Propiedad intelectual al servicio de la innovación

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En la actualidad la innovación -y por ende las maneras de protegerlas- juegan un papel de alta importancia en el proceso dinámico del progreso económico.

En el año 1942 el economista austríaco Joseph Schumpeter publicó su libro Capitalismo, socialismo y democracia, la importancia de la innovación como elemento esencial del crecimiento económico.

Para Schumpeter el capitalismo era en sí un proceso dinámico; su naturaleza -por su misma lógica- es un método de cambio económico: nunca puede ser estacionario. La “destrucción creativa” es el hecho esencial del sistema económico, teniendo al centro como protagonista al innovador: persona o empresa. Pero: ¿Qué es la destrucción creativa o creadora? Muchos lo califican como el proceso mediante el cual el innovador crea nuevos productos, nuevos mercados o nuevos modelos de negocios hasta desaparecer los ya existentes. 

Tal y como el aceite lubrica el motor para su correcto funcionamiento, la propiedad intelectual como elemento de protección (patentes, marcas, derechos de autor, etc.) facilita el proceso de innovación. 

En palabras del Premio Nobel de Economía Ronald Coase (1960): cuando los derechos de propiedad quedan establecidos, la intervención pública deja de ser necesaria para tratar el problema de las externalidades. Coase ratifica la importancia de los derechos de propiedad, como manera de reducir las externalidades negativas (apropiación indebida de la invención), e indica una solución permanente en el tiempo que supera la mera intervención estatal (de un gobierno en particular) y disminuye el costo social de la ausencia del progreso. 

Una robusta legislación sobre propiedad intelectual por medio de marcas, derechos de autor y patentes garantiza obtener el reconocimiento o ganancia por las invenciones o creaciones. La propiedad intelectual sirve de conducto o incentivo, que equilibra intereses particulares e intereses públicos fomentando un clima necesario para la aparición de la innovación y la creatividad. 

Sin una legislación adecuada sobre propiedad intelectual, no se garantiza la sustentabilidad en el tiempo de los procesos de “destrucción creativa”, y por ende de la innovación. Dicho de otra manera, una pobre legislación sobre propiedad intelectual no genera incentivos a la generación de cambios: reduce  la creatividad o innovación a una función social que perdería importancia. [..,] la innovación en sí misma [sería] reducida a una rutina. (Joseph Schumpeter, 1942).  

El hecho económico y dinamizador de la toma de decisiones dentro de las organizaciones para generar cambios en las realidades productivas de una empresa (mantenerse en el mercado, generar nuevos productos, entre otros) sería inexistente sin una robusta legislación sobre propiedad intelectual. Los incentivos al progreso condenados al fracaso. 

En la actualidad se habla mucho sobre apropiación social del conocimiento, catalogando de opuesta a los procesos de registros de marcas, patente o derechos de autor. Sería una visión reducida de la misma. La legislación sobre propiedad intelectual y la apropiación social del conocimiento no son diametralmente opuestas. No son antagónicas. La propiedad intelectual facilita la innovación en el proceso social. 

La apropiación social del conocimiento le da enfoque a la innovación. Reconoce la necesidad de la participación social en el proceso de innovación. Hace posible encauzar cual río los verdaderos requerimientos de las comunidades en innovación y desarrollo. Hay una metáfora que explica mejor este hecho y puede ayudar a explicarlo:  

 “Nadie mejor que aquel que usa  los  zapatos  para  saber  dónde  le  hacen  daño;  sin embargo, es el zapatero experto el que sabe cómo arreglarlos” (Dewey, 1927, p. 364).

Existe una simbiosis entre propiedad intelectual (marco regulatorio) que garantiza la innovación (dinamismo de la economía) y la apropiación social del conocimiento (sujeto) que les da enfoque a las verdaderas necesidades y requerimientos de la comunidad. 

En conclusión, la propiedad intelectual reviste una importancia significativa como agente que posibilita  la gobernanza económica, posibilita la innovación, aumenta el bienestar y genera progreso social en las comunidades. 

 

José Gregorio Pinto.

Docente Universidad de Carabobo.

Coordinador de Relaciones 

Oficiales de Affinia Venezuela, C.A.

[email protected]  

0424-4302348. 

@josegregorio03

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