¿A quién le gusta ser pobre?

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Según el Banco Mundial, una persona es pobre cuando gana menos de dos dólares diarios, cantidad considerada mínima para cubrir las necesidades primarias básicas de una persona. En 1981, el 70% de la población mundial vivía con menos de dos dólares al día, o sea 2.500.000 personas; en 2014 la cifra porcentual se redujo al 33%; pero ahora son 2.600.000 personas que todavía están en el umbral de la pobreza.

¿Qué significa esto? Que la población en el mundo aumentó más que la disminución de la riqueza, y todavía hoy, a pesar del desarrollo tecnológico y económico que ha experimentado el mundo en los últimos 30 años, hay cifras que deberían llenarnos de vergüenza: Cien mil personas mueren cada día por hambre, cada 5 segundos un niño menor de 10 años fallece por falta de alimento, y 2.000 millones de personas en nuestro planeta carecen de acceso a medicamentos esenciales.

Si nos vamos a África, el continente más pobre del planeta, la realidad es aún más dramática; allí 300 millones de personas viven con menos de un dólar al día, 30 millones de niños menores de 5 años sufren desnutrición, y el 43% de la población no tiene agua potable. Todo esto, sin mencionar el SIDA, que redujo la esperanza de vida de 49 a 46 años, con más de 2.2 millones de muertes al año. 

Sin embargo, creo que la pobreza y la miseria, no son producto de recursos naturales insuficientes, ni de territorios grandes o pequeños, ni creo que sea  la consecuencia de que algunas personas o compañías sean muy ricas, ni porque la brecha entre ricos y pobres se ensanche cada día, ni  por la avaricia y la especulación que vive el mundo en los últimos tiempos.

La pobreza y la miseria, tampoco pienso que surjan por una  desigual distribución de los recursos y de la riqueza, que ha hecho que unos pocos tengan mucho, y otros muchos tengan muy poco; y donde la gran mayoría tiene que vivir con muy poco o casi nada. Ni siquiera creo, que se le pueda atribuir  a esos  pocos países avanzados que tienen mucho, o  a esos muchísimos países que tienen poco.

La pobreza comienza antes del nacimiento de un ser humano, desde el mismo momento en que la mujer embarazada no cuenta con una buena alimentación, ni con un ambiente idóneo para vivir una maternidad tranquila, que le permita al niño desarrollarse plenamente en el vientre de su madre; y que se agrava cuando el niño nace desnutrido y con deficiencias, y sin las herramientas básicas y necesarias para llegar a ser competitivo, productivo, eficiente y exitoso para él, y para la sociedad. 

Adicionalmente, se crían sin las tres variables fundamentales para el desarrollo eficiente de una sociedad exitosa: Hogar, educación y ejemplo; pues la mayoría nacen en hogares ya destruidos o que ni siquiera eran hogares cuando los concibieron, con una educación sin objetivos y de mala calidad,  y con “ejemplos” que los deforma en vez de formarlos; creándose así un círculo vicioso, donde estos futuros padres terminan siendo peores que sus padres,  dando un retroceso a la sociedad, en la misma medida que retroceden las personas que la integran. 

¿A quién le gusta ser pobre? Mi madre solía decirme: “Carlos, a nadie le amarga un dulce”. Reconocer la pobreza, no deshonra a una sociedad; pero sí el hecho de no hacer el mayor de los esfuerzos para salir de ella. 

¿Hay solución? ¡Mejor que la haya! Porque en el futuro será muy difícil para el mundo vivir en una isla de riqueza, rodeada de un mar de pobreza. 

Continuará el próximo domingo…

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