Doble Play (95123)

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Si algo tienen los períodos convulsos en la historia de los países es la sucesión de acontecimientos que nos sorprenden. Los muros de Parísen el 68, en plena revuelta estudiantil, nos contaban “Cuando lo extraordinario se hace cotidiano hay la revolución…”. Y es justamente lo vertiginosos de esos acontecimientos lo que nos daban a entender que en Venezuela se vienen cambios rápidos y profundos. Hace unos meses nadie podría apostar, por ejemplo, que Henry Ramos saldría electo presidente de la Asamblea por una coalición de la que Voluntad Popular formaba parte. Todo indicaba que la oposición se encaminaba a la constitución de dos bloques. Uno integrado por PJ, AD y UNT, con una clara tendencia a ejercer una oposición “dialogante” y otro de VP, VENTE y PV, con una propuesta de profundizarla y poner condicionamientos a la relación con el Gobierno. ¿Quién podría pensar que la policía estaría allanando la sede de Marea Socialista? y que sus dirigentes estaría hoy perseguidos y denunciando la corrupción gubernamental. ¿Quién habría pensado que una cola de Catia, sí de Catia se trasformaría en una multitudinaria manifestación gritando “Y va a caer, y va a caer…”? ¿Quién podría haberse imaginado que Henrique Capriles estaría hoy cuestionando lo que él considera una actitud tibia de su organización y de la MUD y acercándose a las propuestas de la oposición más dura al Gobierno. ¿Qué obra tales prodigios? Pues es simple. Se trata de la situación objetiva que impacta el mundo de lo subjetivo, o sea de lo que la gente piensa y entonces crea, como lo diría mi querido amigo Nelson Acosta, “nuevos relatos”. El 27 de febrero del 89 y el impacto del Caracazo produjo numerosas consecuencias políticas y en la manera de pensar de la gente. Aquellos saqueos y aquellas dantescas imágenes nos chocaron y nunca más fuimos los mismos venezolanos. Chávez y la descentralización fueron dos de sus consecuencias. El pueblo eligió luego a Chávez frente a Salas Römer para expresar su descontento y desgraciadamente le importó un pepino la Descentralización. Interesante analizar que Chávez gana las elecciones con una consigna de revancha social y política: La Constituyente y la de Salas, “con la Constituyente no se va al mercado”, no logró impactar a quienes iban al mercado sin problemas. Hoy, ese Caracazo a cuentagotas que conocemos, ese drama social que vivimos con amigos y familiares que no tiene medicinas. Esa pequeña depresión como la de mi nieta Jimena de 6 años cada vez que se va la luz y el susto de Romina que aún no tiene dos cuando entra a la casa preguntándome en su media lengua: ¿“Abu, hay yuz”? Todo eso está formando una nueva manera de ver las cosas a los venezolanos. No ha habido ningún congreso ideológico para inducir a la que gente como la que ayer vi en Paracotos y cuya protesta nos tuvo dos horas parados en la autopista, a que me dijera “estos malditos trajeron un mercado para cuatro gatos y con un poco de sardinas podridas. A lo mejor las que pescó García Carneiro borracho en el yate”. Hoy día la calle es una gran escuela que nos está dando lecciones a todos. Todos estamos cambiando aunque no lo percibamos. Maduro es un periódico de ayer. Con revocatorio o sin él se va a ir, porque ya no forma parte ni de las querencias ni de las necesidades del pueblo. Nos toca a los que queremos que el cambio sea para bien, poner el oído en nuestros compatriotas que sufren para no cometer los mismos errores que nos trajeron aquí.

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