Cápsulas Para Volar

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Nadar en disparidad

Recientemente he retomado el placer de nadar regularmente en una piscina a manera de ejercicio. Nadar no es solo un deporte o actividad recreativa: es un arte que todo ser humano debe aprender. Desafortunadamente, la natación también ha significado un tema de exclusión económica y racial, como se muestra en una serie de reportajes (el último ha sido publicado en The Atlantic).

Las estadísticas de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedad (CDCs) en USA muestran que hay un promedio de 10 muertes al día por inmersión, 1 en 5 de esas muertes son de personas menores de 14 años, y por cada niño que muere hay 5 que necesitan tratamiento de emergencia por lesiones de ahogamiento. Más del 50% requerirá hospitalización. Las lesiones no fatales pueden causar daño cerebral severo que puede conllevar a problemas de memoria, dificultad para el aprendizaje, convulsiones, y pérdida permanente de la función cerebral (estado vegetativo).

Pero veamos algo más alarmante, la inmersión es la segunda causa de muerte no intencional en negros de ambos sexos menores de 18 años; los niños negros tienen una probabilidad 5.5 veces mayor de ahogarse que niños de otras razas. La Fundación de Natación de Estados Unidos reportó en 2017 que 64.7% de los adultos negros no sabía nadar o tenía pocas habilidades para el nado, al contrario del 39.7% de su contraparte blanca, y el 78% de los negros de ese grupo que eran padres dijeron que sus hijos tampoco sabían nadar.

Esto pareciera decir que mientras más pobre es una persona más chance tiene de morir ahogada, y es verdad, pero hay otro factor que parece contribuir al miedo/rechazo al agua (y a la natación) de los negros. Según la entrenadora de natación Noelle Singleton (@afroswimmers) un gran problema radica en la carencia de gorros de baño apropiados para proteger el cabello de las afroamericanas. La primera pregunta que ella recibe de sus clientas de la comunidad negra es ¿qué voy a hacer con mi cabello? Pues gastan cientos de dólares en mantener sus afros, trenzas, extensiones y dreadlocks. El cloro puede acabar con un afro. Parece increíble, pero ningún gorro protege 100% al cabello de la entrada de agua, así que prefieren evitar la piscina; es un asunto de identidad, estética e imagen, pero que cuesta vidas.

Otras razones son el costo de las clases de natación y la escasez de piscinas públicas. Acá juega un rol el factor socioeconómico, pues si no eres miembro de un club se hace muy difícil tener acceso a una piscina. En el caso de USA muchas piscinas públicas fueron clausuradas cuando se abolió la segregación racial, pues los ayuntamientos en estados racistas no querían que negros y blancos se mezclaran en las piscinas (especialmente los varones negros con las mujeres blancas), así que optaron por cerrar las piscinas públicas, proliferando las privadas. Esto afectó a las clases más pobres, por lo tanto, a los negros.

Es imperativo que como medida de política pública se contemple la construcción de piscinas públicas en sectores de menores recursos, para de esta manera reducir la brecha de no nadadores en estos estratos. Esto no solo animaría a las personas a realizar deporte y mejorar su salud, si no que reduciría la cantidad de muertes por inmersión, sobre todo en niños y adolescentes. La natación es democrática porque puede ser practicada a cualquier edad, incluso por personas con discapacidades motoras y articulares importantes.

Necesitamos invertir en piscinas públicas, nadar no debe ser otro factor de disparidad.

http://rubendarioperalta.blogspot.com   @rubendperalta

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