Entre golpes, maniobras y trapisondas

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El llamado manifiesto para la transición que gesta la derecha artera, es una reedición del tristemente célebre y antidemocrático decreto de Carmona el breve, donde en un ejercicio de fascismo puro, disolvían todos los poderes surgidos de la voluntad popular al tiempo que, mostraba el rostro siniestro de la ultraderecha bárbara y autoritaria. Afortunadamente el bravo pueblo supo ponerlos en su lugar. 

Los protagonistas son los mismos grupúsculos radicales de la oposición que reciben órdenes y dinero de los señores del norte. Son mandaderos que se asemejan a los mercenarios que pululan en Afganistán, Siria, Irak y que aparecen en cuanto conflicto surja en la geografía planetaria. Ahora en Venezuela, nuevamente vuelven a las andanzas,  recibiendo el modoso calificativo de contratistas, como si escondiendo el oficio pretenden también ocultar el nefasto oficio de agentes imperiales. Sin patria y sin Dios. 

Resulta que la Constitución Nacional vigente, la que nos legó en 1999 el Comandante Eterno, señala que la única vía para efectuar cambios es, la vía electoral. El recurso a la elección, bien sea presidencial, parlamentaria o municipal, debe hacerse por medios democráticos y respetando los lapsos que establece la Carta Magna. Pues bien, la artimaña derechista pretende desconocer la Constitución Bolivariana, recurriendo a un término que no existe como lo es la transición. Es el mismo lenguaje sinuoso e hipocritón de un legalismo con las patas cortas, que quiere aparecer ante los ojos mediáticos del universo como la tabla de salvación, para salir del régimen de Maduro y del comunismo chavista. Esta campaña feroz que descalifica y asesina a  dirigentes revolucionarios y a los procesos sociales que surge en América Latina, la encabezan los monopolios comunicacionales los cuales,  llevan años ablandando las mentes de la clase media local y foránea. Están convencidos que pueden pasar a la fase del golpismo disfrazado y tener éxito. 

Un detalle  que no los deja coronarse es, que ignoran y menosprecian los poderes populares, las organizaciones comunitarias y los centros de atención que existen a todo lo largo de nuestro territorio nacional y que benefician a millones de nuestros compatriotas.  Ya les pasó en abril de 2002 cuando recurrieron al golpe clásico que depuso al Presidente Chávez durante cuarenta y ocho horas. Fracasaron con estruendo. En diciembre de ese mismo año volvieron a intentar otra arremetida, esta vez, asaltando la industria petrolera, cerrando pozos, dañando refinerías, paralizando los  centros de producción y de transporte, hambreando al venezolano y nuevamente el Pueblo Soberano,  en un acto de civismo, los puso en su lugar y asumió Pdvsa derrotándolos una vez más. Pero, como el loro viejo no aprende, ahora vuelven con la misma cancioncita del golpe enmascarado y que en su lenguaje fariseo, lo llaman transición.

El intento de golpe viene encarpetado en el mentado documento de la transición, el cual no merece una relectura ya que está escrito con la torpeza y la desesperación de quienes se saben perdidos en el campo electoral y, están conscientes que no tienen nada que buscar en el ejercicio democrático del voto. No se sienten  capaces de enfrentar un proceso electoral.  No esperan el conteo del venidero y de orden legislativo, porque nuevamente harán el papelón del siglo. Prefieren acariciar una vez más, el fantasma del golpe oculto. Saben que las estadísticas electorales son implacables: diez y ocho elecciones ganadas por Chávez y por el Pueblo, desde aquel histórico 6 de diciembre de 1998 cuando a pesar de las triquiñuelas y trapisondas del binomio AD-Copei, el Pueblo de Venezuela confió su voto al ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías y, así lo hizo durante estos años. 

Hoy siguen depositando su fe en el compañero Nicolás Maduro honrando así el legado de nuestro líder. Nuestra respuesta es la misma de siempre: unidad, movilización permanente y denuncia sistemática de las maniobras y asechanzas del enemigo. Alerta siempre, porque detrás está la mano ladina de la maquinaria norteña que sin tapujos ya anunció su intención: estamos dispuestos a torcer el brazo de quienes se opongan. Obama dixit. Más claro no canta un gallo. Somos David contra Goliat y como el personaje bíblico, contamos con una sola piedra: el Pueblo y unidos a él, así venceremos.

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