Luchando contra el embarazo adolescente (2373866)

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Según datos de la ONU, para el periodo 1999-2012 la tasa de embarazo en mujeres venezolanas entre los 15 y 19 años fue de 101 (tasa calculada por cada 1.000 mujeres en ese rango de edad). En los países desarrollados esta tasa es 21, para Latinoamérica y el Caribe se ubica en 76 y para todo el mundo es 50. Según el Banco Mundial, ocupamos el segundo lugar en todo el continente suramericano, solo superados por Guyana. El último informe disponible del Instituto Nacional de Estadística del 2012 reporta 619.530 nacimientos en Venezuela, de los cuales 7.452 (1,2%) provenían de menores de 15 años de edad y 136.039 de muchachas en el rango de 15 a 19 años (21,9%). Todo para un nefasto total de 23,1%. La evidencia científica muestra que las probabilidades de tener un embarazo adolescente aumentan significativamente si la madre pasó por lo mismo, y eso es lo que vemos a diario; la repetición de la misma historia, niñas que dejan el colegio para ser madres solteras, la abuela reviviendo la experiencia, el círculo de la pobreza manifestándose una y otra vez. Nada detiene esta fábrica de pobres y miseria.

¿Qué podemos hacer los ginecobstetras ante esto? Me preguntaba en el 2012, cuando tuve una conversación con Edgard Rodríguez, director médico del laboratorio MSD. Ambos discutimos evidencia científica que respaldaba los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración (implantes subdérmicos y dispositivos intrauterinos) como el método de elección para adolescentes. La realidad es que la adolescente tiene muchos problemas para tomar correctamente las pastillas o aplicarse inyecciones, eso no funciona, las tasas de embarazo no deseado y abandono de tratamiento son muy altas. En virtud de que el IVSS realizó una compra importante de implantes de 3 años de duración para sus hospitales, diseñamos un plan para colocar estos implantes en adolescentes a las 24 horas de dar a luz en el Hospital Carabobo. La experiencia que teníamos era que una vez egresada, la niña no acudía al servicio de planificación familiar, solo la volvíamos a ver embarazada nuevamente.

Antes de darle de alta, le daba una charla explicándole el método a ella y a su representante. Si no tenía contraindicaciones para recibir el tratamiento y ambas firmaban el consentimiento informado, se lo colocaba allí mismo. Se llenaba una ficha con todos sus datos para hacerle seguimiento, pero lo más importante era la consejería. Les explicaba muy bien los posibles efectos indeseables del medicamento, la importancia de acudir a consulta para el seguimiento, y la necesidad de que aprovecharan esta oportunidad para poner orden en sus vidas, que culminaran el bachillerato por sobre todas las cosas (les explicaba los datos del Banco Mundial que indican que solo con terminar el bachillerato reducían en 80% la probabilidad de que fueran pobres). No es lo mismo llegar a los 18 años con 1 hijo que con 3, les estábamos dando una oportunidad dentro de nuestras inmensas limitaciones. Llegamos a colocar casi 100 implantes mensuales por más de 3 meses. La tasa de abandono mundial para estos métodos es 10%, imaginen el impacto de que solo 10 de las 100 abandonen tratamiento, si extrapolamos esto a todo el sistema reduciríamos la tasa de embarazo adolescente y la mortalidad materna asociada.

A los ginecobstetras les pido que implementen esto en sus centros, y que lo extendamos a las comunidades para evitar que las que ya iniciaron vida sexual se embaracen. Quizás no sea la solución ideal pero es un comienzo.

http://rubendarioperalta.blogspot.com @rubendperalta

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