Cómo recomponer al país (Parte IV)

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Rafael Caldera en diversas ocasiones durante su gobierno al reflexionar sobre lo que había venido aconteciendo frente a la historia se refería al “mito de Sísifo” de Augusto Mijares. Señalaba con preocupación el que pareciera que tantas veces hemos comenzado y recomenzado nuestra historia y resulta que lo que tenemos que hacer es llevar la continuidad del proceso cambiando, reformando, transformando, renovando, pero logrando conservar lo que ha se logrado con tanto sacrificio y con tantos esfuerzos. Era el planteamiento de un estadista consciente del devenir histórico.

Al asumir La Agenda Venezuela el expresidente Caldera dice ante el congreso la célebre frase “Solo Dios sabe lo que esto me cuesta”. El tener que aceptar que la globalización se imponía en el mundo y que las teorías y planeamientos que mantuvo durante años de vida publica debían ser cambiados por la cruda realidad que le marcaba la hora, hacen reflexión de lo que debe hacer un mandatario ante los intereses de un país. La situación a finales de los 90 fue difícil en todos los ámbitos, el rentismo petróleo siguió dominando el presupuesto nacional y las medidas fiscales funcionaron para tratar de controlar la inflación en un país cuya inestabilidad política hacia pensar que el barco haría aguas antes de llegar a puerto.

La situación política durante esos años venia concientizando de tal manera que muchos consideraban que el pueblo estaba maduro para aceptar cambios institucionales y reformas importantes que permitiera el crecimiento económico, e incluso la participación ciudadana en los procesos políticos restándole primacía a los partidos políticos. Estas reformas no se hicieron, quedando en la Copre todos esos proyectos, por falta de voluntad política para acometerlos. El país comenzó un proceso de cambio que muchos de sus actores públicos parecían no comprender, al parecer no supieron interpretar la realidad de los acontecimientos y hechos que venían ocurriendo. La anti política ya estaba abriéndose camino, cuya victoria celebrarían sus seguidores el 6 de Diciembre de 1998.

Los partidos tradicionales se equivocaron al interpretar el resultado de las elecciones en 1993. No le dieron importancia al crecimiento del movimiento popular que interpreto Andrés Velázquez con su organización Causa Radical ni al voto anti sistema que este contenía. La elección de Caldera la subestimaron, la conceptualizaron como producto de la situación devenida del 4 de Febrero, el populismo y la figura Patriarcal de Caldera en Venezuela y no como como producto de un proceso antibipartidismo. Tales visiones llevo a los partidos AD y Copei a considerar que en las siguientes elecciones del 98 nuevamente la gente votaría masivamente por ellos, porque lo que se imponía era la maquinaria y las encuestas. Estas dos acepciones llevaron a inducir la elección de los candidatos de AD y Copei, el primero designado en base al control de la maquinaria y el segundo en base a el liderato de las encuestas, desechando candidaturas de líderes consolidados como la de Claudio Fermín y Eduardo Fernández, para proclamar a Alfaro Ucero y a Irene Sáenz.

La escena política domino la económica, la gente simplemente deseaba un cambio en lo político, no le dieron la importancia al cambio del modelo económico, simplemente esperaban la culminación del gobierno de Caldera, el cual por lo demás no tenía heredero alguno que asumiera su beneficio o costo político. Es la primera vez que un gobierno en Venezuela no tuvo candidato. La escena poco a poco fue dominada por factores de la antipolitica, a tal punto que los partidos y el sistema encallejonaron a los electores al no darles más salida que escoger entre un godo autoritario y un plebeyo autoritario. Ya el tiempo de los godos se había acabado en Venezuela. Aunque aún siguiéramos con el modelo económico

Continuaremos

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@miguelparrag

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