Entre el desasosiego y la esperanza

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Al amigo Lacava lo veo como un Quijote luchando contra los molinos de viento. 

Le comprendo, pues muchas veces me siento así, cuando observo que a pesar de tantos años de lucha, no logramos consolidar un verdadero desarrollo. 

He notado cierto distanciamiento de personas ligadas a la administración municipal, e infiero que no asimilan adecuadamente la crítica constructiva que se hace a través de esta columna. 

Mis planteamientos no tienen carácter político ni van dirigidos a menoscabar a nadie. Si alguna persona considera que he sido injusto en mis apreciaciones y lo demuestra, no tengo problema en así reconocerlo. 

Mi padre, quien modestia aparte, fue un hombre ejemplar, siempre me insistió en que debíamos cultivar la paciencia, la tolerancia y la humildad. 

Mis críticas están solo motivadas por el inmenso dolor que me produce observar cómo una ciudad con potencial para ser hermosa y para ser referencia turística en el Caribe (utilizando una de las expresiones favoritas del Alcalde), se encuentre en tan deplorable estado de abandono.

Reconozco que en un año no se pueden corregir décadas de desidia y negligencia, pero asimismo, veo con preocupación la inexistencia de un plan estratégico de desarrollo. 

Insisto en que no se puede gobernar solamente por gerencia de crisis, aunque reconozco que la avasallante dinámica del día a día presenta tropiezos a la planificación. 

Considero, sin embargo, que existen deficiencias en el esquema de Gobierno y en muchas ocasiones los problemas sólo se resuelven con la participación directa del Alcalde.

Esta situación debe ser corregida, ya que ninguna persona, por mayor interés, energía y dedicación que tenga, puede afrontar de manera individual la problemática de una ciudad. 

Cada funcionario debe responder de manera eficiente y responsable sobre su área de trabajo; quien no lo haga debe ser sustituido sin contemplaciones. Aquellos a quienes mis críticas irritan deberían más bien considerarme un aliado, que desde mi posición planteo los problemas para darlos a conocer y lograr su solución. 

Casco histórico: A pesar de las múltiples promesas y del inmenso valor estratégico que este hermoso lugar posee para convertirse en bastión del desarrollo turístico del municipio, el mismo sigue en pavoroso estado de abandono. 

El logro más significativo de la actual gestión es la creación de la Policía Municipal y la decisión de ubicar su sede en la zona colonial, lo cual ha garantizado seguridad. Sin embargo, el ornato y el barrido de las calles dejan mucho que desear; a eso se añade la actitud poco cívica de muchos visitantes de depositar sus necesidades fisiológicas en las calles. 

Las áreas verdes son un espectáculo deprimente, especialmente la plaza Flores, Salom, parque infantil y Malecón, con sus recién plantadas palmeras a punto de fallecer. 

Cuídense y quieran a Puerto Cabello.

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