizá por su aspecto, rechazado.

Se trata de El Nazareno, un señor moreno que andaba harapiento por las calles del centro de la capital carabobeña y vivía de la misericordia de los demás. Sin embargo, no era un hombre inculto. Hablaba en latín y rezaba en este idioma las misas de la Catedral y de la iglesia San Francisco, cuando el padre oficiaba la ceremonia. Tenía una voz poderosa, que no necesitaba micrófono para escucharse en  cada rincón del templo.

La canción lo presenta de la siguiente manera:

I

Callecitas de Valencia

Tú que lo viste pasar

Y sentado en sus esquinas

Todos lo vieron rezar

 

II

Nazareno le decían

Por esa forma de ser

Él rezaba para todos

Nadie rezaba por él

 

De su procedencia nadie sabía nada; pero, se decían muchas cosas, al extremo que se llegó a asegurar que había sido seminarista en su juventud y que se volvió loco de tanto estudiar, por lo que había llegado a ese estado.

Este columnista cubrió para Notitarde la triste noticia de su muerte. Fue un lunes en la noche, durante el primer lustro de la década de los ochenta, cuando se quedó dormido a las puertas del diario El Carabobeño, cuando éste estaba en la avenida Soublette, entre calles Páez y Colombia. Allí acostumbraba dormir. Fue su última  noche, pues nunca despertó de ese sueño.

El tema recuerda ese triste instante:

I

Hasta que un día se fue

Para jamás regresar

Nunca tal vez habrá otro

Que lo pueda igualar

II

Tu cabeza inclinaste

Muchos te vieron así

Y quedándose dormido

Todos  te vieron morir

 

En fin, una emotiva canción para recordar un personaje popular de nuestra ciudad.

Y HASTA AQUÍ POR HOY. Sera hasta el próximo viernes, Dios mediante. Cualquier comentario por el correo periodistavicente12@gmail.com

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