Caridad en la playa anciano de 90 años desafía a la ley en Florida

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Fort Lauderdale (EEUU), 20 de noviembre de 2014.- Con su voz cansada, sus pasos cortos y su espalda ligeramente corvada, pocos pensarían que Arnold Abbot es el enemigo público número uno de Fort Lauderdale. El anciano está dispuesto a desafiar a las autoridades de la ciudad próxima a Miami y seguir alimentando a los pobres en la playa hasta que le quede aliento. 

Como cada miércoles desde hace 23 años, Abbot y los voluntarios de la organización "Love Thy Neighbor" (Ama a tu Prójimo) llegan poco antes de las 17:30 a la playa. Unas decenas de personas sin hogar esperan para recibir un plato de comida. Desde hace varias semanas la rutina se desarrolla bajo la mirada de otras tantas decenas de periodistas, testigos de los tres arrestos del anciano por incumplir la ordenanza municipal que desde el 21 de octubre prohíbe dar de comer a los pobres al aire libre. 
Algo cambió el miércoles y no fue sólo la fresca noche, inusualmente fría en el sur de Florida. La policía no apareció. "Un triunfo", afirma a dpa John David, el abogado de Abbot. Pese a lo que diga el alcalde, entregar una citación judicial, aunque no haya esposas ni paso por comisaría, es legalmente un arresto, argumenta. 
"La ciudad está llena de gente poderosa y megarrica que no quiere 'homeless' en su bonita playa. Mi argumento es que cualquiera en el mundo puede disfrutar de esta maravillosa playa, ¿por qué no los 'homeless'?", explica Abbot a dpa la controversia que le ha llevado a ser protagonista de los medios nacionales e internacionales. 
El anciano firma autógrafos y se abraza con dos miembros enmascarados de Anonymous Miami, que ven en el nonagenario un símbolo de la revolución. Su página de facebook se ha llenado de "likes" y en change.org hay una petición para tumbar la ordenanza. 
Con puntualidad y ya apenas sin luz, los voluntarios colocan las mesas portátiles frente a los sanitarios públicos, junto a la arena, vacía por el frío, y a pocos metros del mar. Sobre ellas, manteles de cuadros blancos y rojos, y platos y vasos de papel. Sacan las bandejas con pollo, ensalada de col, macarrones con queso, verduras, albóndigas con pimientos y cóctel de frutas de una camioneta blanca en la que se lee: "El ingrediente más importante es el amor". 
Los sin techo hacen fila. Habrá comida para todos. Pero antes, una oración. "Todos somos hijos de dios. A sus ojos, nadie es mejor que nadie. Amén", dice Abbot. Y todos repiten: "Amén". "Vamos a comer", ordena. Con los platos rebosantes, se sientan en las mesas fijas con los pies en la arena donde gente más afortunada suele comer bajo las palmeras cualquier día de la semana. 
"No hay policías hoy, los echo de menos", afirma a dpa con humor Abbot, que ya ganó un batalla legal similar en 2001, a lo que se aferra para mantener su derecho a seguir en la playa. 
¿Es realmente un triunfo? No parece. "Por lo que yo sé, será citado (ante un juez)", dijo el alcalde Seiler tras el acto del miércoles, según el diario local "Sun Sentinel". 
Seiler había defendido horas antes la ley en la web del gobierno de Fort Lauderdale. "Contrariamente a lo que dicen los medios, la ciudad no está prohibiendo a la gente alimentar a los 'homeless'. Hemos establecido una ordenanza de distribución de comida al aire libre para asegurar la salud, la seguridad y el bienestar de la comunidad". 
A las 18:17 la comida se ha agotado, los sin techo han comido y los voluntarios, siempre con guantes de látex, recogen todo. No queda rastro de suciedad entre el aparcamiento y la arena. 
Ni Abbot ni Seiler ceden, por lo que parece que todo se resolverá en los tribunales. El anciano se enfrenta a una multa de 500 dólares y 60 días en prisión por cada infracción. "Por alguna razón, la ciudad de Fort Lauderdale quiere hacer de esto un crimen", afirma a dpa el abogado John David. 
Fort Lauderdale, a 55 kilómetros al norte de Miami, es una ciudad nueva y rica que mira al mar con un problema por la creciente población de gente sin hogar. Se la conoce como la Venecia de Estados Unidos por sus canales navegables. Las comparaciones terminan ahí. 
"Nos han ofrecido otro lugar, pero éste es el sitio, aquí es donde estamos y donde nos quedaremos mientras me quede un soplo de vida", afirma Abbot firme y desafiante, dispuesto a volver a la playa el próximo miércoles, víspera de Acción de Gracias. No sabe si irán los policías a arrestarlo. Lo único seguro es que habrá pavo para los más hambrientos. 

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