Cómo actuar si tu hijo convulsiona por fiebre

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Redacción Internacional, 14 febrero 2014.- Suelen durar unos pocos minutos, menos de cinco la mayoría de las veces… pero este tiempo a un padre le puede parecer una eternidad. «Ciertamente, cuando un padre o una madre ven a su hijo convulsionando por primera vez, pueden llegar a pensar que este "se va a morir", que se está quedando ciego, o cualquier otra barbaridad», asegura María Jesús Pascual Marcos, del servicio de pediatría delHospital Nisa Pardo de Aravaca. Una convulsión, y más si es en un bebé, corrobora el pediatra José María Paricio (autor del exitoso libro«Tú eres la mejor madre del mundo»), «es algo para un padre difícil de asumir. De hecho, es una de las peores experiencias que existen par los padres y familiares, pues piensan que su hijo se está muriendo o se va a quedar muy mal, con epilepsia o peor». Afortunadamente, prosigue este experto, «estos episodios son más aparatosos que peligrosos: ni fallecen ni padecen epilepsia ni sufren daño cerebral por haber tenido convulsiones febriles».

Los síntomas son espectaculares. Tal y como se describen en el libro de Paricio, suelen provocar en el niño que tiene fiebre un ataque de movimientos anormales, bruscos, y convulsivos. El pequeño pierde el conocimiento repentinamente, desvía o fija la mirada y presenta movimientos bruscos de las extremidades, y mucha rigidez del tronco, aunque a veces pueda producirse lo contrario, quedarse desmadejado sin fuerza. La cara se pone pálida o azulada, hay mucha salivación, y respiración muy ruidosa. Cuando ceden, dejan al niño dormido, hasta que finalmente recupera el conocimiento, permaneciendo aturdidos por un rato más.

¿Cuando se producen? Las convulsiones se presentan alrededor de uno de cada diez niños de entre 9 meses y cinco años de edad, aunque son más frecuentes entre 1 y 3 años, con una incidencia 2-5%, levemente superior en varones, y se producen en las primeras 24h del inicio de la fiebre.. ¿Y por qué se producen? «Es una respuesta del sistema nervioso inmaduro del niño predispuesto ante la fiebre ocasionada por procesos infecciosos banales, la rápida subida o la bajada de la fiebre pueden desencadenar una convulsión, y no es infrecuente que a veces sea la convulsión la primera manifestación de la fiebre», explica Pascual Marcos, también autora del blog Niños que es lo mío. Además, añade esta pediatra, «pueden repetir durante las primeras 24 horas del proceso febril, o repetirse en algunas ocasiones en otros procesos febriles, sin que podamos prevenirlas de ninguna manera».

¿Qué podemos hacer los padres?

¿Hay algo que si que podamos hacer los padres? «Lo primero es saber que, a pesar de la espectacularidad del cuadro, las convulsiones febriles son benignas, y que no producen ninguna secuela neurológica ni ponen en peligro la vida del niño. Tampoco tienen más riesgo de desarrollar una epilepsia. El niño que sufre de convulsiones febriles es un niño normal, con una vida normal y el tratamiento de sus procesos febriles y su calendario vacunal, debe ser el mismo que para cualquier otro niño», explica Pascual Marcos.

Es conveniente también seguir estas indicaciones que nos brindan ambos expertos:

—Mantener la calma (es difícil, pero no imposible). Las convulsiones febriles son el trastorno convulsivo más frecuente en la edad pediátrica.

—Poner al niño de lado para facilitarle que respire mejor, retirarle si tiene algo en la boca, pero no introducirle nada porque no se tragan la lengua.

—Mantenerlo alejado de objetos con los que pueda golpearse. Evitar que se dañe.

—Desnudarle e incluso ponerle paños de agua templada por el cuerpo para bajar la temperatura con mayor rapidez.

—Si tenéis supositorios de paracetamol, ponerle uno. No le deis nada por la boca, pues se puede atragantar al estar sin conocimiento.

—Esperar para ver si la convulsión cede en menos de cinco minutos, pero id preparando todo para llevarlo al servicio de urgencias más cercano. Si no cede en menos de cinco minutos, llevadlo mientras convulsiona. Se precisan al menos dos personas para llevarlo, una para conducir y otra para sujetarlo de lado mientras esté con la convulsión o adormilado. Salvo si vivís muy cerca de un centro de salud u hospital, es mejor llamar al número de emergencias (el 112 en la UE y en muchos otros países del mundo).

—Si llega en plena convulsión al centro de urgencias, se la pararán con medicamentos, generalmente con un sedante introducido por el recto. Si no cede, será necesario canalizarle una vena para ponerle más medicamentos.

—Si al llegar no convulsiona, lo que es muy frecuente, pues suelen ceder en casa o por le camino, le bajarán la fiebre y lo examinarán para ver qué la produce. Si la enfermedad que se la causa no es grave, lo tendrán un rato en observación hasta que baje algo la fiebre. Generalmente no necesitan ingresar en un hospital.

—Si el niño ha tenido convulsiones con anterioridad, o vivís lejos de un centro hospitalario, lo normal es que os suministren una cánula para poner por el recto en casa, que frenará la convulsión si se repite.

—Saber que, aunque es aconsejable ser valorado por el pediatraen el primer episodio, la mayoría de las veces no requiere hacer exploraciones complementarias. En los casos en que la convulsión sea atípica, porque se produzca en niños más mayores ó excesivamente pequeños, dure más de 15 minutos, los movimientos sean de un brazo, ó una pierna, ó se produzcan después de las primeras 24h de la fiebre, se acompañen de decaimiento excesivo, vómitos, manchas en la piel ó intenso dolor de cabeza entre otros , será obligado descartar que exista alguna patología más grave como causa de la convulsión. Existen otras causas, más importantes, por las que un niño puede convulsionar, secundarias a una infección del sistema nervioso central (graves), alteraciones hidroelectrolíticas , patología de base (epilepsia) ó tras traumatismos (lesión intracraneal) y son estas las que debemos descartar cuando se produce una convulsión.

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