Colas, viajes y olé

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Nada alentador se avizora el panorama al pueblo venezolano para este año 2015, el desabastecimiento desde hace bastante tiempo hace estragos en la economía familiar y calidad de vida de nuestra gente, situación que expertos y sabios populares anunciaron de grandes proporciones para el año que estaba por comenzar. Primero fue el  papel higiénico de lo cual hacían chistes propios y extraños porque eso sí tenemos los venezolanos, un gran sentido del humor; luego la leche, la harina, más tarde azúcar y café, se les sumaron el champú y el desodorante, lavaplatos, aceite, desinfectante, servilletas, cemento, medicinas, pañales,  ¡Dios! Pare Ud. de contar. Para colmo de males, se desploma el precio del barril de petróleo para colocar la economía de la nación en alerta roja.

Comenzaron a hacerse las colas y todo un tour para hacer mercado visitando cuanto establecimiento se nos cruzara en el camino tratando de conseguir los productos. Los empresarios decían que necesitaban divisas para traer mercancía, el Gobierno que se estaba montando una “guerra económica”, lo cierto es que soplaban en el país aires de tormenta social por la incomodidad que generaba la desaparición de los anaqueles de productos de primera necesidad. Reventaron las protestas y con ellas la represión, la gente exigía respuestas por la inseguridad desbordada, el racionamiento eléctrico sin programación y la escasez frente a un Gobierno que lo único que sistemáticamente repetía era que había un plan contra la revolución y que en el país no había ninguna crisis, solo la desesperación de la oposición.

Vean pues adónde ha llegado el asunto consecuencia de la irresponsabilidad y la soberbia, nada de oír consejos. El presidente Maduro prefirió amenazar, expropiar, perseguir, nada de producir; gastar e hipotecar el país sin importarle lo que podría venir. Hoy la Venezuela sólida, ésa que llevaron por la América Latina con la espada de nuestro Libertador regalando lo que supuestamente teníamos de sobra para fortalecer otras economías a cambio de solidaridades complacientes, que colocaran una venda al mundo sobre los abusos y desatinos que el Gobierno revolucionario ejecutaba en Venezuela contra quienes se opusieran a sus desacertadas e incluso inconstitucionales decisiones, se encuentra en crítica situación, tan crítica que no solo no es capaz de abastecerse internamente, sino que ya nadie le quiere auxiliar. Nadie se atreve a darnos préstamos, incluso el Gobierno chino, a quien le han entregado prácticamente todo.

Hoy nos abruma la incertidumbre, el desabastecimiento llega a proporciones nunca antes vistas y lo peor es que  no vemos ni una sola señal de enmendadura; el Gobierno de Nicolás Maduro finalizó el año 2014 con una altísima inflación, con un país que apenas pudo tener Navidad, endeudado hasta los tuétanos, pero se aseguró de ratificar a sus mejores aliados, los representantes de los poderes públicos mientras le dura esa mayoría circunstancial y nada representativa que hay en la Asamblea Nacional. Se fue de viaje y nos dejó con los crespos hechos, esperando anuncios que nunca hizo, con el objeto de buscar acuerdos, convenios y efectivo en un intento de detener la debacle económica que él mismo ocasionó, y que  ahora a su llegada esperamos las resultas de tan extenso viaje que a mi modesto modo de ver nada logró resolver para nuestro país.

Pero no solo el Presidente viajó, también lo hicieron altos funcionarios y familiares mientras los venezolanos de vigilia en vigilia frente a establecimientos comerciales intentamos sobrevivir. Carabobo no fue la excepción y nuestra ciudad irónicamente mucho menos; colas, trifulcas, desesperación exigiendo alimentos, pañales, cemento, pollo, sin nadie que dé una respuesta, sin nadie del Gobierno que nos dé una explicación y lo que es peor, sin ninguna autoridad que reclame en nombre de sus representados. Uno porque las ocupaciones políticas partidistas son más importantes que responder a los carabobeños que demandan atención, y otro, porque es más cómodo un concierto en Barcelona y el control remoto desde la madre patria  que la necesidad de los porteños, ¡qué indignación! ¿Así es que se gobierna? ¿Sometiendo a todo un pueblo a la barbarie, a depender exclusivamente de lo que consiga y no lo que necesite y que quiera comprar, mientras otros disfrutan de la comodidad del poder a nombre de la revolución?

Los venezolanos nos merecemos otra cosa, nos merecemos que nos atiendan con responsabilidad, que se satisfagan nuestras demandas, que se nos respete como ciudadanos, que dejen de utilizar nuestra necesidad como prebenda electoral que subordina y somete, que nos hace cada vez más pobres y nos humilla cada vez más, que dejen de vernos la cara de bolsas y nos digan la verdad. Es momento de los ciudadanos, de asumir la responsabilidad de defender nuestra patria, de rescatar la solidaridad y sacar a flote nuestro espíritu guerrero, nuestra vocación libertaria, nuestra autonomía, es hora de la patria, es hora de Venezuela.

 

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