El Desertor en las pantallas

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Los cines nacionales, entre los estrenos venezolanos de estos días, presentan “El Desertor”. Es una película de Raúl Chamorro, producida por el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC), teniendo como productora ejecutiva a Amanda Quijano. 

Hemos ido a ver esta película, porque de hecho pienso que como venezolanos debemos ver todo nuestro cine, más cuando permanentemente están en cartelera entre 3 o 4 películas de aquí. No estoy de acuerdo con la gente que hace comentarios insulsos contra lo que ni siquiera conoce. 

Pero también me interesaba porque participamos en un taller en el cual se evaluaron una serie de guiones y estaba el de este film, cuando Chamorro había realizado una primera versión. Muchos realizadores transforman los guiones que presentan a concurso en CNAC a la hora de la filmación, y me alegra descubrir que este no es el caso.

“El Desertor” es una película cuya historia se desarrolla en Los Andes, específicamente en Trujillo, se basa en un acontecimiento real de los años 60, cuando la famosa y cruel Recluta, era una verdadera tragedia para los venezolanos, sobre todo para las familias humildes, por suerte es una circunstancia que desapareció por decisión del Presidente Chávez y se alista en el ejército quien lo desea. El film nos cuenta una historia de amor contrariado entre dos jovencitos, y la intervención desvergonzada de un personaje con un cargo militar que aspira, por medios sucios, a lograr los favores de la muchacha en cuestión. Es interesante la presentación de la dualidad de los personajes con dirección militar, donde se muestra la presencia también de gente con criterios sanos, frente a la villanía de la contrafigura. No queremos relatar el argumento total porque aspiramos a que vayan a verla, dado que vale la pena.

El resultado es una historia bien contada, bien actuada, filmada buena parte en el pueblo de Jajó, haciendo relato de costumbres propias de la zona y solazándose en detalles de comportamiento, descripciones, actitudes, en un mundo sencillo, diáfano, con personajes creíbles, cercanos, diálogos y situaciones que permiten al espectador disfrutar de su veracidad, en combinación con elementos mágicos de orden poético (como las apariciones frecuentes del fantasma de la madre, en diálogo cálido con su hijo, el protagonista de la historia).

Nos complace saber que los actores en su casi totalidad provienen de la región, gente de Táchira, Mérida y Trujillo, de las escuelas de Arte Dramático de la ULA y del Teatro Nacional Juvenil de Trujillo. Los jóvenes protagonistas: Magdiel González y Eliane Chipia hacen un buen trabajo como el resto de los actores Leonidas Urbina (Subteniente Montilla), junto a Glenda Mendoza (Juliana), Mercedes López (Evarista) y Salvador Villegas (José Ramón).

La dirección de actores es excelente, la fotografía es muy atractiva (en manos de Gerard Uzcátegui), y en general la ambientación y selección de escenarios mantiene un equilibrio armónico. Sin plantearse grandes experimentaciones, respetando la historia que se cuenta, Raúl Chamorro ha hecho un excelente trabajo con esta su Opera Prima. No se la pierdan.

Apoyar al cine nacional no es un sacrificio, es un modo de divertirnos, entretenernos, comunicarnos, con lo que nuestros realizadores están construyendo, y les aseguro que se llevarán muy buenas sorpresas.

Laura Antillano
 

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