Cinco meses sin ensamblar un vehículo tiene la planta Chrysler de Valencia (2212555)

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Valencia, agosto 8- A pesar de que es hora punta, en la ensambladora de Jeep en Venezuela no se mueve ni una tuerca. La enorme fábrica situada en Valencia produjo su último vehículo hace cinco meses. Desde que se agotó la materia prima, la mayoría de los más de 1.000 trabajadores de la planta fueron enviados a casa.

Por su parte, al día de hoy, la planta de Ford, también afincada en Carabobo, ensambla solo 10 unidades diarias y General Motors apenas otras 15, según los sindicatos, una fracción de su capacidad de 300 vehículos por jornada.

Producción en picada

En 2008 la industria automotriz venezolana comenzó su espiral descendente tras tocar niveles de producción históricos de 172.000 unidades el año previo. Con el desplome del precio de crudo por la crisis financiera mundial, que sumió el país en una recesión, los carros dejaron de ser una prioridad.

La caída de este año no tiene precedentes: en julio fueron producidos apenas 876 autos en el país, una caída interanual del 87%, según la Cámara Automotriz de Venezuela.

Hasta julio de 2014 fueron ensamblados en Venezuela apenas 7.000 vehículos, un 84% menos que en el mismo período del año anterior y un volumen que Argentina fabrica en apenas unos días.

Los empresarios venezolanos dicen que la escasez de dólares en las arcas públicas y el mal manejo del control de cambio han generado retrasos en la asignación de 15.000 millones de dólares desde 2012, 1.900 millones de ellos para las ensambladoras de autos.

El gobierno asegura que no faltan divisas y el presidente socialista Nicolás Maduro, que suele acusar a los empresarios de librar una “guerra económica” contra su gobierno, responsabilizó a los fabricantes de autos por la crisis en el sector.

Fedecámaras calcula que 8.000 puestos de trabajo fueron eliminados en lo que va del año en el parque industrial de Valencia, donde un 75% de las empresas tiene al menos una línea de producción detenida.

Despidos en Chrysler

“Están pidiendo el despido de 119 trabajadores”, dijo Henry Ospina, el secretario del Sindicato de Trabajadores de Chrysler, la marca dueña de Jeep. “Estamos dando la pelea. Pero la empresa argumenta que cada día se les pone más cuesta arriba los costos que implican mantener una nómina”, dijo en una entrevista junto a la planta donde las máquinas paradas están cubiertas con plástico y los pasillos y oficinas están casi vacíos.

“Los trabajadores somos los verdaderos afectados en una época tan difícil de crisis económica”, dijo Ospina. “El bolsillo se afecta, el comercio sufre. Es una reacción en cadena”, agregó.

La paralización de la industria automotriz venezolana es otro síntoma de las distorsiones generadas por el control de cambios en la nación petrolera, cuya economía se adentra -según analistas- en una dolorosa estanflación.

Sin suficiente acceso a dólares para importar autopartes e insumos, las empresas se vieron forzadas a parar las líneas de producción. Y como consecuencia, la espera para comprar un auto cero kilómetro en Venezuela puede ser de años.

La competencia en crisis

Chrysler, subsidiaria de la italiana Fiat, no es una excepción. Las plantas venezolanas de Ford, General Motors, Toyota, Iveco -de la italiana CNH Industrial-, Mack -de la sueca Volvo- y la japonesa Mitsubishi, trabajan al mínimo por los retrasos en la asignación de divisas a través de un control de cambios creado hace una década por las autoridades de la nación petrolera.

Costo social

Con una meta de producción de apenas 15.000 vehículos para 2014, o apenas una décima parte de su capacidad instalada, la crisis ya cobró sus primeras víctimas.

Decenas de gerentes y administrativos han aceptado en los últimos meses acuerdos de compensación ofrecidos por las automotrices extranjeras para abandonar sus puestos sin recurrir a la legislación laboral venezolana, que impide los despidos, dijeron a Reuters trabajadores familiarizados con los casos.

En las plantas que no cerraron, los obreros trabajan medio tiempo. En las otras solo resuenan los pasos de los trabajadores que dan mantenimiento a las máquinas en caso de una reactivación que nadie sabe cuándo ocurrirá.

“Están en riesgo 1.500 puestos de trabajo en toda la industria automotriz”, dijo Cristian Pereira, presidente de la federación que agrupa a los sindicatos del sector incluyendo a fabricantes e importadores de autopartes.

Gobierno promete proteger puestos de trabajo

Tras mucho insistir, empresarios y sindicalistas lograron reunirse esta semana con el gobernador del estado Carabobo, Francisco Ameliach. El funcionario prometió proteger los puestos de trabajo y agilizar la liquidación de divisas para la industria.

El Gobierno firmó además un convenio para importar 13.000 vehículos de la gigante china Chery Automobile, con los que pretende cubrir parte de la demanda doméstica. Pero eso irritó a muchos trabajadores de la industria.

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