Solano grabó su nombre en un fortín (II)

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Para crear un sentido de pertenencia, tratamos a través de estas crónicas de dar a conocer personajes trascendentes del acontecer porteño. Dejamos claramente establecido el nombre del fundador de la ciudad, en el lejano septiembre del año 1733: don Pedro de Olavarriaga… Delineamos el perfil del primer urbanista de la urbe, don Juan Amador Courten… El primer héroe porteño, constructor también de la factoría fortificada, lo fue en nuestras líneas don Baltazar Gayangos Láscaris… Y por último, hemos insistido en don José Solano y Bote, que amó  a esta ciudad como ninguno, y que dejó su impronta  en la piedra dura de un fortín.

   El Fortín Solano fue construido en piedra dura de cantera, para retar el tiempo… No habrá instrumento de su época, ni compañía de zapadores, ni pólvora capaz de efectuar su voladura. Aunque la leyenda de su inexpugnabilidad no tenga base histórica  (sería tomado a viva fuerza en dos oportunidades por el ejército patriota), resistió todas las guerras,  incluyendo un bombardeo reciente. Se calculó alguna vez en dieciocho leguas de extensión el territorio bajo su control visual, ya que desde un sitio tan estratégico se domina el mar entre Punta de Patanemo y Tucacas, los extremos costaneros de los valles de Borburata y Santa Lucía, el valle Seco y el de San Esteban, y muchos kilómetros de playas y tierras planas hacia el Poniente.

   La obra fue ejecutada a partir de 1778, en base a planos elaborados por el brigadier Agustín  Crame, el más importante ingeniero militar que España enviara a estos territorios: el plano fue firmado en Caracas el 15 de mayo de ese mismo año.

   La obra presenta la estructura triangular que ideara el autor del proyecto: cuatro bóvedas, plataforma superior, aljibe central, camino cubierto por el flanco Sur. Nunca fue terminada su ejecución… El gobernador don Pedro Carbonell suspendió los trabajos por su elevado costo. Cuando el barón Alejandro de Humboldt visitó la ciudad (febrero del año 1800) la obra estaba paralizada…  Los fuegos del fortín jamás sirvieron para atacar buques en bahía, ni defender la ciudad de piratas, que sólo existieron con respecto a Puerto Cabello, en la mente de algunos historiadores piratas. Sí se protegió un río, y  un camino vital para los planes defensivos de la urbe fortificada.

   Entonces don José Solano dejó su nombre convertido en piedra  de fortín atalayero. Su ciclo vital continuará más allá de la Capitanía donde una vez representara al rey. En 1771 será promovido a la Gobernación de Santo Domingo. Regresará a España, y estará de nuevo en América, esta vez en su parte norteña, en la reconquista de la Florida (año 1781) y la toma de Penzacola. Carlos III premiará valor y lealtad con su ascenso a Teniente General, y la concesión del marquesado del Socorro. Ya octogenario, al mando de las fuerzas navales de la Corona, recibirá el encargo de derrotar de nuevo a los ingleses. Al morir el viejo Capitán de la Mar, tenía en su haber sesenta y cuatro años de servicios continuos a su España y su rey.
 

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