Conformidad, socialismo y luz eléctrica

Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Hay una convicción en algunos sectores de que nuestras carencias, por ejemplo, de servicio adecuado de luz eléctrica, se deben a un problema de derroche. Que gastamos demasiada electricidad, que no le damos buen uso al servicio que tenemos y es por eso que tenemos apagones tan repetidos. En el fondo se trata de la vieja culpa, combinada con una falta de perspectiva y de conocimiento de nuestra historia en materia de servicios, tanto como de las posibilidades  que tienen ciudades de más de un millón de habitantes, como son las cinco mayores de Venezuela, de tener abundancia y prosperidad con el uso correcto de la iluminación para servicios, educación y negocios.

Muchas veces la culpa interfiere con las apreciaciones correctas en la vida acerca de nuestros deberes y derechos. Y nos parece que no tenemos algo porque no  lo merecemos o no hacemos bastante para lograrlo. La costumbre del régimen que nos gobierna ha sido siempre apelar a profundos sentimientos de minusvalía, para conformarnos con lo que nos da, acostumbrarnos a rogar y a agradecer por lo poco que se nos retribuye y hacer que en vez de convertirnos en ciudadanos de una gran urbe, iluminada, bulliciosa, llena de vida y posibilidades de trabajo a todas horas del día, nos conformemos con el proyecto de esparcir una capa de pobreza pareja sobre toda la población para que todos nos sintamos "bien", siendo virtuosamente pobres y revolucionarios. En ese cuadro mental entran las  grandes ciudades apagadas del socialismo como La Habana y algunas asiáticas, porque ya las europeas del este se recuperan a todo dar de su invierno socialista.

Por eso se obliga a apagar y emparejar los letreros de los comercios, por eso no  se invierte en la revitalización de la ciudad y sus servicios, sino cuando hay una crisis: Una inundación, una epidemia, una paralización del transporte público. Molesta la brillantez y el lujo. En el caso venezolano, además incide otra vertiente: La robadera. Los recursos que se podrían haber utilizado en las nuevas vías, la iluminación, la limpieza de las torrenteras, la fumigación  y la pintura de Caracas se han usado a gotas y se publicitan nada más pequeñas goticas de trabajo hacia el centro de la ciudad, donde no se ha podido erradicar al malandraje ni a la oscuridad después de las ocho y media de la noche, por lo cual los maquillajes a las rutas que rodean la plaza Bolívar y los viejos teatros, el viejo centro, no tapan la peligrosidad de las paradas de autobús, las bocas del metro y las rutas hacia los barrios y urbanizaciones. 

Cuando vemos lo que pasa en toda la nación, nos damos cuenta de lo peligroso que ha sido dejar que se cayeran los planes hidroeléctricos de la "cuarta" república, como identifican a la Venezuela que se planteó iluminada y moderna a principios de los sesenta. Incluso se intenta tapar estos hechos, tratando de culpar a agentes externos, desde las iguanas y zamuros saboteadores hasta los planes "diabólicos" e insurreccionales de la oposición, porque el verdadero plan y el descuido son impresentables desde el punto de vista mediático.

Lo cierto señores es que nosotros no derrochamos o por lo menos no lo hacemos en medidas fuera de lo que se supone que hacen los habitantes de las grandes ciudades: Hacer fiestas, pagar internet, tener las calles llenas de luces, tener negocios que abran las veinticuatro horas (incluyendo librerías, tiendas de todo tipo, cines, espectáculos) que son la base del brillo, la atracción turística y el dinero que rodea a otras grandes ciudades del mundo y sus habitantes. Nosotros vamos para atrás. Caracas ahora es una ciudad oscura, donde todo el mundo después de las nueve de la noche busca refugio desesperadamente, donde en las urbanizaciones se encierran los vecinos bajo siete llaves, los policías no salen de las comisarías salvo honrosas excepciones y campean libres los malandros, donde nadie abre un negocio a las siete de la noche, a menos que sea un bar o una farmacia, y ya hay cada vez menos, porque la nueva hora de cierre son las cinco y media de la tarde.

Los apagones, que han estado a la orden del día en este Gobierno, son un recordatorio de lo pésimo administrador que es. No mantiene, ni invierte, ni cuida. Nosotros somos las víctimas de un condominio que deja la casa sin pintar, que no recoge la basura ni llama a los fumigadores. Encima, se molesta porque tenemos la luz prendida hasta tarde, ya que en las casas normales no solamente se ve televisión o se conversa con la luz prendida, sino que se hacen tareas, se trabaja, se lee, se hace ejercicio. La energía eléctrica, al nivel de los demás países desarrollados del mundo y su uso, entran dentro de los derechos básicos para poder acceder al entretenimiento; a servicios como el agua, porque  en los edificios enormes si no hay luz  no hay planta de agua; como la educación, ya que da paso a internet; a la comunicación, porque también permite el acceso a los medios de comunicación tradicionales y a las redes sociales. Y además, porque no es gratis, la pagamos con nuestros impuestos. Hay que rechazar la pobreza, no solamente la material sino la mental, aquella autoimpuesta que nos impide desarrollar todas nuestras potencialidades como país, aquella que admite, que nuestro único destino es cantar loas a un guía político y no darnos cuenta que todos nosotros tenemos potencialidades infinitas y que solo hace falta ponernos a trabajar para desarrollarlas, sin necesidad de ponernos en cola a bajar la cabeza y mover la colita. 

(*) Periodista; editora jefe de la corresponsalía de Notitarde en Caracas.
E-mail: [email protected]

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Compartir