Controles sin control

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Ya hace años que nos habíamos dado cuenta. Quitar las televisoras independientes del medio, quejarse de  las redes sociales, acabar con los programas de opinión independientes en las radios y si es posible, con las mismas radios, era una parte del escenario de un país donde nadie se entera de nada… sino de lo que el Gobierno quiere que te enteres. Por lo tanto, hay un control de lo que sabes, de lo que te sirve para andar por la vida con una percepción correcta y tuya del mundo, que es      la información.
Ese control tuvo mil formas desde antes del cierre de Rctv, que fue uno de los hitos del asunto. Me acuerdo de la primera vez que tras un discurso de Chávez en Bolívar, acabando de ganar las elecciones, a un corresponsal bajo mis órdenes en El Nacional se le ocurrió resumir el discurso (cosa común porque el hombre hablaba horas y horas, como recordarán y todo eso no cabe en una página de periódico) y hubo un zaperocazo, porque el ministro de entonces se quejó en el periódico por lo que era una práctica común, pero que sujetaba al presidente a los criterios del "resumen" de un periodista, cosa peligrosísima.
De allí en adelante, se desarrolló la historia gris de nuestras redacciones, a empujones y golpes, de los verbales y de los otros. Reporteros golpeados por colectivos, cámaras robadas, despedidos a granel cuando los medios cambian de manos; y lo último, que ahora hasta en los medios gubernamentales se incrementa el maltrato porque a los periodistas y a otros trabajadores relacionados con la comunicación, como los de la telefónica del Estado, los de empresas sensibles a la opinión pública, como los de Corpoelec o los de la petrolera, están siendo sometidos a regímenes de guardias de 24 x 24, a llamadas intempestivas a todas horas, detenciones si se considera que su trabajo puso en peligro al ministro porque les falló un encargo importante. Y las detenciones son en el Sebin, porque se les tilda de saboteadores, en vez de trabajadores que cometieron errores o sufrieron accidentes. Ser rojo rojito no es ahora ningún escudo contra la intemperancia verbal o el castigo laboral.
Mientras, avanzan las presiones hacia los medios que aún están en manos privadas con el tema del recorte de divisas para sus materias primas, como el papel. Y en los medios que han pasado a manos de dueños amigos del Gobierno o del Gobierno mismo, sube el control de la información sensible y por supuesto el de la opinión, con más despidos como el de la caricaturista Rayma en El Universal.
Así las cosas en términos informativos, como de todas maneras siguen produciéndose protestas callejeras ¡qué cosa!  el control sigue avanzando. Y ahí está la represión de las protestas que se intentan controlar con la detención de los que se consideran cabecillas y su retención ilegal en la policía política, así como los juicios sumarios que se desvanecen solo con presión internacional que muestre al régimen crónicamente como una dictadura. Y por eso, el incremento de compras de armas para control de la población, como las ballenas, los carros policiales, las bombas lacrimógenas y las captahuellas.
No hay, para el régimen, voluntad de mejorar la situación en la que nos encontramos: La escasez, el alza de precios y la inseguridad no son temas de los que pueda salir o quiera salir. Su manera de trabajar es simplemente seguir tomando el dinero que necesita para sostener tanto sus compromisos internacionales, como  el bienestar de sus cuadros altos (la intelligentzia chavista y/o militar) y hacer que los demás aguantemos callados en una semi miseria resignada, colectiva, adoradora de la migaja y cultivadora del pedigüeñismo. 
Por eso, se incrementan los mecanismos de control general: Las captahuellas para saber por dónde se mueve la población general, el cierre de fronteras, el control cambiario, la unificación de la banca, el modelo comunal, la propaganda masiva sobre las bondades del Gobierno y la exaltación de la figura del líder fundador, Hugo Chávez, que ahora está hasta en la sopa.
Viéndolo de lejos, que cuesta, pero se puede hacer, vemos un país en situación de deterioro de servicios públicos, capacidad adquisitiva, erosión de sus riquezas tradicionales en manos de una clase política enquistada, llena de inseguridad.
Y si no fuéramos venezolanos, simplemente, estaríamos a la expectativa, cruzando hasta apuestas sobre lo que va a pasar en un hervidero como ese, que ha pasado de ser un país rico y hasta botarate a la extrema necesidad en quince años. No venimos de ninguna guerra mundial, de una guerra civil ni de un período especial. Venimos del "ta' barato, dame dos". 
Con todos esos antecedentes, a mí me parece difícil pensar que todo va a ir bien para el control y por eso experimentamos este pleno descontrol. Se implementa un método tras otro a ver si terminan de funcionar y nos quedamos tranquilos, en la paz de los sepulcros para  la inteligencia y la protesta, pero todavía nada.

 

(*) Periodista; editora jefe de la corresponsalía de Notitarde en Caracas.
E-mail: [email protected]

 

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