?Bienvenidos los latinos a Miami!

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…..Continuación del domingo anterior.

Dicen que nada es más despreciable que el respeto basado en el miedo; y la gente tiene miedo cuando se enfrenta a un oficial de inmigración americano, sobretodo en Miami. 

Como si el hecho de haber tramitado una visa, con cita previa, cola durante toda una mañana, diferentes documentos demostrativos, y un exhaustivo interrogatorio, que en muchas ocasiones raya en la humillación, no fuese suficiente; todavía hay que someterse a estos interrogatorios intimidatorios, donde uno está a la merced del poder que tiene el funcionario de turno; quien es susceptible de ser arbitrario, despótico y alienante.

Un tema de conversación entre muchos turistas en Miami, es: “Si te toca un latino; son los peores…, que si las mujeres son más amables…, que si es mejor que te toque un americano”, y casi nunca logran ponerse de acuerdo en cuál es la mejor alternativa.

¡El poder y la virtud no se hermanan bien!, y  el poder termina casi siempre mostrando la verdadera naturaleza de un hombre. Dicen que si quieres conocer verdaderamente a una persona, sólo tienes que darle poder; pues la naturaleza del poder es tal, que hasta aquellos que no lo han buscado, sino que han tenido necesariamente que aceptarlo, se sienten inclinados a aumentarlo más y más. ¡Nada corrompe, ni malea tanto como el ejercicio de la autoridad, por momentánea y reducida que sea!

“¿Cuánto dinero trae?” Nunca entendí esta pregunta, a pesar de que me la han hecho decenas de veces, tomando en cuenta que hay una forma aduanal que uno firma declarando precisamente todo lo que trae. “Cuatro dedos, pulgar, foto mirando a la cámara”. Finalmente, uno observa cómo le estampan el pasaporte, mientras recibe el ansiado: “Bienvenido”; y uno se siente como aliviado, como si hubiese superado una difícil prueba.

A este punto, ya las maletas están esperando al lado de la correa, y uno las recoge velozmente desesperado por salir; y de repente otra colita, esta vez es para entregar la declaración de aduana, y de nuevo el pasaporte a la altura de la cara, viéndote a los ojos, y otra vez las mismas preguntas: “¿A qué viene?, ¿Cuánto dinero trae en efectivo? ¿Algo para declarar?”, a pesar de  la declaración de aduana firmada, y de que un compañero suyo preguntó exactamente lo mismo; y basándose en un criterio que nunca se logra descifrar, sale uno a revisión de equipaje, o con un poco de suerte, directo a la ansiada ciudad de Miami.

Me gusta la gente capaz de amar lo que hace, de ponerle corazón a lo que emprende cada día, y por lo que lucha cada día; con la mejor de las actitudes para lograr un mundo mejor, desde su propia trinchera por pequeña e insignificante que sea. ¡No siento lo mismo cada vez que llego a la aduana en Miami!

“Nobleza obliga”, me solía decir mi madre, y en Estados Unidos tienen una historia demasiado grande, poblada de gente que por su aporte a la humanidad, son un ejemplo a seguir y una referencia para todo mundo, forjadores de muchos derechos y conquistadores de muchas libertades, como para que sometan todos los días  a semejante humillación a miles de personas, en su gran mayoría latinos, que por una u otra razón, llegan a visitarla; y los cuales han contribuido a que Miami sea hoy por hoy, una de las ciudades más importante de USA.

Debería poner un cartel bien grande que diga: !Bienvenidos, los latinos a Miami! Pero eso sí, que no se quede en el simple texto de un cartel; que se convierta en una agradable realidad.

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