El adicto y la sociedad

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El adicto como enfermo mental, por causa del consumo de sustancias dañinas que afectan primeramente su sistema nervioso, es un sujeto que, precisamente por los efectos inevitables que la droga produce sobre él, se convierte por este motivo en un individuo que ofrece unas características muy particulares sobre su personalidad.

Este individuo sufre inevitablemente una modificación en su personalidad,  que lo lleva a sentir la necesidad de entrar en relación y compartir con los que padecen su misma adicción o enfermedad. Ello en virtud de dos razones de relevancia para él: La primera relacionada con la necesidad de asociados que recíprocamente puedan intercambiar opiniones sobre sus adicciones sin la condena social, llegando al punto de hacerse confidentes de sus angustias y penurias que los condujeron al estado en donde se encuentran y de aquellas que los mantienen sumergidos en el consumo de las diferentes sustancias, el entorno lo convierte en una nueva forma de vivir, en una nueva sociedad creada por ellos mismos. La segunda condicionada por el abastecimiento y ayuda mutua relacionada ésta con la compra  de sustancias y sus proveedores e igualmente los lugares de consumo mutuo se hacen exclusivos y permanentes.

La primera tiene a su vez una consecuencia negativa que es que al ingresar al grupo selecto de consumidores, se produce una autoexclusión del resto de las actividades sociales, que incluso llega a molestar o ser impeditiva para el adicto. Las consecuencias de este alejamiento van corriendo con el tiempo y cada vez son más distantes del inicio y de tal suerte se abandonan todas las obligaciones, entre ellas las familiares, laborales, religiosas, culturales, por mencionar algunas de las más importantes. Está comprobado que el consumo de drogas aleja al individuo de toda valoración positiva y solo se dedica y valoriza aquellas que tienen que ver con su adhesión a las drogas.

La segunda, por su parte, no es menos importante en su aporte desfavorable para la sociedad por cuanto su objetivo gira nada menos que en la obtención de la dañina sustancia. “Como enfermos la necesitan”, pero forzados por el traficante que la ofrece permanente o perseguido por la ilegalidad de su vida, llegan habitualmente a entrar en el microtráfico, paso sumamente peligroso para el consumidor. Por un muy original componente anímico el adicto es un gran manipulador y proselitista. Desequilibrado, en su reposo toma conciencia de su situación desajustada completamente del entorno social. En medio de su desesperación y pensamiento positivo sabe que se aparta de la sociedad y que su imagen, la que posea en ese momento y la que necesita en su medio normal, se desdibuja. He allí donde surge la necesidad de mayor consumo y arrastrar la mayor cantidad de compinches a sus campos. Esparciendo su mal, convence a otros de un mundo de ensueño, promete el goce y la felicidad, “GANA” en síntesis nuevos adictos que lo acompañarán en el largo y corto recorrido. Sé de casos en los que los padres adictos, en su afán de conservar su imagen y compañía, han conducido al consumo de drogas a sus descendientes.

Así el enfermo es, a su vez, un traficante y lo es porque provee nada menos que a nuevos necesitados, aumenta la demanda, ensancha el mercado en el que los proveedores irán colocando su bien graduada oferta de sustancias, dañando día a día más personas e incursionándolas en ese mundo gris y sin salida. No es arriesgado afirmar y sostener que la sociedad corriente y normal sufre con esta forma de vida un severo revés, ya que el enfermo o adicto, cuando en su desesperada carrera por proveerse de lo que para él ha llegado a ser vital y si no llega a hacerlo por la colaboración en el tráfico convirtiéndose en traficante, lo consigue por vía de otros delitos. Robará en su entorno familiar, en su trabajo o en la calle; defraudará y estafará con los mismos fines, producirá lo que otros le exijan en el campo delictivo con el mismo objeto (conseguir la sustancia). Lo dicho anteriormente conduce inevitablemente al resultado por todos conocido y es que surge en un lapso más o menos delimitado un individuo con una progresiva decadencia física, psíquica y moral que se perfila claramente y llega a serlo en plenitud como un elemento negativo para la sociedad, ya que transmite en ella sus estigmas.

Para concluir afirmo que: “la enfermedad causada por las drogas crea, produce y genera delito. Delitos protagonizados por los más débiles de mente, llámense niños, niñas, adolescentes y jóvenes”. En nuestras manos está el ayudarlos, si deseamos una sociedad JUSTA Y PERFECTA.

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