La crisis, intacta

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Por más que el gobierno se esmere en cambiar la conversación y al efecto reciba desde dentro y desde fuera ayudas voluntarias o involuntarias, la realidad es que la crisis que sus políticas han engendrado avanza sobre nosotros los venezolanos. Las colas son el síntoma de la economía disfuncional que los aprendices de brujo han parido. Escasez, precios altos, especulación y el fenómeno de comprar para revender que llaman “bachaqueo” para disgusto de la gente en el laborioso municipio petrolero zuliano, existen gracias a lo que se ha dicho, hecho y dejado de hacer en estos años de fantasía y desenfreno. 

Cuando nos faltan divisas para importar lo que es necesario porque las dilapidaron, el arbitraje condena al gobierno venezolano a pagar 455 millones de dólares a Owen-Illinois por las plantas que le quitaron. La propaganda dirá que es un acto de guerra, tratando de esconder así lo que fue un paso irreflexivo sin provecho para el país. Lo mismo dirán de la vergüenza internacional que nos hacen pasar porque el Banco d’Andorra es intervenido por lavado de dinero de la corrupción rusa y venezolana, sórdidos episodios de esta historia de abusos que ya querrán cubrir con la bandera. 

Hacer de Venezuela una sociedad democrática donde todos podamos vivir y progresar en paz es nuestra responsabilidad como venezolanos. Intransferible. Indelegable. Se nos quiere convencer de que este desastre no tiene remedio y que somos impotentes ante la arrogancia de los enchufados. Y no es así. Tenemos una fuerza considerable que usada con inteligencia y perseverancia dará resultados. El camino está en la Constitución, un espacio donde los venezolanos podemos encontrarnos. Ella nos ofrece este año una oportunidad clara en la elección de la Asamblea Nacional. 

El desmadre económico y la corrupción están así porque la Asamblea Nacional lo ha permitido. Presupuestos y créditos adicionales aprobados automáticamente, endeudamiento aceptado sin chistar, compromisos internacionales onerosos admitidos sin pedir explicaciones ni examinar su justificación. El Parlamento no ha exigido cuentas y no ha cumplido con sus elementales deberes constitucionales de representarnos a todos, legislar para todos y controlar la administración en nombre de los intereses de todos.

La mayoría oficialista ha inutilizado la Asamblea Nacional, esa herramienta constitucional con la que deben contar los venezolanos. Recuperémosla para hacerla útil.
 

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